Home»Gastroclub»Bodegas»Domínguez IV Generación, la evolución del ‘vino de Tacoronte’

Domínguez IV Generación, la evolución del ‘vino de Tacoronte’

2
Compartido
Pinterest Google+

Aunque constituida como empresa en 1992 y el año 2017 “sólo” celebran su 25 aniversario, los orígenes de esta bodega se remontan al último cuarto del siglo XIX y a la actividad del hacendado José Domínguez Ramos, bisabuelo de los tres hermanos fundadores de Domínguez Cuarta Generación SL. Fieles al tradicional vino tinto de la zona, lo han convertido en un clásico. [En PELLAGOFIO nº 56 (2ª época, septiembre 2017)].

Por YURI MILLARES

En una época en que la viticultura y los vinos de Tenerife “estaban en decadencia y parecía que iban a la extinción”, explica Cristóbal Domínguez Pastor, viticultores y bodegueros apoyados por las instituciones locales y el Cabildo plantean potenciar el sector con la creación de denominaciones de origen para sus vinos.

La primera de DO de Canarias fue la de Tacoronte-Acentejo, en 1992, año en que Cristóbal y sus hermanos José y María Luisa se incorporan a ese impulso por recuperar la calidad y el prestigio de los vinos de su comarca: fundan Domínguez Cuarta Generación SL con la idea de sustituir los vinos a granel de aquella época, “que técnicamente no estaban bien acabados ni perfilados”, por vinos embotellados y, “contratando a un enólogo y transformando la viña, trabajar de forma profesional para mejorar los vinos, sin depender de que yo pudiese venir aquí durante el fin de semana”.

El enólogo con Cristóbal Domínguez, visitando una de las fincas que cultiva la sociedad Domínguez Cuarta Generación.| FOTO Y. MILLARES
Porque así había sido los años anteriores. “Nosotros habíamos recibido, por línea familiar, unas tierras que veníamos cultivando con medianeros por el sistema tradicional, elaborando vino que vendíamos al que lo quisiera comprar en el sector de los bares de la zona. Pero todo esto iba cada vez peor”, recuerda Cristóbal. “Hacía el vino a granel yo personalmente, no teníamos técnico. Estaba al tanto de la vendimia, elaboraba el vino, yo mismo los trasegaba, fregaba los envases y venía después el parroquiano a ver si le gustaba el vino y compraba o no compraba. Y era un desastre, porque mi actividad no era estar en la bodega ni vigilando los vinos”.

Otro apasionado de la viticultura y de los vinos había sido su tío, padrino y tocayo Cristóbal, tercera generación en esta familia de bodegueros, abogado y amigo del pintor surrealista Óscar Domínguez

Botellas en taxi a los hoteles
Antes que él, otro apasionado de la viticultura y de los vinos había sido su tío, padrino y tocayo Cristóbal. Tercera generación en esta familia de bodegueros, era abogado y amigo del pintor surrealista Óscar Domínguez –que nació en una casa a pocos metros de la bodega, aunque, pese al apellido, no eran parientes cercanos–, al que iba a visitar a París. Estuvo igualmente empeñado en elaborar y vender vinos, e incluso ya embotellaba en torno a 1949 (con una etiqueta, por cierto, recuperada en 2015 para una elaboración especial de la bodega: un vino blanco de uva tinta negramoll).

“Era todo artesanal, embotellaba poco, llenando directamente desde el envase con una gomita y todas las botellas en el suelo. Recuerdo irle poniendo las cápsulas a las botellas (yo era un niño de seis años –dice–), y recuerdo también de verlas poner en la maleta de taxis de los de Tacoronte de aquella época, para llevarlas al Puerto de la Cruz, a los hoteles. Uno de aquellos taxistas me acuerdo que se llamaba Avelino”. Su tío murió joven y sin descendencia unos veinte años después y él cogió el testigo.

Cristóbal Domínguez, bodeguero:
“Seguimos haciendo el vino de Tacoronte, que siempre se ha hecho mezclando la uva tinta con un poco de blanca”

Lo que Cristóbal Domínguez Pastor siguió haciendo era “el vino de Tacoronte, que siempre se ha hecho mezclando la uva tinta con un poco de blanca”. Constituida la empresa por los tres hermanos en dicho año 92 (que en 2002 se amplió con la entrada de cinco primos, también bisnietos de aquel José Domínguez), “lo primero que se hizo fue embotellar el último año del vino tradicional que se había hecho, testimonialmente, porque dio muy poco –continúa relatando–. Y el siguiente ya fue elaborado por el enólogo que contratamos, Ricardo Gutiérrez de Salamanca. Empezamos embotellando cinco mil botellas y ya hemos llegado a treinta mil, aunque los últimos años las producciones han bajado a quince mil porque ha habido unas cosechas muy cortas”.

Cristóbal Domínguez y el enólogo Gabriel Morales entran a la sala de barricas de la bodega. | FOTO Y. MILLARES
Los primeros años de los renovados caldos Domínguez se dedican a consolidar la marca como vino embotellado de calidad, centrados exclusivamente en un único producto: el vino tradicional de Tacoronte. “Ese fue el primer objetivo de la bodega –insiste–, el mismo tipo de vino que se hacía, pero mejorando en calidad, sustituyendo los lagares abiertos, usando tecnología con frío.”

