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Carlos Cólogan, escritor e investigador

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“El comercio del vino canario financió la Guerra de Independencia americana”, dice el autor del libro ‘Un corsario al servicio de Benjamin Franklin’ para la sección “Cita con Canarias”. [Versión íntegra de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº 24 (2ª época, octubre 2014)].

Por YURI MILLARES

Escrito como una novela, el libro de Cólogan está muy lejos de ser una ficción. Basado en una ingente cantidad de documentación que atesoró su familia durante siglos de actividad comercial, revela cuáles eran las relaciones de amistad entre estos comerciantes irlandeses (establecidos en el Puerto de la Cruz en el siglo XVIII, para exportar los Canary wines) con algunos de los Padres Fundadores de los Estados Unidos: el financiero de la Guerra de Independencia Robert Morris y el político y diplomático Benjamin Franklin.

■ OJO DE PEZ / Aquellos ‘Canary wines’

Por TATO GONÇALVES

La magia de los viñedos en la finca La Araucaria de Bodegas Tajinaste, en el valle de la Orotava, pusieron el mágico escenario para realizar las fotografías a alguien que se mueve por el pasado de los vinos canarios (Canary wines) con una mirada actual y muy documentada: Carlos Cólogan ●

“El Día de la Independencia de los Estados Unidos se sabe que se brindó con un vino de Madeira, pero probablemente fuera vino de Tenerife”

–Un par de siglos después de la conquista castellana y de la llegada de las primeras plantas de vid a Canarias, el archipiélago acabó convirtiéndose en un gran exportador de vinos a Europa y América. ¿Tenemos buenos vinos o buenos vendedores?

Carlos Cólogan (en el centro) acude a la entrevista a la finca La Araucaria de Bodegas Tajinaste. Con el, Yuri Millares (izq.) y Agustín García Farrais.
Carlos Cólogan (en el centro) acude a la entrevista a la finca La Araucaria de Bodegas Tajinaste. Con el, Yuri Millares (izq.) y Agustín García Farrais.
–Yo creo que, en aquel tiempo, las dos cosas. Estábamos en el sitio adecuado para la venta de los vinos: una escala en medio del Atlántico, empleada por los británicos (dueños y señores del océano Atlántico en el XVIII) para que nuestros vinos se pusieran en sus mercados. Esta mañana estaba leyendo, precisamente, una carta del capitán de la Bounty, William Bligh, donce hace mención a su escala en Tenerife y a que los vinos de Canarias eran conocidos en las colonias americanas como “vinos de Madeira”. Que no hizo escala por casualidad, sino porque aquí había casas británicas que tenían contratos para atender los barcos de Su Majestad británica, como fue el caso de la Bounty,que tenía un contrato para que fuera atendido por la compañía Juan Cólogan e Hijos.

“El comercio entre los irlandeses era un negocio de clanes que se apoyaba en la familia”
–Y se abasteció de vino canario.

–Sí, y además lo relata: se abasteció de 152 pipas de vino canario (que es una barbaridad), de carne, de legumbres y de agua.

–En aquella época en el mundo no existían las comunicaciones de hoy (teléfono, internet), ni siquiera servicio de Correos. Sólo había barcos veleros que iban y venían en travesías de larga duración. Tener una empresa de exportación debía significar tener una red de contactos amplia, estable y fiable en los puertos de destino.

Carlos Cólogan con su libro ‘Un corsario al servicio de Benjamin Franklin’.
Carlos Cólogan con su libro ‘Un corsario al servicio de Benjamin Franklin’.
–Exacto. En aquella época no se tenían barcos en propiedad, eran barcos fletados a capitanes independientes o a compañías. Eran los comerciantes los que hacían la labor del correo. España no tiene un servicio de Correos como tal hasta entrado el siglo XIX. El correo de Canarias lo enviaban los comerciantes vía Cádiz, Málaga o El Ferrol y de ahí llegaba a Madrid o a Londres. Y estamos hablando de barcos que salían con una frecuencia diaria, porque no es que hubiera un barco cada tres semanas.

