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Marco Díaz-Bertrana, rescatador de semillas en extinción

“En Canarias se están extinguiendo plantas sin haberlas conocido”, dice en esta entrevista...

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“En Canarias se están extinguiendo plantas sin haberlas conocido”, dice en esta entrevista de la sección “Cita con Canarias”, para hablar de la búsqueda de especies endémicas en peligro y, de modo especial, de las graves plagas que sufre la palmera canaria o ‘Phoenix canariensis’. [Versión íntegra de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº 57 (2ª época, octubre 2017)].

Por YURI MILLARES

Como técnico ambiental especialista en labores culturales de la palmera, este profesional ha recorrido todo el archipiélago ocupado y preocupado por la preservación de una de las especies vegetales más emblemáticas de las islas Canarias, afectada desde hace casi 20 años por una plaga que ha matado a miles de ejemplares y tiene en Gran Canaria al territorio más dañado. Pero la fragilidad de los ecosistemas naturales isleños tiene otras muchas especies todavía en situación peor: están al borde de la extinción.

“La Diocalandra afecta a todas las palmeras de Gran Canaria por debajo de la cota de los 200 m, ya han muerto miles”

■ OJO DE PEZ / Espléndidas y bellas sin podar

Por TATO GONÇALVES
Entramos en el parque municipal de Arucas una mañana de chispi-chispi. Tenía esa sensación que recuerda a tiempos pasados (aroma a flores, ese susurrar del agua, esa sombra que se hace larga) y lo recorrimos. Junto a él, un paisaje agrícola abandonado desde hace mucho pero con centenares de Phoenix canariensis, espléndidas, sin podar, redondas, de una tremenda belleza. Cerca de ellas realizamos la sesión de fotos con Marco, de quien aprendimos cosas que hacen que no nos puedan pasar más desapercibidas ●

–“Paseando por las nubes de Jandía en busca de tesoros para el banco de semillas del Jardín Canario Viera y Clavijo”, disfrutaste “de los benditos y refrescantes” vientos alisios, escribes en una de tus recientes anotaciones en redes sociales… Aunque yo más bien te imagino sudando la gota gorda para acceder a plantas en riscos inaccesibles, ¿o no es tan cruda la cosa?

–Sí es tan cruda. Lo que pasa es que cuando a uno le gusta y culmina el trabajo de llegar a las plantas y recoger semillas con éxito, te olvidas de todo lo que has pasado y lo conviertes en satisfacción.

–Antes de continuar: ¿cuál es la función de ese banco de semillas del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo?

–Es un gran reservorio ex situ (fuera de la naturaleza) para preservar a las poblaciones naturales de algunas especies que están en peligro de extinción, por si le ocurre algo a la población natural tener una reserva de semillas con las que hacer una reintroducción a través de las mismas. Al mismo tiempo, se hacen lotes con esas semillas y se distribuyen en una red de jardines botánicos del mundo para preservarlas, ya que las condiciones de conservación (humedad, temperatura, etc.) requieren energía eléctrica permanentemente y puede haber un incendio o algún otro accidente. También hay una red que se llama Semac, de bancos de germoplasma de la Macaronesia.

“La cordillera de Jandía [en Fuerteventura] alberga una serie de especies endémicas que no pasan de los 100 ó 200 individuos”
–¿Sólo de semillas de flora silvestre, o también agrícolas?

–También hay de la agricultura, pero de esa parte no me ocupo yo.

–Bueno, seguimos: ¿cuáles son esos tesoros que andas buscando: plantas raras, plantas en vías de extinción?

–Principalmente plantas que están en peligro de extinción incluidas en el catálogo de plantas amenazadas, relegadas en lugares inaccesibles como taliscas, poyetas y demás, sobre todo por la presión del ganado, que las ha hecho vulnerables a crecer en cualquier otro lugar. Dentro de este grupo de plantas, la cordillera de Jandía [en Fuerteventura] alberga una serie de especies endémicas que no pasan de los 100 ó 200 individuos. Durante estos trabajos hemos encontrado plantas nuevas para la ciencia, lo que quiere decir que es probable que, en este momento y a estas alturas (¡después de haber pasado por aquí investigadores, biólogos y científicos de todo el mundo!), se estén extinguiendo plantas sin haberlas conocido.

–“Hay 50 especies de plantas por descubrir en Canarias”, nos decía el botánico David Bramwell, precisamente, en una entrevista que le hizo PELLAGOFIO hace unos años. Queda ya alguna menos, entonces.

–Si uno sigue un poco las noticias científicas, es raro el año en que no aparece una especie o subespecie nueva Y hoy en día la genética nos está dando muchas sorpresas con los análisis moleculares: muchas plantas que pensábamos que eran iguales, al estar separadas durante miles de años entre islas ahora resulta que hay diferencias genéticas que no se manifiestan de manera morfológica. O pequeñas diferencias morfológicas que se pensaba que eran por las condiciones geográficas y ahora se está determinando que esas diferencias vienen determinadas por características genéticas.

–Hay lugares en los que te has encontrado a la mayoría de las plantas “comidas y el suelo machacado por el constante trasiego de las cabras”. ¿Quiénes tienen más peligro, las cabras o los humanos?

“Yo no voy a ciegas a ningún sitio, siempre hay un trabajo previo antes de salir de campo: yo a eso lo llamo ir con los deberes hechos”
–Por supuesto los humanos, que trajeron las cabras y no ponen remedio al asunto.

–Hablabas ahora de Jandía y de lugares inaccesibles donde las plantas crecen y pueden sobrevivir. ¿Cómo sabes que están ahí, o subes a ver si encuentras algo?

–Yo no voy a ciegas a ningún sitio, siempre hay un trabajo previo antes de salir de campo: yo a eso lo llamo “ir con los deberes hechos”, cogiendo todas las referencias bibliográficas que hay. Las prospecciones que han dado fruto están muy localizadas y como a uno le gusta el asunto, si dicen que están allí, pues vamos a seguir hasta allí.

–¿Y cómo accedes a semejantes sitios, escalando?

–Yo a casi todos los lugares llego garrapateando, pero siempre llevo una cuerdita. Luego hay acciones que requieren de escalada, como ahora que tenemos un trabajo con la Universidad [de Las Palmas de Gran Canaria] y el Gobierno de Canarias para recoger cerca de 400 muestras de tres especies de las islas orientales, y ahí sí que hay que ir escalando por vías abiertas que hay.

–¿Has recorrido todas las islas buscando semillas?

–He trabajado en todas las islas, pero no recogiendo semillas. Principalmente las he recogido en la provincia de Las Palmas. Pero en la provincia de Santa Cruz de Tenerife he trabajado mucho con en el tema de palmerales y formación de trabajadores para tratamientos selvícolas.

–Nos enfrentamos cada vez a más plagas provocadas por la negligencia del propio ser humano. En Canarias las tenemos muy variadas: ardilla moruna, culebra de California, aves exóticas que se van de los parques… ¿Nos tiramos de los pelos o se puede hacer algo para proteger el patrimonio natural del archipiélago?

–Nos tiramos de los pelos.

–Directamente.

“En muchas ocasiones es la sociedad la que va poniendo a los políticos en la pista de lo que va haciendo falta, pero a veces son pistas erróneas”
–Sí. Pero sobre todo para abrirnos los ojos y saber que los recursos que tenemos podemos emplearlos de mejor manera, para que algunas de las especies que estamos a tiempo de controlar no se nos escapen. En muchas ocasiones es la sociedad la que va poniendo a los políticos en la pista de lo que va haciendo falta, pero a veces son pistas erróneas. Nos están poniendo el rabo de gato delante de la cara como un problema prioritario, pero con el rabo de gato lo que fue, fue. Hay que hacerlo a un lado, para mirar quién está detrás destacando y todavía la podemos controlar. Si no, al cabo de pocos años, esas especies a las que no hemos dado importancia se convertirán en otro problema como el del rabo de gato. El éxito de plantas exóticas como el rabo de gato es nuestro fracaso en la gestión de los espacios naturales. Las exóticas no llegan y colonizan un espacio porque sí, sino porque al llegar encuentran debilidades generadas por el hombre: el rabo de gato donde principalmente se desarrolla es al borde de carreteras, en terrenos alterados y con una pérdida de suelo importante. El rabo de gato… ¿lo digo?