Objetivo cumplido y superado
En 2017 celebran 25 años de trabajo bien hecho, habiendo cumplido y superado con creces el objetivo. Su “vino de Tacoronte” es hoy el Domínguez Clásico, compendio de los vinos de todas las fincas de los Domínguez (María Luisa, José, Cristóbal, Juan Ramón, Javier, Pedro, Antonio y Soledad). “Es el vino estrella de la bodega, el único que hacemos todos los años. Un vino en el que recogemos una tradición de cuatro generaciones”, explica Gabriel Morales Francés, su enólogo desde 2004.

Gabriel Morales, enólogo:
“Domínguez Clásico es el vino estrella de la bodega, el único que hacemos todos los años. Un vino en el que recogemos una tradición de cuatro generaciones”

Se trata de la mezcla de las cuatro variedades tradicionales (listán negro, negramoll, tintilla y listán blanco) y la mezcla de los vinos de las distintas fincas. “Los vinos de la parte baja (sobre los 450-500 m de altitud) son más robustos, más recios, con más color, más estructura y un pelín cortos de acidez; mientras que los de la parte alta (llegan casi hasta los 700 m) son vinos más frescos, más aromáticos, más suaves, con bastante más acidez y a veces les falta un poquito de estructura. La mezcla de esos vinos da el equilibrio a Domínguez Clásico”, resume el técnico.

Vendimiada cada uva por separado, finca por finca, una vez terminados los vinos se mezclan y se guardan en barricas donde suelen estar entre cuatro y seis meses. “Es un vino cuyo momento óptimo de consumo oscila entre los cuatro y los seis años, aunque a veces aparecen sorpresas como el del año 98, que 19 años después está prácticamente vivo”. La idea es esa cuando elaboran este vino, para lo que es importante el porcentaje de negramoll –es la bodega de la comarca con mayor producción de esta uva–, la acidez y la frescura que tiene. “Hace que sean vinos que evolucionen bastante bien, complejos pero a la vez fáciles de beber, que permiten acompañar cualquier comida sin imponerse”.

La línea Colección Domínguez, “un poco para divertimento del enólogo”, ríe Gabriel, es una colección de vinos de parcela

Pero tienen mucho más que celebrar, pues la mayor parte de los años también están elaborando un blanco de uva negramoll (que en 2015 fue el Domínguez En Blanco, rescatando la etiqueta de los años 40 del siglo XX) y, puntualmente, vinos de gamas altas, con tiradas más limitadas en años especiales que se prestan a ello, como por ejemplo el Antología (una mezcla de negramoll, castellana, baboso negro y un poco de verdello blanco), con un año en barrica y dos años en botella al salir al mercado; o la línea Colección Domínguez, “un poco para divertimento del enólogo”, ríe Gabriel. Es una colección de vinos de parcela, diferentes según los años, con uvas de alguna de la docena de variedades que cultivan en una decena de fincas. Por ejemplo, en el año 2013 sacaron un castellana negra de El Adelantado, un negramoll de Fray Diego y un cuvée blanc de uvas malvasía de Punta del Hidalgo y verdello de El Adelantado.

■ LA CATA
Atractivos en nariz, personales en boca

columnista-mario-reyes-3Por MARIO REYES
Sumiller y propietario de la Enoteca El Zarcillo (Tafira Alta).

El Antología es rojo muy intenso, de buena capa. En nariz es un vino abierto y bastante potente, muy cargado de especias, con notas de fruta bastante maduras, con potencia y franqueza, se le notan un poco los toques de roble pero en una nariz muy atractiva. En boca, un vino todavía por redondear y afinar en botella. Es ligero, se nota la presencia del tanino que le da un poco de aspereza, con un final no muy largo y un ligero amargor. Un vino para un guiso de carne o conejo que combine con esa sensación tánica.

El Negramoll es de un color un poco más ligero, más pálido, con una tonalidad más cardenalicia. Muy curioso en nariz, más abierto y más franco, donde el roble está bastante más integrado y la nariz tiene notas de hierba seca, de fruta madura, incluso un fondo como de paté y aceituna. En boca está muy rico, ligero, con una acidez muy crujiente; muy vibrante, muy agradable, muy largo. Un vino con bastante personalidad, refleja bastante el concepto del terruño, lo que es la negramoll y el perfil atlántico. Un vino tanto para tomar con un pescado o un pulpo en un aperitivo, como para abrir con él y después continuar. Muy interesante.

FICHAS

Domínguez Cuarta Generación.
Marca:
Domínguez Antología.
Tipo: tinto 12 meses en barricas de roble americano de 500 l. y dos años en botella.
Uvas: negramoll, castellana, baboso negro y verdello blanco.
Añada: 2012.
Graduación: 14.
DO: Tacoronte-Acentejo.
Domínguez Cuarta Generación.
Marca:
Domínguez Colección Negramoll.
Tipo: tinto 12 meses en barricas de roble americano de 500 l.
Uvas: negramoll (100%).
Añada: 2013.
Graduación: 14.
DO: Tacoronte-Acentejo.

Anterior

El yugo invisible lo selló a la tierra

Siguiente artículo

Alberto González, enólogo al rescate de variedades de uva olvidadas o desconocidas

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *