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Una caravana de 12 burros y un alcalde

José Gutiérrez (Sabinosa, 1924) relata algunas anécdotas de las suministros que traía el correíllo a Frontera...

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José Gutiérrez (nacido en noviembre de 1924 en Sabinosa) fue pastor de ovejas muchos años, emigró a Venezuela y al regresar puso una librería. El siguiente texto es un extracto de sus declaraciones durante una entrevista con Yuri Millares, en septiembre de 2014. Entrega nº 37 de la serie “Yo fui en el correíllo”. [En PELLAGOFIO nº 25 (2ª época, noviembre 2014)].

Por JOSÉ GUTIÉRREZ CASAÑAS

Cuando yo era niño no se veía mucho el correíllo por el valle del Golfo. Cada 15 días venía desde La Estaca a La Restinga y a los otros 15 iba a Las Puntas, al muelle de Punta Grande. Normalmente fondeaba y los marineros se acercaban a remo. Había carboneros que hacían carbón con leña de brezo del monte y lo embarcaban por aquí; también vino en toneles, fruta (duraznos), incluso vacas que las cogían con un pescante. Debajo de Sabinosa, en el Pozo de la Salud, había otro pescante que era igual y una casa para poner las mercancías que ya no existe. Aquí también paraba el correíllo y cargaban vino en unos barriles de 32 litros, que bajaban a las lanchas del mismo modo: con el pescante.

Una caravana de burros fue a buscar el cemento al muelle de Punta Grande y yo fui montado en la burra de mi abuelo

Me acuerdo que tenía nueve años cuando vine a Punta Grande porque en Sabinosa estaban haciendo un depósito para recoger el agua para el pueblo. Hasta ese momento no había sino unas barricas de cemento, que se llenaban y la gente iba a buscar el agua allí con sus vasijas, y si no había tenían que ir de noche a la fuente de Mencáfete a esperar que manara y la repartían con jarritos. Aquellas barricas se llenaban gracias a unas tuberías que llegaron de Tenerife en el barco y las pusieron desde la fuente, en el monte, hasta el pueblo. Como otras muchas cosas que se traían en el barco hasta Punta Grande, íbamos con los burros a buscarlas (por ejemplo, un espejo para el casino, que yo creo que era el de Sabinosa era casino más grande de la isla).

El alcalde pedáneo era el encargado de las obras del depósito y el correíllo trajo el cemento. Una caravana de burros fue a buscarlo al muelle y yo fui montado en la burra de mi abuelo, sentado al regreso en medio de los sacos. Venían ya llegando los 12 burros con el cemento a Sabinosa, cuando nos encontramos a una señora en el camino: “¡Ay, 12 burros!”, dice. Y el alcalde añade: “¡Y con usted, 13!”. Pero la mujer me mira a mí y dice: “¡Y con el que lo dijo, 14!”. Me reí mucho.

Le llevé al capitán un garrafoncito de vino de Las Vetas y al hombre parece que le gustó

La primera carretera que llegó a Sabinosa desde Punta Grande la hicieron entre los años 1931 a 1935, tardaron cuatro años. Y por allí lo primero que circuló fue un camioncito. Era del Cabildo y lo tenían para trabajar en el valle. Lo trajeron por Punta Grande, desarmado desarmado, y tuvieron que traerlo para arriba los hombres, cargando las piezas al hombro para armarlo en Tigaday. Pero como aquí no había conocimiento de manejar ni nada, al poco tiempo el camión se viró, se volcó y se mató el conductor. Era una carretera con mucha curva, porque se hacía con barra y marrón.

Yo no subí en el correíllo hasta que fui al cuartel a Tenerife en 1945, pero embarqué en La Estaca. Subí caminando a El Pinar y nos llevaron al muelle en un camión. Y tuve suerte, porque el primero que salió con permiso de mi quinta fui yo, un mes para ayudar a mi familia que ponía los baños en el Pozo de la Salud. En aquel tiempo no había permisos para nadie. Le llevé al capitán un garrafoncito de vino de Las Vetas y al hombre parece que le gustó.

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