–Dilo a ver.

“El rabo de gato está creando suelo en terrenos erosionados y propiciando que dentro de 30, 40 ó 50 años vaya a haber una sucesión con nuestras plantas”
–Bajo mi punto de vista, en algunos lugares está haciendo un papel importante. Por ejemplo, todas esas laderas en una pendiente impresionante que hay desde Guayedra hasta El Risco de Agaete están totalmente selladas de rabo de gato, donde por el sobrepastoreo de siglos se ha perdido el perfil útil del suelo (la capa rica de tierra) y ha quedado roca madre, un tipo de suelo poco propicio para que la vegetación autóctona pueda desarrollarse. Ese rabo de gato lo primero que hace es estabilizar el terreno y evitar la erosión, está creando suelo y propiciando que dentro de 30, 40 ó 50 años vaya a haber una sucesión con nuestras plantas. Hay que hacer un esfuerzo por estudiar y ver el papel que está jugando, en este caso, el rabo de gato. Pero también hay que hacer planes de contención para perimetrar e intentar que no camine más, especialmente donde hay especies canarias en peligro de extinción, como en Guayedra la magarza de Guayedra (Gonospermum oshanahanii), de la que hay 36 plantas y es fisurícola, porque la cabra no la deja crecer en el andén a pie de risco en buenas condiciones, y ya estamos viendo que el rabo de gato está ocupando el poco hábitat que le queda para instalarse en esa fisura. Ahí sí que habría que hacer acciones concretas. O como la Globularia ascanii, que está un poco más arriba en el barranco Oscuro: 70-80 plantas entre las que también están presente individuos del Penicetum [rabo de gato]. Ahí sí hay que ser conduntente para dejar libre de Penisetum esos espacios.

–Hablemos de la palmera canaria (Phoenix canariensis), una de las especies vegetales más emblemáticas de Canarias. Ha sufrido y sufre malas prácticas y peores plagas. ¿Qué fue primero, el huevo (de las podas salvajes y los trasplantes mal ejecutados) o la gallina (de ataques masivos de insectos que se la comen)?

–Malas prácticas siempre se han hecho, lo que ocurre es que antes no había la incidencia de las plagas y enfermedades que hay hoy en día. Antes, los lugareños de cualquier espacio de Canarias que tuviesen una palmera disponían de un recurso y las labores culturales que se le hacían eran extractivas, para aprovechar las pencas, los pírganos, las hojas. Las podas eran considerables y permanentes, porque había una necesidad de ese recurso por parte de cesteros, ganaderos, etc. Y las palmeras volvían a brotar con fuerza.

“Todo bicho que toca la palmera canaria se enamora de ella: es un festín”
“Eso hoy en día es inviable. Primero, el cambio climático y la sequía permanente están afectando y, segundo, la globalización está poniendo en contacto a especies que se llevan “fenomenal”, por ejemplo la Diocalandra frumentii [picudo de la palmera] con la Phoenix canariensis: todo bicho que toca la palmera canaria se enamora de ella y quiere más. Se trata de una palmera que ha tenido una evolución al margen de esos patógenos, con lo cual no está adaptada para protegerse de ellos y desde el momento en que llegan los insectos encuentran una palmera generosa en “carne” (recordemos que, de las 3.600 especies de palmeras que hay en el mundo, es la segunda con el tronco más grueso, con más corpulencia y brío). Son comida para los insectos y los insectos no son tontos. El picudo rojo y la Diocalandra entran con otras especies a Canarias y cuando se encuentran con la palmera canaria no quieren saber nada de otras. Como ha pasado en toda la cuenca mediterránea, en cuanto el picudo rojo encuentra la palmera canaria es un festín.

