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En cuatro tiendas rodeadas por una alambrada

El correíllo 'Viera y CLavijo' llega a Villa Cisneros con 37 deportados a bordo...

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El correíllo ‘Viera y CLavijo’ llega a Villa Cisneros con 37 deportados a bordo, detenidos en las primera horas del golpe militar del 18 de julio de 1936, habían pasado el mes de agosto en varias priciones flotantes fondeadas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Entrega nº 34 de la serie “Yo fui en el correíllo”. [En PELLAGOFIO nº 22 (2ª época, julio-agosto 2014)].

Por YURI MILLARES
Índice del relato, al pie de esta página

4.Los 37 deportados que habían sido detenidos en las primeras horas del 18 de julio de 1936 por los militares golpistas llegaron al fin, a bordo del Viera y Clavijo, a Villa Cisneros. Ocho debían seguir rumbo a La Güera, el resto se quedaba aquí. Entre ellos había dos concejales socialistas del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife (el poeta Pedro García Cabrera y el empleado de comercio Nicolás Mingorance), el alcalde de La Orotava Félix Sosa, el guardia municipal Balbino Millán, el inspector de Correos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife Adolfo Hernández, el piloto mercante Layo Rodríguez (hijo del diputado Luis Rodríguez, asesinado en Cádiz por los sublevados) y otros más (maestros, electricistas, funcionarios de Correos, aparejadores, camareros…) entre los que estaba el torrero José Rial Vázquez, funcionario del Estado y uno de los fundadores del PSOE en Canarias,que escribió un detallado relato de esta deportación y fuga bajo el seudónimo de José Sahareño.

El sol bate en las lonas y esta campana invertida proyecta un calor de horno. Preventivamente, hay quien ha traído unas botellas de agua de Firgas

En Villa Cisneros
Tras desembarcar los llevaron a su alojamiento en el fuerte militar de aquel enclave colonial español en África: “cuatro tiendas simétricas, rodeadas por una alambrada” en el patio del fuerte y custodiados por la tropa de la unidad indígena que servía en el ejército español. El primer día se les hizo eterno, temerosos de lo que les aguardaba. “Han pasado las horas de este día larguísimo. El sol bate en las lonas y esta campana invertida proyecta un calor de horno. Preventivamente, hay quien ha traído unas botellas de agua de Firgas, que se consumen rápidamente, y la sed se insinúa lenta y reptante”.

No los dejan asomarse a las ventanillas de tela ni a la puerta de las tiendas, en busca de aire. “Cuando alguno se atreve a ponerse en pie, un grito gutural, al que la boca del fusil pone un punto contundente, nos obliga a tendernos sobre las colchonetas”, relata.

Encuentran “un animal extraño tendido en el centro de la tienda, de carnes fofas y músculos blandos”: es un odre lleno de agua

Pero pronto podrían salir a “coger aire”: debían hacer trabajos forzados y a golpe de pico lo primero que hacen es abrir zanjas. ¿Para qué? Atemorizados, pronto descubren que es “sólo” para construir sus retretes entre las risas del sargento (“fino humorista como buen gallego”, escribe Rial). De regreso de su primera jornada encuentran “un animal extraño tendido en el centro de la tienda, de carnes fofas y músculos blandos”: es un odre lleno de agua, su suministro a partir de ahora, que se van a dedicar a construir una carretera en medio de la planicie de Río de Oro.

En su menú, escaso, no faltan las lentejas, que les sirven por la noche en un plato que los presos apodan el aeródromo “porque sobre cada lenteja –y perdonen la exageración– se nos figura que se posa una mosca”. También abundan las latas de sardinas, “remedio y alivio del ejército español en todas sus campañas”. Un día unos nativos les trajeron unos huevos de avestruz que vendían a peseta y se hicieron una enorme tortilla para ocho con uno solo de esos huevos.

Viven cada día con el temor a ser fusilados (así han sido amenazados, por ejemplo, si el barco leal a la República Méndez Núñez, que navega esas aguas, ataca Río de Oro). Pero el único barco que les visita en su ruta mensual, aunque sin fecha fija, es el Viera y Clavijo, con paquetes de comida que les envían sus familias, pero también con noticias angustiosas de la sangrienta represión en Canarias. Dos días en semana hace escala en el aeródromo el avión correo de Francia que se dirige a Dakar. “La fuga es el pensamiento fijo de todos nuestros días”, reconoce. ¿Pero cómo? Entre la tropa española observan gestos amistosos pero arriesgados de algunos soldados, que a escondidas de la mirada de la tropa mora, saludan con el puño levantado.

Entre la tropa española observan gestos amistosos pero arriesgados de algunos soldados, que a escondidas de la mirada de la tropa mora, saludan con el puño levantado

Durante una de las salidas del fuerte para realizar trabajos forzados les llegó la noticia de que el alférez recibió orden de aplicarles la “ley de fugas”, pero se negó si no se lo ordenaban por escrito. También les llegaron noticias de que se había dado orden de fusilarlos en cuanto regresara la tropa indígena que estaba de misión en el desierto. Pero no pudieron confirmarlo. En cualquier caso, planear la fuga parecía cada vez más una necesidad si querían salir vivos de allí.

Bajo dos banderas, la rojigualda y la nazi
En el fuerte, por cierto, cada vez que hay alguna celebración izan en dos mástiles parejos la bandera monárquica roja y gualda (los primeros días de la guerra civil los golpistas todavía usaban la republicana tricolor) y la bandera nazi, “del mismo tamaño, a la misma altura (…). No es cuento, no son referencias, la hemos visto”, escribe Rial indignado. “La adulación baja y rastrera de este homenaje nos excitaba los nervios hasta hacerlos saltar”, recuerda.

Uno de los días en que arriba el correíllo, les sorprende la visita de su capitán, Antonio Pastor. Venía a ver al preso Layo Rodríguez para comunicarle que su tío Guetón había sido fusilado y su padre, sorprendido en Cádiz cuando viajaba a Madrid, había sido “asesinado con un refinamiento de crueldad que espanta”.

Hasta que un día, la tropa indígena parte al desierto con el capitán-gobernador del fuerte y el practicante, “lo que indica que la ausencia ha de ser larga”. Los preparativos para la fuga se intensifican y una noche, los presos, ayudados por la tropa española, se sublevan contra sus carceleros.

■ ÍNDICE
Una fuga épica

Este artículo se organiza en seis partes:
1–“La épica de unos vapores en su fuga del fascimo”, con el Stanbrock, el barco carbonero que evacuó de Alicante a los últimos refugiados republicanos días antes del fin de la guerra civil y el Viera y Clavijo
2–“Los vapores que sacaron a Franco de Canarias”, el Viera y Clavijo fue el vapor correo que llevó a Franco de Tenerife a Gran Canaria para poner en marcha el golpe del 18 de julio.
3–“Prisiones flotantes en el puerto de Santa Cruz”, habilitadas por los fascistas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife ante la saturación de las cárceles antes de ser enviados al destierro en el Sahara…
4–“En cuatro tiendas rodeadas por una alambrada”, la llegada de los deportados a un solitario fuerte en el desierto del Sahara Español para realizar trabajos forzados…
5–“Los deportados se fugan y la furia se desata”, cuando se fugaron de Villa Cisneros presos, la propia guarnición militar y los tripulantes Viera y Clavijo hacia Dakar.
6–Liberados al fin en Dakar, a bordo del vapor, el final de la odisea y la libertad ●

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