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Sabine Willmann, alemana con alma herreña

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“El Hierro es algo difícil de explicar, aquí todavía se puede escuchar el silencio”, dice la fundadora del Festival Bimbache openArt en su entrevista para la sección “Cita con Canarias”. [Versión íntegra de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº 27 (2ª época, enero 2015)].

Por YURI MILLARES

El Hierro es algo más que una isla mítica para quienes han oído hablar de ella: es una tierra que enamora a quienes la visitan. Es lo que le ocurrió a esta alemana que decidió quedarse a vivir en ella, pero con un firme compromiso: hacer que otros muchos que no la conocen descubran también el equilibrio que transmite la relación entre su gente y su territorio. Y lo hace desde sus casas de alojamiento rural en El Sitio, o su residencia para artistas en CasArte, o con el Festival Bimbache openArt que reúne a músicos de todo el mundo en esta pequeña isla ‘perdida’ en medio del Atlántico.

■ OJO DE PEZ / Días de ensueño y casas coquetas

Por TATO GONÇALVES

Entre cielos que parecían encantados, faros que rozaron el fin de la tierra conocida, coquetas y bellas casas rurales en Los Llanillos y el placer de contactar con la mejor gente, Sabine nos hizo pasar unos días de ensueño en la isla del Meridiano. Por problemas de agenda, sin embargo, no le pudimos hacer nosotros la foto. Un oportuno móvil fue la solución ●

“El Bimbache openArt Festival es un profundo amor al arte sin fronteras y un honesto deseo de contribuir a la mejora de la condición humana”

–¿La primera vez que vino a la isla de El Hierro era una simple turista que pasaba por aquí o ya venía buscando algo especial?

–Fue hace 35 años. Trabajaba como maestra y viajé durante las vacaciones de otoño que hay en Alemania. Ya conocía las otras islas del archipiélago y me faltaba una… ¡tenía mucha curiosidad por conocerla!

–¿Lo que hay entre Sabine y El Hierro es amor a primera vista?

sabinne-willmann-2714-2–Sí, es amor a primera vista y algo mucho más profundo… como haber reencontrado un lugar para enamorarse que buscaba mi alma hace siglos.

–Tiene casa en la isla, ¿cuándo vino para quedarse?

–Primero me hice una casa donde estar durante las vacaciones de mis hijas en verano y dos o tres veces más al año. Después vinieron unos años en los que regresaba cada seis a ocho semanas. Hasta que en 2001 me mudé para quedarme a vivir. Pero ahora tengo que irme de vez en cuando, porque tengo tres nietos que, lamentablemente, no pueden vivir conmigo aquí, sus padres tienen trabajo en Alemania.

–Nació en Hamburgo, que es donde tiene su familia. ¿Cómo era su vida allí antes de conocer El Hierro?

–Bueno, tenía familia, dos hijas, un buen trabajo que estaba bien pagado. Pero me faltaba la libertad de hacer las cosas de otra manera. Al final dejé ese empleo y creé mi propio centro para talleres de salud, creatividad, arte y espiritualidad, en un invernadero grande con calefacción que había en el jardín de casa. Allí iban músicos conocidos para grabar o hacer conciertos en un ambiente especial. Todavía existe y lo lleva una amiga mía.

Portada del programa del X Festival Bimbache openArt.
Portada del programa del X Festival Bimbache openArt.

–Le gusta la isla por su tranquilidad y su naturaleza, pero sus casas de turismo rural son mucho más que un lugar donde pasar la noche. Con tantas actividades en las que se implica, ¿tiene tiempo para disfrutar de lo que ofrece a sus huéspedes?

–Me gusta la isla porque es un sitio único. No sólo por su naturaleza y tranquilidad, también por su gente. El Hierro es algo difícil de explicar. Hay que vivirlo, venir, olvidar todo y entregarse. Aquí todavía se puede escuchar el silencio. Es cierto que ofrecemos organizar las vacaciones a nuestros clientes, con senderismo, parapente, buceo, masajes, yoga, etc. Pero disfruto de todo…

–El pasado verano se ha celebrado el X Festival Bimbache openArt, un cita con El Hierro que se ha dejado ver incluso en Alemania. ¿Cómo nace este festival y por qué?

–En el fondo lo que hay es un profundo amor al arte sin fronteras y un honesto deseo de contribuir a la mejora de la condición humana. Yo no soy músico, pero ya en mi país nativo abrí mi casa a músicos, artistas y filósofos de cualquier lugar. Un día, hace 13 años, me encontré en El Hierro con un guitarrista de jazz, un alemán que vivía en Nueva York y tocaba allí con Pat Metheny, Whitney Houston… Alguien le había dado mi teléfono y aquí en El Hierro se enamoró de la isla. Sólo estuvo tres días, pero desde entonces mantuvimos el contacto, nos seguimos conociendo y vimos que teníamos cosas e ilusiones en común…

Sabine Willmann con la profesora Herminia Martínez, del Área de Escultura del Departamento de Arte de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca.
Sabine Willmann con la profesora Herminia Martínez, del Área de Escultura del Departamento de Arte de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. durante la firma del convenio para la realización de residencias artísticas en CasArte por parte de alumnado y profesorado de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca (Universidad de Castilla La Mancha).
–¿Torsten de Winkel?