–La compañía Cólogan, que tenía su empresa en el Puerto de la Cruz para exportar vinos, supongo que tendría también su red de contactos en diferentes puertos.

–La tenía. Y a finales del siglo XVIII don Tomás Cólogan, que era jefe de la casa comercial, escribe y le ofrece a una compañía de Filadelfia su red comercial y le hace un listado de quiénes son sus agentes y en qué puertos de Europa: casas comerciales en Dublín, Londres, Málaga, Cádiz, El Ferrol, Dunkerque, Nantes, Hamburgo… O sea, toda la costa atlántica. Pero a la inversa también tenía su red comercial en América: Halifax, Nueva Escocia, Nueva York, Filadelfia, Charleston, Campeche, La Habana, La Guaira… básicamente por el arco del Caribe, pero también en sitios recónditos como Bombay. Ese dominio de las dos costas del Atlántico era fundamental, sobre todo porque estás en el centro.

Carlos Cólogan entre viñedos en el valle de la Orotava (Tenerife).
Carlos Cólogan entre viñedos en el valle de la Orotava (Tenerife).

–Esa red de contactos en tantos puertos de la compañía Cólogan e Hijos tenía que ser fiable, ¿en qué se basaba?

–Era un negocio de clanes que se apoyaba en la familia. Cuando el primero de los nuestros abandona Dublín con 21 años es porque lo envía su padre a casa de su tío William White (Guillermo Blanco) en Cádiz. ¿Y para qué va?, para formarse en las labores del comercio. Desde ahí su tío lo envió a Nueva España e hizo dos viajes a América. Y cuando tenía unos 26 años alguien decidió que se tenía que ir a vivir a Tenerife, a casarse con la hija de otro irlandés que se llamaba Bernard Walsh Carew (Bernardo Valois Carew). Vino y se casó. Y punto. No se discutía. Era un chico avispado, monta su empresa de negocios, hereda la de su suegro y a partir de ahí se le abre el mundo.

“Los irlandeses establecidos en Canarias son los más singulares por ser los más cosmopolitas de España”
–Aquellos eran tiempos de piratas y corsarios, de guerras que hacían y deshacían alianzas entre países. En ese contexto, además, comienza la Guerra de Independencia de las colonias americanas, que se rebelan contra Inglaterra. ¿Cómo defendió y protegió Canarias su actividad económica, su negocio?

–El papel de Canarias en esa época de la Guerra de Independencia americana viene casi siempre de la mano de los irlandeses. Es curioso y lo cuento en el libro, porque ese corsario es nacido en Irlanda, afincado en Filadelfia donde fue enviado por sus padres, exactamente igual que los que vinimos a Canarias. Estando allí es reconvertido de capitán de la Marina Mercante en capitán corsario. Así nos encontramos a un irlandés trabajando para las trece colonias, que recibe la patente de corso de Benjamin Franklin. Luego están los irlandeses de España, para más casualidad los establecidos en Canarias, los más singulares por ser los más cosmopolitas de España.

“A todos les unía un enemigo: Inglaterra. Aunque después su negocio estuviese con Londres. Son cosas distintas y podían vivir en ambos mundos. Tengo un cuadro de mis antepasados donde aparece el señor muy digno y se pinta con un bergantín detrás con la Union Jack, la bandera británica. Y ese señor que se retrata así y con unos negocios muy importantes con Inglaterra, al mismo tiempo está vendiendo a los padres fundadores de los Estados Unidos a través de Robert Morris. El negocio es el negocio. Pero es bonito ver a los irlandeses jugando en todas las bandas… menos la inglesa. Porque lo suyo fue una diáspora y donde los acogieron progresaron bastante bien.

“Pero en el caso de Canarias son los irlandeses los que toman la relación con los Estados Unidos y es lo que se narra en el libro: con un ataque corsario a un barco fletado por la compañía Cólogan como fondo, muy bien documentado, lo que sale a relucir es el comercio de los irlandeses de las Islas Canarias con Filadelfia y Nueva York antes, durante y después de la Guerra de Independencia.

“Robert Morris (el financiero de la Guerra de Independencia) comerciaba con Canarias de forma absolutamente secreta”
“Esa guerra empieza formalmente con la Declaración del 4 de julio de 1776 y veinte años antes salían los barcos cargados de vino desde el Puerto de la Cruz (en Tenerife) hacia Filadelfia (la Nueva York de aquella época) y ahí están las cartas. Como la de 1740 de Robert Morris (que acabó siendo uno de los firmantes de la Declaración de Independencia y para más inri el financiero de la Guerra de Independencia). Su empresa comerciaba con Canarias de forma continuada y absolutamente secreta, porque eran colonos americanos saltándose a la torera las leyes inglesas de no comerciar directamente con España. Eso se estuvo haciendo durante más de 20 años sin hacerse público, eran asuntos privados de las casas comerciales. Y durante la Guerra de Independencia entre 1776 y 1783 se siguió comerciando.

–¿De qué manera le sirvió a Robert Morris el comercio con los vinos canarios para financiar la Guerra de Independencia americana?

–Los barcos que iban de Canarias a Londres normalmente subían cargados con vinos y a la vuelta retornaban con otros productos. Es el caso que relato en el libro, de un barco que regresaba cargado con telas para irlandeses de Tenerife y Gran Canaria pero es apresado por un corsario al servicio de Benjamin Franklin.

“Cuando teníamos conocimiento de que nuestros barcos que capturaban los corsarios estaban en Boston o Filadelfia, nos dirigíamos a Robert Morris, el financiero de la Guerra de Independencia, a quien le vendíamos nuestros vinos. Nos pasó, por ejemplo, con el Golden Rose, que arribó a Filadelfia y se produce un cruce de cartas con Robert Morris, a quien se le dice que, como no va a a ser posible devolver el barco con su mercancía, que venda ésta y se quede con el dinero.

“¡Estamos hablando de financiación encubierta de la Guerra de Independencia con comerciantes canarios!”
“Pero es un préstamo que le hace Tomás Cólogan y tendrá que devolver con intereses, al cabo del tiempo, a través de Benjamin Franklin en París, “que mi hermano Juan, que vive entre Londres y París, irá por ahí y se lo cobrará”. Ese era el negocio que tenían dos hermanos del Puerto de la Cruz con Robert Morris y Benjamin Franklin. ¡Estamos hablando de financiación encubierta de la Guerra de Independencia con comerciantes canarios!

–Cartas que ha descubierto en el archivo de la familia Cólogan

–En esas cartas también empecé a ver, recurrentemente, envíos a Londres de limones blancos y limones amarillos. Me extrañó, porque no se enviaba fruta fresca, se enviaba vino porque es un producto muy perdurable que no se corrompía. ¿Tendríamos unos limones espectaculares?

“Fue en el Archivo Histórico donde los investigadores se ríen cuando les pregunto. “¿No sabes lo que es? Léete este libro”. Y me leo un libro de un investigador del CSIC con un estudio sobre nuestra familia, y al referirse a plata y oro de contrabando escriben “limones blancos” y “limones amarillos”. ¿Por qué se traficaba? Porque el oro y la plata con que se pagaba todo lo traía la flota en los viajes oficiales. Pero los que comerciaban con América traían harina y cajitas de limones blancos y amarillos, porque ese oro y esa plata eran muy demandados en Europa. Y un barco cargado con pipas de vino para Londres ganaba mucho más con la carga de los “limones”.

“Nuestro archivo tiene más de cien mil cartas recibidas. Es el mayor archivo de una casa comercial del siglo XVIII en España”
–En esas cartas se habla de vinos: ¿qué eran los Canary wines y que eran los falsos Madeira?

–Los británicos, para proteger su negocio, a mediados del siglo XVII empezaron a sacar una serie de leyes que se llamaban Actas de Navegación. Poco a poco, esas leyes fueron cerrando el comercio con sus colonias americanas, de tal manera que el que quisiera enviar vino o cualquier otra cosa allí, tenía que ir obligatoriamente a Londres y meter la mercancía en barcos de propiedad británica con capitanes británicos. Eso para los españoles era inviable. A los canarios eso nos cerró muchísimo comercio, justo en una época en que el comercio de los vinos malvasía con Londres se nos vino abajo, con la competencia de los Jerez, los Oporto y los Madeira. ¿Dónde podíamos colocar el vino en el siglo XVIII?

“Y Juan Cólogan fue el primero al que se le ocurre cargar el vino en barcos portugueses vía Madeira, para colocarlos en Estados Unidos. De ese modo se estableció un vínculo entre los dos archipiélagos canarios y los irlandeses de Canarias empezaron a enviar vinos a Madeira. La isla de Madeira es muy pequeña y cuando se les acababa la capacidad de producción, no les quedaba más remedio que comprar vino de Tenerife para surtir ese mercado. El 80% de su vino eran falsos Madeira. Todo eso hila con el hecho de que el Día de la Independencia de los Estados Unidos se sabe que se brindó con un vino de Madeira, pero probablemente fuera en realidad vino de Tenerife. Lo que no está acreditado es quién lo compró, quién lo sirvió.

“Juan Cólogan fue el primero al que se le ocurre cargar el vino en barcos portugueses vía Madeira, para colocarlos en Estados Unidos”
–¿Y cómo llegas a suponer que se brindó con vino canario el Día de la Independencia?

–Porque lo que sí está acreditado es la relación directa de comerciantes del Puerto de la Cruz con varios de los padres fundadores de Estados Unidos. Los potugueses no han conseguido demostrar esa relación directa. Hay una carta de Juan Cólogan a Benjamin Franklin, donde lo invita a cenar y le ofrece sus vinos de La Orotava blancos y malvasías, cartas directas entre personas donde se ve amistad. Y si cruzas esas cartas de amistad y ves en el archivo la salida de barcos a Filadelfia lo único que falta, porque no existe, es esa carta que dice “oye, brindamos en la firma con vino canario”, porque no se publicitó como pudiera hacerse en nuestros días. Aquello fue un acto de amotinamiento.

“Ese comercio de falsos Madeira se mantuvo durante decenios, hasta que tras la independencia los americanos nos compraban el vino canario de forma directa. Ellos lo llamaban “Canary wine”. Pero si te vas para atrás, en Filadelfia en 1734, en uno de los primeros periódicos de Estados Unidos, la Gaceta de Filadelfia, que se fundó en 1728 y fue comprado por Benjamin Franklin en la siguiente década, en 1734 aparecen los primeros anuncios de vinos de Canarias. Y no se vendía vino francés, o vino peninsular. ¿Quién abrió ese mercado tan pronto? Eso está aún por descubrir. Después si entró un vino peninsular, el Mountain wine, de Málaga (qué casualidad, otra base de los irlandeses). En ese tiempo allí sólo se vendía Canary wine, Madeira wine y Mountain wine, por estar en los circuitos de la navegación comercial.

Carlos Cólogan Soriano.
Carlos Cólogan Soriano.

–¿Todo el vino que se exportaba de Canarias salía por el Puerto de la Cruz?

–Era el único en Canarias que podía exportar a Las Indias. Y además el 80 por ciento de la producción de las Islas era de Tenerife.

–Terminamos: un recuerdo dulce.

–A mí lo que me gusta de ese pasado y de esa época es mezclar la historia con el vino. Le da un sabor a todo distinto. El libro son capítulos de hombres, parece que no existían las mujeres en esa época. Pero cuando el corsario apresó aquel barco con telas para Canarias, había una monja en La Palma que se llamaba Sor Sacramento Vinatea que se quedó sin las telas que después cosían en el convento. Y como no tenía dinero para pagarnos, nos enviaba dulces. He encontrado cartas en las que Sor Sacramento le escribe a don Tomás Cólgan a Tenerife lamentándose por el incidente del barco con el corsario. Y esa monja resulta que es la repostera más famosa del siglo XVIII en Canarias. Y hacía una repostería que describe en las cartas, que era espectacular.

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1 Comentario

  1. María Berlín
    octubre 4, 2014 at 8:07 am — Responder

    Formidable artículo, al acabarlo ya apetece volverlo a leer, está lleno de sustancia, anécdotas sabrosísimas y buen hacer de entrevistador y entrevistado…

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