–Algo hemos aprendido: creo que el picudo rojo es una amenaza que ya está controlada.

“El picudo rojo en cuestión de dos o tres meses mata a la palmera. Es una acción muy virulenta que genera una situación de alarma muy importante”
–Es muy interesante y los datos están ahí para quien los quiera ver. Mucha gente a la que le toca trabajar todavía está mirando para otro sitio, no sé a qué están esperando. El picudo rojo llega a Canarias en 2005, pero en 1998 ya estaba la Diocalandra, porque son dos maneras de prosperar y de atacar a la palmera. El picudo rojo realiza una acción brutal porque va directamente al cogollo de la palmera, al meristemo terminal, a la única yema que tiene la palmera canaria. Hay palmeras que tienen varios troncos y puede haber una afección en un brazo o en otro y puede escapar, pero la palmera canaria es monopódica, sólo tiene un tronco y la yema apical rodeada de un montón de “carne”, ahí es donde entra el picudo rojo y en cuestión de dos o tres meses mata a la palmera. Es una acción muy virulenta que genera una situación de alarma muy importante.

“La Diocalandra lo que hace es afectar del exterior hacia el interior a las ruedas de hojas (cada rueda de hojas de la palmera canaria tiene ocho pencas), porque tiene una estrategia a largo plazo y más útil que la del picudo. El picudo llega y se carga al huésped, cosa que no suele ser normal en los insectos, que intentan alargarle la vida. Además, el picudo es un sibarita en el sentido de que no afecta a todas las palmeras a jecho [indistintamente], sino que va eligiendo palmeras, una aquí, otra a 500 metros. Diocalandra frumentii va a todas y si por medio aparece otra especie la utiliza de trampolín hasta llegar a la palmera canaria. Va a jecho, pero su estrategia no es tan voraz con el huésped.

“Cuando el picudo rojo llega a Canarias ya había pasado por otros países con capacidad de investigación, así que llega con un ‘manual de quién soy”
“En el 2005, cuando llega el picudo rojo a Canarias ya se había advertido de que iba a llegar, porque las plagas y enfermedades que entran en la cuenca mediterránea acaban llegando a Canarias. Eso es así porque las relaciones comerciales de plantas vivas y de frutas, verduras y hortalizas vienen en esa dirección. Y encima estábamos importando plantas que eran las que en la Península habían traído el picudo rojo, pero la legislación estaba así y nos dijeron poco menos que nos la teníamos que comer. Y así fue. Pero cuando el picudo rojo llega a Canarias ya había pasado por otros países con capacidad de investigación (como Israel o muchos países del norte de África con una economía basada en el dátil, también Francia, Italia, España), así que llega con un “manual de quién soy”: cómo afecta, la feromona de síntesis, los insecticidas… El Gobierno de Canarias, hay que decirlo, hizo un gran trabajo, entre otras cosas porque la sociedad se movilizó, sobre todo a través de la Asociación Tajalague con Eduardo Fránquiz al frente. El Gobierno de Canarias se activó y puso medios y recursos como no se habían puesto hasta ahora para controlar una plaga en una especie canaria. Y tuvo mucho éxito, tal es así que en Gran Canaria ya se da por extinguido el picudo rojo y en Fuerteventura yo creo que también.

“Desde 1998 tenemos a la ‘Diocalandra frumentii’, no se hizo nada y corrió como la pólvora”
–¿Y el picudo de la palmera [Diocalandra frumentii]: hay tratamiento pero no hay dinero, o a la inversa?

