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Una sirena de ‘Titanic’ en 60 metros de barco

Los viajes que realizó a la costa del Sahara Español y algunas fotografías del álbum personal de Antonio Navas, segundo oficial...

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Entrega nº 16 de la serie “Yo fui en el correíllo”, a cargo en esta ocasión de quien fuera segundo oficial del vapor-correo ‘La Palma’ durante unos meses de 1975, con los viajes que realizó a la costa del Sahara Español y algunas fotografías de su álbum personal, como ésta de uno de los gemelos del buque maniobrando marcha atrás en el puerto de La Luz y Las Palmas. [En PELLAGOFIO nº 1 (2ª época, junio 2012)].

Por ANTONIO NAVAS TUDELA
Extracto de sus declaraciones en una entrevista que le hizo Yuri Millares

Yo estuve en el correíllo La Palma cuatro meses en 1975, como segundo oficial. En aquel tiempo Trasmediterránea admitía pilotos y maquinistas que estuvieran haciendo la mili y yo fui uno de los que entraron.

El buque andaba siete nudos en condiciones muy buenas. Una vez que fuimos de Gran Canaria a Tenerife porque estábamos parados en Santa Catalina, como barco de retén, por si alguno de los blancos [los santamarías tenían ese color de casco, frente al color negro que caracterizó siempre a los vapores correo] fallaba y salíamos nosotros, y tardamos ¡siete horas y media! Pero es que estamos hablando de unos tiempos en los que la velocidad no era como ahora. Yo he estado en un barco que dio la vuelta a África a 10 nudos y medio, y tardábamos dos meses y medio. Éste alcanzaba siete-ocho nudos con buen mar. Eso sí, se tumbaba a una banda y el hombre iba muy bien.

Era un barco que estaba muy bien diseñado para navegar con el nordeste de aquí, con el alisio en Canarias. El barco se tumbaba un par de grados (no mucho, tampoco es que fuera como un velero), pero se notaba que el barco se tumbaba, se mantenía muy bien atravesado a la mar sin dar grandes bandazos. Era un barco bastante bueno para navegar aquí, pero lento, no le podías pedir velocidad. A su ritmo iba bien pero ¡echábamos humo que se veía de lejos!

Era un barco que estaba muy bien diseñado para navegar con el nordeste de aquí, con el alisio en Canarias. El barco se tumbaba un par de grados (no mucho, tampoco es que fuera como un velero)

Y un carpintero
Éramos una tripulación de unos 30 hombres. Llevábamos mucha gente. Hay que tener en cuenta que toda la maniobra de descarga la hacíamos con la gente de a bordo. Y además que era un barco donde todo se hacía a mano, no había nada eléctrico ni electrónico. Junto a las bodegas de proa se entraba donde vivía la marinería y al pequeño camarote del contramaestre y el carpintero. Trasmediterránea tenía carpintero a bordo, entonces era muy normal. El carpintero, por ejemplo, era el encargado de sondar los tanques, de llevar el agua dulce (curiosamente hacíamos agua dulce en Villa Cisneros, porque había mucha agua), y, naturalmente, tenía su pequeño taller de carpintería porque eran un barco de los que todavía llevaba mucha madera.

Lo que de verdad necesitaba potencia iba a vapor: las maquinillas de los puntales, el servomotor, el molinete del ancla, todo en la maniobra de proa

El correíllo ‘La Palma’ fondeado frente a La Güera, en el antiguo Sahara Español, en medio de una tormenta de arena y con los puntales preparados para trabajar con los vehículos anfibios que llevaban la mercancía a tierra./ ARCHIVO PELLAGOFIO (CEDIDAS POR A. NAVAS)

Y poca potencia eléctrica. Lo que de verdad necesitaba potencia iba a vapor: las maquinillas de los puntales, el servomotor, el molinete del ancla, todo en la maniobra de proa iba a vapor. Electricidad solamente teníamos para el alumbrado, ¡corriente continua de 110!, que nos daba para el alumbrado y poquito más: a veces, cuando poníamos el radar (tenía un radar muy antiguo, pero tenía) nos veíamos apurados de potencia. Las neveras eran de hielo, no había frigoríficos de corriente continua. Metíamos no sé cuántas barras de hielo en unas neveras de madera. Como no eran líneas largas, sino travesías de horas, no había problema, el hielo nos daba. Si salíamos de Las Palmas sobre las siete de la tarde a las ocho de la mañana ya estábamos en El Aaiún.

Para dar marcha atrás tenías que dar tres pitadas cortas; a la vista de otro barco haces señales; con niebla haces señales; en fin, en muchas ocasiones

Cambio de marchas
La máquina de vapor de triple expansión de este barco tenía un sistema de cambio de marchas que cambiaba el sentido de las válvulas de entrada del vapor.

Prácticamente daba la misma potencia avante que atrás. Los correíllos eran muy buenos barcos, con máquinas muy bien diseñadas. Pero llevaban quemadores de fuel, no funcionaban con carbón. Hasta la cocina llevaba unos quemadores de fuel.

También la sirena del barco iba a vapor, clásica, como la del Titanic. Y montaba un pollo que no veas. Sonaba fuerte. En una maniobra para dar marcha atrás tenías que dar tres pitadas cortas; a la vista de otro barco haces señales; con niebla haces señales; en fin, en muchas ocasiones.

Desde la timonera, llevaba una cadena que recorría todo el barco por los costados hasta llegar a la válvula que abría vapor a una banda o a otra, para que el timón cayera en una banda o en otra. Era un timón duro, claro, porque había que vencer la resistencia de toda la cadena que iba por el costado. Pero bueno, era un barco de 60 y tantos metros, lo cual quiere decir que la distancia no era excesiva. Era todo muy antiguo como corresponde a un barco del año 1912.

■ PELLABLOG
Fotos inéditas

Siguiendo el hilo conductor de una selección de fotos inéditas, cedidas por quien fuera unos meses de 1975 el 2º oficial del correíllo La Palma, la edición blog de PELLAGOFIO ofrece algunos datos singulares sobre la navegación del último vapor que sirvió en las aguas canarias en su edición nº11/2010. La portada virtual de aquel Pellablog ofrece una de esas fotos: el vapor de la sirena envuelve la chimenea del buque ●

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