–Sí. Al cabo de tres años volvió a El Hierro… y creamos el festival para convocar y unir como iguales a músicos de todas las culturas y tradiciones, por supuesto también de aquí; para fomentar la convivencia y crear un ámbito donde cada uno pueda aprender de cada otro en lugar de competir. Como un faro para todo el mundo. Él es el ideólogo y director artístico del Bimbache openArt (y ahora también con la CasArte, nuestro programa de artistas en residencia para fomentar el espíritu de convivencia intercultural e interdisciplinar) y está entregado al cien por cien a ello en la isla, a donde se ha mudado desde Nueva York.

“Creamos el festival para convocar y unir como iguales a músicos de todas las culturas y tradiciones”

–¿Qué hay de El Hierro y qué hay del mundo en este festival?

–Desde el principio hemos insistido en incluir representantes de la cultura local e invitarles a participar y colaborar por igual, junto a representantes de cuatro continentes. El festival no hubiera visto ni su segunda edición si el pueblo herreño no hubiera visto que tratamos sus tradiciones culturales, tanto musicales como de convivencia, con mucho respeto. Pero lo más importante, y en lo que destaca esta propuesta respecto a los demás festivales, es que los artistas no se limitan a ofrecer su repertorio de siempre, sino que colaboran y participan más allá para lograr pequeños milagros de colaboración y convivencia pacífica y productiva en diversos talleres como ejemplo para el mundo.

–Si la isla de El Hierro no existiera, ¿dónde querría hacer el festival?

–En cualquier lugar donde la buena voluntad de la gente, su amabilidad, sus corazones abiertos, su apuesta por la sostenibilidad, la conservación de valores y su apertura a una vanguardia cariñosa fomenten exitosamente lo que Abraham Lincoln llamó los mejores ángeles de nuestra naturaleza. La verdad es que teníamos elementos de lo que ahora es Bimbache openArt en varios proyectos anteriores en Nueva York y Hamburgo, pero la experiencia nos ha enseñado que los valores básicos y sencillos escasean más en los grandes centros urbanos o turísticos. Además, El Hierro es un símbolo: fue el meridiano cero y se encuentra simbólicamente entre África, Europa y las Américas. Vamos a seguir llevando nuestro mensaje humano a donde nos inviten, pero seguiremos con el corazón y los pies firmes en nuestra querida isla.

–¿Cómo se consigue que un festival en una isla tan pequeña y tan poco poblada, “perdida” en medio del océano Atlántico, esté avalado por la Unesco?

–La verdad ]es que eso no es importante. Desde el principio hemos apostado con fuerza por valores, tanto en la conservación y divulgación de tradiciones antiguas y autóctonas, como sobre todo en el encuentro y colaboración abierta entre culturas, tradiciones y vanguardia sin prejuicios. En 2007, el director del Centro Unesco de Canarias destacó precisamente estas dos cualidades como base para una doble recomendación. Y que conste que no significa ninguna ayuda financiera, pero nos da ánimo y nos hace sentirnos percibidos y comprendidos.

“Hemos llevado el tambor herreño a China, a Estados Unidos, a la cumbre mundial del clima en Copenhague, a varios festivales en Alemania vinculados con temas de sostenibilidad…”

–Sin embargo, no parece que corran buenos tiempos para la cultura y la ciencia, al menos en España. ¿Han tenido dificultades en algún momento que pusiera en peligro el festival, alguna vez han pensado en tirar la toalla?

–¡Todo el rato! –ríe–. Cada año hemos acabado aumentando la oferta del festival, trabajando con más iniciativa y nuevos modelos de gestión, con menos dependencia de las subvenciones.

Torsten de Winkel, director artístico del Bimbache openArt Festival con Kike Perdomo y Nantha-Kumar.
Torsten de Winkel, director artístico del Bimbache openArt Festival con Kike Perdomo y Nantha-Kumar.

–En esta décima edición han estado en Alemania. ¿En qué otros países se conoce el Festival?

–Hemos llevado el tambor herreño y lo que llamamos “Canarias All Stars” (un elenco interdisciplinar, con representantes de un abanico de estilos practicado en Canarias) a China, a Estados Unidos, a la cumbre mundial del clima en Copenhague, a la Península durante la Expo en Zaragoza, a varios festivales en Alemania vinculados con temas de sostenibilidad. Donde realizar giras con una gran banda hubiera sido imposible financiar, presentamos una muestra del repertorio en dúo.

–¿Cree que los canarios de otras islas conocen el Bimbache openArt Festival?

–Después de diez años, el Bimbache openArt parece haberse convertido en algo un poco mítico, tanto como lo es la isla de El Hierro en los corazones de muchos canarios que no necesariamente van, pero tienen una idea muy positiva de ella. Esperamos que algún día, antes de agotarnos por falta de ayuda, recibamos más apoyo.

–Terminamos, un recuerdo dulce.

–Ya hace más de veinte años que tenía a un señor mayor, herreño, trabajando con piedras haciendo muros en El Sitio, un verdadero artista: Aquilino, q.e.p.d. Un día me invitó a caminar con su familia en una procesión con un santo del pueblo. Como nací en una ciudad alemana después de la guerra, donde no hay costumbre de procesiones, me daba vergüenza caminar con ellos y se lo dije. Me respondió con una sonrisa: “Mi niña, casi todos aquí fuimos a vivir a Venezuela o Cuba, sabemos cómo se siente uno fuera y se lo digo de verdad. Venga con nosotros mañana, es una de nosotros”.

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