–A diferencia del picudo rojo, a la Diocalandra no se le hizo caso. Francesco Salomone, ingeniero agrícola del ICIA (Instituto Canario de Investigaciones Agrarias) que vino a hacer un estudio del palmeral del oasis de Maspalomas, advirtió de que había una depresión vegetativa con muchas palmeras que se estaban muriendo. Posteriores estudios de los hermanos Rodríguez, de la Granja Agrícola del Cabildo de Gran Canaria, hicieron estudios en el transcurso de los cuales apareció la Diocalandra frumentii y se comunicó a las autoridades. Pero así como el picudo vino de zonas desarrolladas y con capacidad de investigación, la Diocalandra llega del sudeste asiático (de donde es también el picudo rojo), pero entra por el sur. No sabemos cómo. Yo puedo aportar como hipótesis que Maspalomas es uno de los lugares del mundo más visitados y Diocalandra frumentii tiene la capacidad de vivir incluso después de haber lavado la ropa, así que pudo ser un caso fortuito de alguien a quien se le pegó el bicho, tal vez en Australia, donde está afectando mucho a la Phoenix canariensis. El caso es que desde 1998 la tenemos, no se hizo nada y corrió como la pólvora, porque hemos jugado a su favor y en contra de la palmera canaria, que la hemos plantado por todos lados, incluso en aquellos lugares donde no le tocaba. Se han plantado palmeras por todos los bordes de carreteras y a este insecto, que es pequeñito y vuela poco, estos corredores le han servido de mecha para extenderse por la isla. Él lo único que hace es…

“Se han plantado palmeras por todos los bordes de carreteras y a este insecto, que es pequeñito y vuela poco, estos corredores le han servido de mecha para extenderse por la isla”
–…¡Ir saltando!

–Tal es así que ya tenemos en los palmerales naturales una afección muy importante, están muriendo palmeras en varias de las cuencas de Gran Canaria. Hasta ahora lo único que se ha hecho, que yo sepa y es un montón pero tarde, es sintetizar la agregación de feromona de Diocalandra frumentii por parte del ICIA del Gobierno de Canarias. Aún no se ha puesto en marcha el tratamiento porque tiene que pasar un período de un año que se cumple en diciembre, con lo cual para la estrategia de control de la Diocalandra podemos tener una herramienta muy importante. ¿Por qué se llegó tarde? Porque no hemos hecho los deberes. Cuando el picudo llega a otros países, esos países se ponen a estudiar porque tienen un problema. Pero cuando llega a Canarias, aquí estamos esperando a que alguien venga a arreglarnos el problema. Si no investigamos nosotros llegamos a una situación crítica como la que tenemos.

–¿Qué alcance tiene la plaga de Diocalandra?

–La Diocalandra afecta a todas las palmeras naturales y urbanas de Gran Canaria por debajo de la cota de los 200 metros y está subiendo al interior de la isla a través de algunos barrancos hasta los mil metros: en la cuenca de Arguineguín ya ha llegado hasta arriba; en la cuenca de Ayagaures, hasta Las Tederas. Está en palmerales tan emblemáticos como los de Arteara y El Aserradero.

“La Diocalandra está subiendo al interior de la isla de Gran Canaria a través de algunos barrancos hasta los mil metros”
–¿Y en el resto de archipiélago?

–Está en todas las islas excepto en El Hierro, porque no hay palmeras. Si empezásemos a trabajar con la feromona de atracción (para activar unos trampeos masivos en los que podamos capturar los adultos), después podríamos desarrollar endoterapias no agresivas, unas aplicaciones en el interior de la palmera por medio de agujas y golpe físico, que no desgarra los tejidos sino que se hace hueco en ellos. No hay que introducir el insecticida con taladro y una barrena, que mata al bicho pero deja en la palmera heridas que no cicatrizarán nunca y por ahí le van a entrar hongos, porque la Phoenix canariensis es una monocotiledónea, una hierba gigante. Con la aguja podríamos depositar el producto en el interior de la palmera y desde el punto de vista medioambiental no hay un coste importante. Ten en cuenta que cuando se hace un tratamiento en spray o aerosol a un árbol o a una palmera, un 80% de producto se pierde y cae en los pájaros, en insectos beneficiosos, en la gente. La legislación ya regula y prohíbe. Los fitosanitarios no me gustan, pero la alternativa es quedarnos sin palmeras hasta poder utilizar otras técnicas cuando estén mejor. Las palmeras que no se tratan frente a la Diocalandra frumentii acaban muertas. Y ya no es solamente el problema de la Diocalandra, sino que esta plaga está haciendo de dispersor de dos enfermedades que en Canarias estaban más o menos apaciguadas y controladas, la Fusarium oxysporum subespecie canariensis y la podredumbre negra o Thielaviopsis paradoxa que es la responsable de estas palmeras fantásticas que de repente se descogollan y resulta que el interior estaba todo podrido. Eso aparte de las malas prácticas de muchos de los podadores.

