Home»Atlántico»Yo fui en el correíllo»Correíllo ‘La Palma’, el barco resucitado

Correíllo ‘La Palma’, el barco resucitado

José Luis Camacho, que fue alumno de Máquinas en el ‘Viera y Clavijo’ como oficial en prácticas (1966-1967), es director técnico para la rehabilitación...

0
Compartido
Pinterest Google+

José Luis Camacho, que fue alumno de Máquinas en el ‘Viera y Clavijo’ como oficial en prácticas (1966-1967), es director técnico para la rehabilitación de su gemelo el correíllo ‘La Palma’, de cuyos trabajos escribe en este artículo poco tiempo antes de la botadura tras la restauración de su casco en un astillero de Santa Cruz de Tenerife (entrega nº 11 de la serie “Yo fui en el correíllo”). [En PELLAGOFIO nº 35 (1ª época, noviembre 2007)].

Por JOSÉ LUIS SERRANO CAMACHO
Director técnico para la rehabilitación del correíllo ‘La Palma’

Existe en mí una contradicción y voy a tratar de explicarla. Yo era muy joven, unos 20 años, y me fui a navegar a un barco muy viejo, uno de los correíllos negros. Digo muy viejo porque en aquella época el barco podía tener mas de 60 años, cosa que no es común en un buque puesto que su vida media puede estar en 30 ó 35 años como mucho (después de esa edad un buque no suele ser rentable y se desguaza). Y digo contradicción porque ahora sucede lo contrario, el barco, otro correíllo negro, es muy joven y yo soy relativamente viejo.

Yo había estudiado Náutica y fui a hacer mis prácticas de vapor a uno de los pocos barcos de vapor que quedaban en esa época. Casi toda la flota mundial estaba propulsada ya con motores diesel; anteriormente lo habían sido con máquinas alternativas de vapor y se empezaba a imponer la propulsión con turbinas de vapor. Los alumnos de Máquinas teníamos que cumplir 300 días de mar (200 en motor y 100 en vapor). Días de 24 horas, lo que significa que para hacer esos 300 días de prácticas solíamos tardar unos dos años.

Vicisitudes de un veterano
Voy a explicar por qué se ha hecho el barco muy joven. Después de estar en servicio activo unos 65 años, fue subastado y lo compró la familia Flick para ponerlo como pontona en el muelle deportivo de Las Palmas, allí estuvo unos 11 años. Después fue comprado por el Cabildo de Tenerife con la finalidad de ponerlo en seco en alguna plaza de la capital como elemento decorativo y que albergara un museo; no teniendo éxito la idea quedó totalmente abandonado y en seco en los Astilleros de Tenerife. Allí estuvo deteriorándose otros 17 años. Por esa época una serie de personas inquietas y amantes de los barcos se movilizó, llamando la atención de las autoridades responsables del barco y planteándoles una solución al abandono en que estaba sumido el buque, que ya estaba próximo a cumplir 100 años.

Una vez en el agua habrá que seguir la restauración que, dependiendo de la financiación pública y privada que vayamos consiguiendo, se irá llevando a cabo

El Cabildo de Tenerife creyó en la idea que se le proponía y aportó fondos para el comienzo de la obra de restauración. Se creó una fundación para llevar a cabo dicha obra y la realidad es que ahora, en cuestión de días, el buque va a estar otra vez flotando, tan lozano como en su primera botadura en Escocia en el año 1912. Todas las planchas de acero del forro del casco, que estaban inservibles, han sido sustituidas por otras nuevas; su maquinaria ha sido restaurada y quedará funcionando como en sus mejores tiempos; la decoración se hará tomando como ejemplo la que tuvo en su primera época; la jarcia quedará como fue siempre y, en resumidas cuentas, el que vuelva a ver el barco pensará que está viendo visiones y que ha resucitado. Lógicamente, ha habido que cumplir con los requisitos legales actuales en cuestiones de seguridad y se le han instalado todos los medios técnicos necesarios para que sea un buque realmente seguro.

Un sistema que ha pasado a la historia
Una vez en el agua habrá que seguir la restauración que, dependiendo de la financiación pública y privada que vayamos consiguiendo, se irá llevando a cabo. Nuestra idea es que en dos años más el buque pueda estar listo para navegar. Hay que llamar la atención de que se trata de un buque propulsado por máquina alternativa de vapor, sistema que ya ha pasado a la historia: se cuentan con los dedos de una mano los que quedan en funcionamiento en el mundo. Esto permitirá a las generaciones venideras hacerse una idea de lo que fue la Marina Mercante en los siglos XIX y XX. Ellos sustituyeron a los barcos de vela que nos comunicaban entre las islas, dando un servicio rápido, seguro, confortable y puntual.

Mi actual contacto con el barco me retorna a mi juventud, viéndome yo recorrer de nuevo las capitales de las siete islas y los puertos de la entonces África Occidental Española. Vienen a mi mente cantidad de vivencias, personajes, formas de vida, costumbres, negocios, comunicaciones, compañeros de tripulación, temporales, calmas, el inicio de una carrera profesional y un largo etcétera de lo que voy a contar algo en un segundo artículo.

Anterior

Fettuccini con kombu

Siguiente artículo

El antoñito, por su boca es dientón

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *