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Guido Kolitscher, aguafuertista gomero nacido en Viena

“Los políticos ven la cultura como un pasatiempo, pero es tan importante como la educación o la sanidad”, dice...

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“Los políticos ven la cultura como un pasatiempo, pero es tan importante como la educación o la sanidad”, dice el artista Guido Kolitscher en su entrevista para la sección “Cita con Canarias”. [Versión íntegra de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº 26 (2ª época, diciembre 2014)].

Por YURI MILLARES

Vinculado estrechamente a La Gomera, su inspiración permanente hace más de 40 años, se ha convertido de modo autodidacta en un excepcional artista de grabados en plancha de hierro, capaz de emplear hasta 40 colores en cada obra, una técnica muy difícil que pocos como él dominan en el mundo. Su obra rebosa sensibilidad y simbolismo. Sin embargo, como señala la doctora en Bellas Artes y estudiosa de su obra Leandra Estévez, resulta “paradójico e injustificado el olvido en el que se le ha mantenido en Canarias”.

■ OJO DE PEZ / Gracias por la dulce acogida

Por TATO GONÇALVES

Después de saborear unos vinos imprescindibles en Tamargada bajamos a ver a Elena y Guido. Nos recibieron como si fuéramos de la familia, que volvíamos después de una larga ausencia en tierras lejanas. Un privilegio y un orgullo disfrutar de la dulce acogida. Entre cafés, papeles reciclados, pantones y grabados transcurrió la tarde. Mil gracias amigos ●

“En los bosques europeos los árboles están colocados como soldados de un ejército, aquí cada uno crece a su aire”

–Seguro que se lo han preguntado más veces antes de ahora, pero ¿cuándo y por qué pisó por primera vez la isla de La Gomera?

–Fue en el año 1972. Estuve en Tenerife de vacaciones y decidí hacer una excursión a la isla de La Gomera.

guido-kolitscher-2614-2–¿Qué fue lo que vio, sintió y descubrió al llegar esa primera vez?

–Me quedé impresionado de tanta naturaleza salvaje y de su paisaje arcaico, de los barrancos, de los roques, de la laurisilva y de los acantilados. Todo esto fue para mí un descubrimiento y una razón para volver.

–Unos meses después dejó los estudios de Medicina y se vino a vivir a La Gomera. ¿Cuáles eran sus planes, cuál su equipaje y cuál su presupuesto?

–Desde niño soñaba ser pintor. En mi familia algunos antepasados fueron pintores, escultores y músicos. Por presión de mi padre empecé a estudiar Medicina, pero cuando vi el paisaje de La Gomera ya sabía lo que tenía que hacer. Vendí mis libros de Medicina, cogí una mochila, un saco dormir, clavos y martillo, un serrucho, mis pinceles con la paleta y me fui. Mi presupuesto estaba calculado para sobrevivir seis meses, gastando nada más que 17 pesetas al día (todos los gastos incluidos).

“Todos los días, cuando me levanto y miro a mi alrededor me siento orgulloso de la decisión que he tomado”
–¿La decisión de quedarse a vivir para siempre aquí ya la había tomado entonces, o al principio sólo vino a pasar una larga temporada?

–No tenía billete de vuelta, así que ya vine con la idea de quedarme para siempre. En estos seis meses tuve que encontrar un hogar para vivir y trabajar. Ese era mi reto y lo conseguí. Con los beneficios de mi primera exposición en Tenerife pude comprar [pullquote1 quotes=”true” align=”left” variation=”steelblue”]Viena es preciosa y grandiosa. La Gomera también. La diferencia es que Viena está hecha por el hombre, La Gomera por la naturaleza[/pullquote1]una casa de piedra abandonada.

–Cambiar una ciudad centroeuropea como Viena –con su grandiosa arquitectura imperial y su avanzada economía industrial–, por un rinconcito en una pequeña y mal comunicada isla en medio del Atlántico –de casas muy chiquitas de piedra seca y teja–, debió ser como irse a vivir a otro planeta. ¿Su techo era el cielo o dormía bajo techo?

–Tiene razón, Viena es una ciudad preciosa, grandiosa, etc. La Gomera también es una isla preciosa y grandiosa. La diferencia es que Viena está hecha por el hombre, La Gomera por la naturaleza. Me gusta la naturaleza y las cosas sencillas. La casa era una ruina pero tenía techo, en algunas partes también se podían ver las estrellas. Por supuesto no había ni luz eléctrica ni agua.

–¿No hubo ningún momento en que llegara a arrepentirse de la decisión que había tomado?

–No, todo lo contrario. Todos los días, cuando me levanto y miro a mi alrededor me siento orgulloso de la decisión que he tomado.

–Todavía no le preguntado si en 1972 ya hablaba español o lo aprendió intentando comunicarse con los gomeros. ¿Se hacía entender bien?

“Al principio me catalogaron como otro hippie más…”
–“Buenos días”, “por favor”, “gracias”: este era más o menos mi vocabulario cuando vine. Poco a poco aprendí de los gomeros más palabras, pero ayudándonos con gestos nos entendimos bien.

–Bueno, nos situamos en ese año. Usted acaba de llegar a La Gomera. ¿Cómo lo miraban los isleños? Me imagino que como a un “bicho raro”, ¿no?