“No hay que introducir el insecticida con taladro y una barrena, que mata al bicho pero deja en la palmera heridas que no cicatrizarán nunca y por ahí le van a entrar hongos”
–Un tema, el de las malas prácticas culturales en la palmera canaria, que viene de atrás. Vamos a recordarlo una vez más, ¿qué es lo que no se debe hacer en los cuidados y podas?

–La mejor poda es la que no se hace. He comprobado que las palmeras que no tocamos son las que mejor están. Algo estamos haciendo mal, por mucho que se haya generado una pseudocultura que genera beneficios y hay gente viviendo de ella. No entendemos la fisiología y la morfología de la palmera canaria. Los ayuntamientos están contratando a gente para que hagan prácticas prohibidas por todo el archipiélago y hay un desparrame con el tema de los cepillados, con la formación de cabezas y de valonas artificiales que está haciendo un daño a las palmeras canarias impresionante. La normativa de 2007 para regular las acciones y labores culturales en Phoenix canariensis dice que se prohíben los cepillados y cortar hojas verdes salvo por seguridad y un montón de cosas más, para preservar la palmera canaria, pero parece que desde que está controlado el picudo rojo se ha vuelto a levantar la veda, “ahora puedo hacer lo que me dé la gana”. No es así y las administraciones no están haciendo nada. Ahora que ya no está el picudo debemos adaptar la normativa a la Diocalandra frumentii. ¡Somos el único lugar de Europa donde todavía se sigue permitiendo el acceso y trepa a una palmera con trepolina, con espuelas! Las están pinchando cientos de veces al año porque hay que subir un montón de veces, haciéndoles daño cuando sabemos que una palmera no cicatriza sus heridas. Cada vez que se toca el tronco y el cogollo a una palmera canaria, tiene problemas. Es el momento de poner en valor todo el conocimiento que poseemos para regular todo esto, porque nos quedamos sin palmeras.

“No se debe plantar ninguna palmera más en Canarias hasta que se resuelva el problema fitosanitario, porque, si no, estamos dando de comer al bicho”
“Y otra cosa que no se debe hacer es plantar ninguna palmera más hasta que se resuelva el problema fitosanitario, porque, si no, estamos dando de comer al bicho. Además, cuando se establezcan los planes de control, hay que arrancar más de la mitad de las palmeras urbanas y del borde de carreteras para romper esos corredores, sobre todo en las intersecciones con los barrancos que desembocan donde están los grandes palmerales naturales. O lo hacemos nosotros o la Dicalandra. Llevamos diez años diciéndolo y todavía no sabemos hasta donde llega esta plaga, porque no se han hecho prospecciones para preservar lo sano. Donde fue, ya fue. Vamos a donde no ha llegado y necesita su preservación ya: los palmerales del noroeste de Gran Canaria (Acusa Seca, Acusa Verde) que genéticamente, los estudios así lo dicen, son de los más puros y fuente semillera. ¿Cómo no vamos a preservar eso más que sea?

–Terminamos, después de tanto tirarnos de los pelos, un recuerdo dulce…

–Por mucho que me cabree soy un afortunado trabajando en todo el archipiélago, me permite tener una visión espacial de cómo funcionan los ecosistemas y, en alguna ocasión, aportar granitos de arena en la preservación de las especies y de los ecosistemas. Esa es una satisfacción que a mí me llena mucho.

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