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La chispa del ‘frizzante’ con acento canario

La Bodega Comarcal del Valle de Güímar (Tenerife), que marcó tendencia en Canarias con su vino blanco "afrutado" presenta ahora un divertido y fresco rosado de baja graduación...

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La Bodega Comarcal del Valle de Güímar (Tenerife), que marcó tendencia en Canarias con su vino blanco semiseco al que denominó “afrutado” y metió en una botella azul, que supo sacar partido a la poca acidez de la uva listán de cotas bajas elaborando una atractiva línea de espumosos, presenta ahora un divertido y fresco rosado de baja graduación, en la línea de los vinos de aguja conocidos por su nombre en italiano. [En PELLAGOFIO nº 32 (2ª época, junio 2015).]

Por YURI MILLARES

“Una empresa con 152 viticultores que son los socios, con tanta uva, instalaciones, medios y una marca no puede anclarse en cuatro cosas, hay que pensar en qué es lo que se vende”, explica Domingo Delgado, enólogo de Bodega Comarcal del Valle de Güímar. Con esa inquietud que siempre le ha caracterizado, pensando en esos 152 viticultores y los paisajes de viña que representan, no ha dejado de aportar ideas y propuestas en sintonía con la dirección de esta SAT (Sociedad Agraria de Transformación) para innovar y aprovechar al máximo lo que la uva que cultivan ofrece. Y además, presentarlo y venderlo de forma atractiva.

El personal de la bodega brinda con el enólogo y con el presidente de la SAT de viticultores (ambos en el centro).| FOTO YURI MILLARES
El personal de la bodega brinda con el enólogo y con el presidente de la SAT de viticultores (ambos en el centro).| FOTO YURI MILLARES

Con la marca cabecera de la bodega, Brumas de Ayosa, revolucionaron el mercado de los vinos blancos semisecos de Canarias, a los que pusieron el nombre de “afrutado” y presentaron en una botella azul. El éxito fue tal que presentar a este tipo de vino con ese nombre y color de botella es hoy algo asumido por el resto de bodegas de Tenerife, la mayor productora del archipiélago.

Pero no toda la uva blanca de la comarca da los mismos parámetros de acidez para un buen vino. Cultivada a altitudes que oscilan entre los 1.300 m de la cumbre a los 200 m de la costa, con la listán blanco de las cotas más bajas había que hacer algo distinto. Y lo hicieron, proponiendo a los viticultores vendimiar más pronto, con la uva todavía verde, y destinar esa producción a la elaboración de vinos espumosos. El éxito de la iniciativa se ha convertido en una gama que incluye tres elaboraciones distintas de delicada y fina burbuja: un brut nature, un afrutado y un reserva.

A diferencia de otros vinos frizzanti, el Brumas de Ayosa lleva etiqueta de calidad de denominaciòn de origen.| FOTO Y. M.
A diferencia de otros vinos frizzanti, el Brumas de Ayosa lleva etiqueta de calidad de denominaciòn de origen.| FOTO Y. M.

Viticultura policromática
La chispa de la iniciativa ha vuelto a surgir ahora, cuando se plantearon aprovechar mejor la uva listán negra de la zona de medianías bajas a 500 metros de altitud. “Tenemos una viticultura policromática, con mucha diversidad a distintas alturas. Tenemos la oportunidad de elegir, con tres o cuatro variedades mayoritarias, distintas alturas, distintas climatologías, distintos terrenos, distintas formas de cultivar, distintas técnicas y eso es un lujo”, argumenta Domingo Delgado.

“Es pura golosina, con una chispa de carbónico que lo hace refrescante y divertido. Ideal como vino de aperitivo o vino de entrehoras y con un magnífico maridaje con postres de frutas y chocolate”

Cuando la tendencia actual del consumidor apunta más hacia el consumo de vinos blancos, invirtiendo lo que el mercado demandaba hace unos años, ¿qué hacer con el excedente de uva tinta?Para responder a esa pregunta lo primero que hicieron es estudiar “que se está tomando el mercado. Porque a veces en las bodegas tendemos a hacer el vino que nos gusta a nosotros y es un error. Primero hay que hacer el vino que se vende”, explica. Fue así como se plantearon la opción de elaborar un rosado distinto, pero pensando ir más allá del rosado semiseco que últimamente “tiene tirón” y “pensamos en darle una vuelta”, añade Patricia Pérez Perdomo, responsable de área comercial de la bodega.

Entonces se fijaron en los vinos de aguja, que en España se presentan adoptando el nombre por el que se conocen en Italia: frizzante.

Con uva de parcelas especialmente seleccionadas “cortamos verde como para un vino sólo de 10-11 grados, refrigeramos el mosto y lo dejamos en frío durante uno o dos meses con la idea de fermentar por demanda, para que el producto salga lo más fresco posible”.

La calculadora no sabe catar
El vino de aguja o frizzante en realidad es un mosto parcialmente fermentado con sus apenas cinco grados de alcohol natural. “La normativa para este vino, que en realidad es mosto, es que al menos 3/5 partes del azúcar inicial tiene que quedarse sin fermentar. Eso te encasilla muchísimo”, dice Delgado.

Con la calculadora en la mano y después de varias microvinificaciones “en busca del equilibrio gustativo, porque la calculadora no sabe catar”, ríe, el producto estaba listo: un mosto con 70-80 gramos de azúcar no fermentado, fresco y nada empalagoso. Sólo faltaba presentarlo en sociedad, cosa que se hizo con una botella que “rompe la estética tradicional de los vinos canarios con un diseño atrevido, innovador y elegante obra de Giovanni Vega”, destaca Patricia Perdomo.

La botella, mateada y serigrafiada, “da la sensación de frescor que se produce cuando las brumas entran en nuestro pinar, pero a la vez resaltando el color del vino, como si de una primavera se tratara”, añade. “El Brumas de Ayosa Frizzante 5 es pura golosina, con una chispa de carbónico que lo hace refrescante y divertido. Ideal como vino de aperitivo o vino de entrehoras y con un magnífico maridaje con postres de frutas y chocolate. Y siempre se ha de servir muy frío”, insiste.

■ LA CATA
Rico, desenfadado y muy original

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Por MARIO REYES
Sumiller y propietario de la Enoteca El Zarcillo, en Tafira Alta.


brumas-ayosa-frizzante-3215-3FICHA
Bodega Comarcal del Valle de Güímar
Marca:
Brumas de Ayosa Frizzante 5.
Tipo: rosado de mosto parcialmente fermentado.
Uvas: listán negro 100%.
Añada: 2014.
Graduación: Valle de Güímar.

De llamativo color rosado de alta intensidad y brillo, ¡sólo con verlo da ganas de probarlo! En nariz muestra casi aromas de mosto con notas frutales bastantes golosas, donde se mezclan los frutos rojos y algo tropicales, de gran limpieza y no excesiva intensidad, para no saturar de aromas la comida, ¡bien! Al probarlo, ligera presencia de gas, muy sutil, para dar mayor frescor a una boca ya de por sí fresca y bebible para lo habitual en productos de líneas de trabajo parecidas. Un vino rico, muy apropiado para la época estival, desenfadado y muy original, que echábamos de menos en una tierra tan propicia para consumir estos vinos ●

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