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“Con millo o sin millo, usted viaja a La Palma”

El capitán Eliseo López y el vapor ‘Viera y Clavijo’ protagonizan este relato que tuvo como escenario el puerto de Santa Cruz de Tenerife...

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El capitán Eliseo López y el vapor ‘Viera y Clavijo’ protagonizan este relato en una acción que en la edición papel titulamos “…pequeña historia de un gran corazón” y tuvo como escenario el puerto de Santa Cruz de Tenerife a principios de los años 60. Entrega nº 16 de la serie “Yo fui en el correíllo”. [En PELLAGOFIO nº 40 (1ª época, abril 2008)].

Por JUAN ADOLFO ÁLVAREZ MARRERO
Su padre era muy amigo del conocido capitán don Eliseo López

Corría el año 1962, o tal vez era 1963. En el muelle de Santa Cruz de Tenerife hacía una tarde soleada de primavera y yo era un estudiante de Las Palmas que hacía Perito Agrícola en La Laguna. Subí a bordo del correíllo Viera y Clavijo. Se encontraba el buque atracado y preparándose para zarpar unas horas después; yo acompañaba a mi padre (marino civil y marino de guerra) que iba a saludar a su gran amigo Eliseo López, el capitán, hombre muy popular en aquellos tiempos y al que muchos estudiantes universitarios y de escuelas técnicas le deben un grato recuerdo, y, quizás, hasta un busto en el campus (“Soy hijo de fulano” le decían; “venga pasa”, contestaba, dejando que viajaran sin billete. También era frecuente otra forma de acceder al barco, sin billete, entre los estudiantes: cuatro o cinco compraban el pasaje para uno, que subía a bordo y lanzaba el preciado boleto al muelle, donde otro del grupo lo recogía y así sucesivamente, hasta que todos embarcaban de regreso a casa en Las Palmas, o de camino a Santa Cruz para volver a las clases en La Laguna).

Al capitán Eliseo le deben muchos estudiantes universitarios y de escuelas técnicas un grato recuerdo, y, quizás, hasta un busto en el campus (“Soy hijo de fulano” le decían; “venga pasa”, contestaba)

El encuentro con el capitán de aquella tarde soleada había sido casual. Paseaba con mi padre por el muelle cuando vimos el correíllo. Papá decidió entonces subir a charlar con su buen amigo y yo me quedé en el puente noveleriando (yo no tenía sino 22 ó 23 años).

El millo se desparramaba por el suelo
A proa del Viera y Clavijo había un carguero, igualmente atracado, que descargaba millo a granel. Mientras transcurría aquella operación no dejaban de caer pequeñas cantidades de millo que se desparramaban por el suelo. Esa circunstancia era aprovechada por un hombre de avanzada edad, con aspecto de vagabundo (muy mal trajeado y descalzo), que lo iba recogiendo y guardando en un enorme cartucho de papel.

Cuando llenó el cartucho, aquel hombre se dirigió a la escala del correíllo con intención de entrar por la pasarela. El marinero de guardia se lo impidió y comenzaron a intercambiar palabras, cada cual insistiendo en sus propósitos. En eso, Eliseo López sale a cubierta con mi padre y observa la escena. De inmediato baja hasta la escala y le pregunta al vagabundo qué desea: aquel hombre de aspecto desaliñado le dice que es de La Palma, que quiere volver a su isla y que como pago por su billete ofrecía un cartucho lleno de millo, ya que era tan pobre que no tenía ni para un pasaje de tercera.

Eliseo López, viendo la necesidad de aquel señor, rechazó coger el cartucho lleno de millo: “¡Amigo, con millo o sin millo, esta noche viaja usted a La Palma!”, le dijo con voz clara. Un gran corazón el de este gran canariote, don Eliseo López Orduña.

El vapor correo (en este caso ‘La Palma’, buque gemelo del ‘Viera y Clavijo’) en el muelle de Santa Cruz de La Palma, en los años 40. Al fondo, la desaparecida Casa de la Luz y su chimenea./ FOTO CEDIDA POR JOSÉ AYUT
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