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Se enfada y se tira al agua a mitad de travesía

Sorprendente testimonio de una pasajera del vapor-correo 'Viera y Clavijo'...

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Sorprendente testimonio de una pasajera del vapor-correo ‘Viera y Clavijo’, gemelo del ‘La Palma’ durante un viaje regular del correíllo entre Fuerteventura y Gran Canaria. Entrega nº 15 de la serie “Yo fui en el correíllo”. [En PELLAGOFIO nº 39 (1ª época, marzo 2008)].

Por MARÍA SÁNCHEZ-MENDEZONA NARANJO

En agosto de 1958, al finalizar el mes, veníamos la familia de pasar una temporada en El Cotillo (Fuerteventura). Mi padre, inspector de Correos y un enamorado de la isla, nos llevó allí todo un mes que se hizo eterno. Comíamos pescado en casa de Mariquita Hierro y dormíamos en unas habitaciones que alquilamos en casa de Juanita. Con pequeñas ventanas sin cristales, un día nos dio un buen susto un camello que metió la cabeza por una de ellas. Embarcamos en Puerto del Rosario (hasta el año 1956 había sido Puerto de Cabras) para regresar a Las Palmas y zarpamos en el Viera y Clavijo que iba al mando del capitán Eliseo López. Cuando ya oscurecía, sentimos un revuelo en cubierta y es que se había tirado un hombre al agua. Para asombro de todos, el barco siguió navegando, aunque bajaron un bote de madera al agua, con el contramaestre y dos marineros.

El capitán Eliseo nos contó que si no hubiera detenido la marcha del barco o no se hubiera alejado lo suficiente la hélice se podía haber tragado a aquel hombre

El que se había tirado era uno de los gemelos que habían protagonizado una luchada en Fuerteventura y, por lo visto, como perdieron no se le ocurrió mejor idea, tras discutir con su hermano, que echarse al agua. Con lo fría que debía estar se lo pensó mejor una vez que ya estaba en ella y nadó hacia el bote que iba a rescatarlo todo lo aprisa que pudo.

El capitán Eliseo nos contó que si no hubiera detenido la marcha del barco o no se hubiera alejado lo suficiente la hélice se podía haber tragado a aquel hombre.

Los gemelos eran vecinos del barranquillo de Don Zoilo, en la misma ciudad de Las Palmas, y mi novio aquel entonces –mi marido un tiempo después, Julio José Morales Romero– los conoció, pues él vivía muy cerca, en el Paseo de Madrid.

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