–Al principio me catalogaron como otro hippie más, porque en esos años vino una verdadera invasión de representantes de este movimiento a la isla. Pero después sí, como yo trabajaba mucho, incluso de noche trabajaba las planchas de grabado con la ayuda de una lámpara de carburo, me vieron como un “bicho raro”.

“…Pero después, como trabajaba incluso de noche con las planchas de grabado con la ayuda de una lámpara de carburo, me vieron como un bicho raro”

–Tampoco encontraría la comida a la que estaba acostumbrado. ¿Qué comían los gomeros en ese tiempo, qué le sorprendió de su gastronomía y… qué comía usted?

–En los alrededores se plantaban muchas frutas y verduras y se alimentaban de eso. La gente era (y es todavía) muy hospitalaria y amable, y me regalaban cosas de su cosecha. También me gusta mucho el gofio. En general la comida canaria me parece muy rica.

–Dígame un paisaje que lo dejó con la boca abierta.

–Puedo nombrar varios, por ejemplo Los Órganos, pero lo que vi primero y me dejo muy impresionado fue el bosque de laurisilva. En los bosques centroeuropeos los árboles están colocados como los soldados de un ejército, aquí cada uno crece a su aire. Este bosque es el tema preferido en mis grabados.

–Sus cuadernos de dibujo dieron paso, con los años, mucho caminar por la isla y mucho trabajo y reflexión, a un espectacular dominio de la técnica del grabado que pocos artistas del mundo son capaces de mostrar. ¿Qué tiene de singular su técnica y cómo llegó a ella?

–Soy autodidacta y todo lo que sé sobre la técnica de grabado la he aprendido a través de los libros, estudiando obras de los grandes maestros en los museos y, sobre todo, experimentando e investigando nuevas posibilidades. Estoy usando como soporte planchas de hierro (normalmente se usan planchas de cinc o cobre), luego entinto la plancha con pinceles como una pintura con hasta 40 colores, a continuación se retira el exceso de tinta con distintos papeles en varias etapas y se imprime el grabado. Hasta que dominé esta técnica a la perfección ha pasado un largo camino de muchos años y experiencia.

Guido Kolitscher y Elena González en el taller donde el artista hace las planchas para sus aguafuertes.
Guido Kolitscher y Elena González en el taller donde el artista hace las planchas para sus aguafuertes.

–Es usted un hombre tranquilo, muy trabajador y reservado; además, también es muy amigo de sus amigos. Pero su vida profesional y su vida particular tienen un eslabón muy especial: ¿quién y qué significa para usted Elena González Lugo?

–Después de restaurar la vieja casa de piedra en San Bartolo, adquirí otras casas colindantes en ruinas, que también he restaurado poco a poco. Todo el conjunto forma ahora un bonito hogar y lugar de trabajo, rodeado de un paisaje espectacular. Vivía en una isla preciosa, tenía la profesión que siempre quise, sólo me faltaba algo para alcanzar la felicidad absoluta y ese algo fue Elena. Y mira por dónde, la encontré en una galería de arte en Santa Cruz de Tenerife, vendiendo cuadros. ¿He contestado su pregunta?

–A la perfección. En el año 2006 dio un importante paso en su trayectoria artística: con la ayuda y apoyo de su familia crea la Fundación Canaria Guido Kolitscher. ¿Con qué finalidad?

–Una de las finalidades era mantener reunida toda mi obra gráfica, que hoy ya son más de 900 grabados, y enseñar la técnica del grabado a través de cursos. Otra finalidad era aportar algo nuevo a la vida cultural de La Gomera.

–La Fundación tuvo unos comienzos muy activos cuando pudo dotarse de una sede provisional, cedida por el Cabildo de La Gomera y, en efecto, puso en marcha numerosos proyectos, entre ellos cursos para escolares y talleres de elaboración de papel artesanal con hojas de palmera, de platanera o de drago. ¿Qué ocurrió después?

“Mis vecinas iban al barranco para lavar la ropa. Yo también buscaba mi sitio y observaba el manejo de la pastilla de jabón. Hablaban muy rápido y no entendía nada, pero nos reíamos”

–Sí, empezamos muy bien con muchas actividades y cursos, contamos en los primeros dos años con un millar de alumnos.Invertimos mucho dinero en el taller, que estaba en un sótano de un edificio prácticamente nuevo con la mala suerte de que tuvimos varias inundaciones. Perdimos muchos materiales y además, con la crisis, escaseaban las subvenciones. Elegimos el momento y el sitio equivocado. Con el taller de papel artesanal seguimos en otro lado, pero sólo en plan particular.

–¿Está tan maltratada la cultura en estas islas como parece… o más?

–Creo que los políticos ven la cultura sólo como un pasatiempo, como un entretenimiento para el tiempo libre. La cultura es mucho más. Es tan importante como la educación o la sanidad.

–Terminamos: un recuerdo dulce.

–Cuando me he instalé en mi casa de piedra recién adquirida, observaba como todas mis vecinas iban al barranco para lavar la ropa. Yo también buscaba mi sitio y observaba el manejo de la pastilla de jabón y los golpecitos de la ropa contra la piedra, como lo hacían las mujeres. Hablaban muy rápido y no entendía nada, pero nos reíamos. Seguramente en esos años no era muy frecuente encontrarse a un hombre lavando la ropa en el barranco. Me gustaría saber lo que hablaban. O no, casi me quedo con este recuerdo así.

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