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Un acercamiento a la cultura vitivinícola de Gran Canaria

Bajo el título “Los colores del vino”, el Centro de Cultura Contemporánea San Martín (Las Palmas de Gran Canaria) expone la colección de fotografías...

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Bajo el título “Los colores del vino”, el Centro de Cultura Contemporánea San Martín (Las Palmas de Gran Canaria) expone la colección de fotografías “Las familias del vino” de Tato Gonçalves y una selección de obras del artista visual Cristóbal Guerra, piezas de pintura, escultura e instalaciones con diversos materiales que reinterpretan las cualidades cambiantes y sublimes del vino. [En PELLAGOFIO nº 48 (2ª época, diciembre 2016)].

Por CRISTÓBAL GUERRA

Los grandes proyectos, como los grandes vinos, necesitan de la colaboración y del trabajo de muchas personas. En este proyecto multidisciplinar hemos podido contar con la colaboración directa de más de cincuenta personas, que nos ayudaran mediante la investigación de unos y el trabajo de otros a tener una visión más completa de la cultura del vino en esta isla. El proyecto expositivo se complementa con la publicación de un elegante libro donde se recoge el pasado de la viticultura en nuestra isla desde su llegada en el siglo XIV de la mano de los primeros conquistadores.

colores-del-vino-gran-canaria-4816-3Desde este periodo de inicio hasta el periodo glorioso de los siglos XVI, XVII y el inicio de su decadencia –entrado ya el siglo XIX–, ha sido desarrollado por tres grandes especialistas como son Manuel Lobo Cabrera, Juan Sebastián López García y Antonio Cruz y Saavedra. La importancia de la simbología dionisiaca en toda la cultura grecolatina y su supervivencia hasta nuestros días ha sido el tema desarrollado por el profesor Antonio Manuel González Rodríguez. Y el gran MasterWine Pedro Ballesteros nos hace reflexionar sobre cómo hemos construido nuestro pensamiento occidental a través del ritual de compartir ese líquido mágico que si lo desprendemos de la poesía que lo envuelve no es más que un simple zumo de frutas.

El proyecto contempla el acercamiento directo a la viticultura de nuestros días a través de doce bodegas que representan las diversas realidades que se encuentran en la isla

Celso Castellano y sus dos pasiones: elaborar vino ecológico y el surf. | TATO GONÇALVES
Celso Castellano y sus dos pasiones: elaborar vino ecológico y el surf. | TATO GONÇALVES
El proyecto contempla el acercamiento directo a la viticultura de nuestros días a través de doce bodegas que representan las diversas realidades que se encuentran en la isla. Bodegas de las diversas comarcas, desde el noroeste con Los Berrazales, La Savia Ecológica y Vega de Gáldar. La ruta centro desde lo más alto de la isla con bodegas Bentayga, La Montaña, Volcán, Lava, Losoyos, Plaza Perdida, Mondalón y La Higuera Mayor. Y para terminar con la zona sur, Bodegas Tunte.

Todas ellas compartiendo la misma filosofía de realizar vinos de gran calidad y personalidad. Bodegas de marcado carácter familiar, donde reconocemos los rostros y las manos que le dan vid(a) a estos vinos que también se exhiben en el proyecto.

El enólogo Alberto González Plasencia y la sumiller Rasa Strankauskaite recorrieron la isla de punta a punta para descubrir los secretos guardados bajo las cepas más representativas de nuestro rico reducto varietal

Secretos bajo las cepas
Para que nos condujeran por el iniciático mundo del vino, dos grandes, el enólogo Alberto González Plasencia y la sumiller Rasa Strankauskaite recorrieron la isla de punta a punta para descubrir los secretos guardados bajo las cepas más representativas de nuestro rico reducto varietal: tintilla, castellana, vijariego, malvasía, listán, baboso… Alberto y Rasa nos han acercado al paisaje encerrado en cada botella, a sus gentes y a sus sueños. Unos sueños construidos sobre el suelo volcánico del cual se alimentan directamente nuestras variedades autóctonas. El trabajo diario de estas familias no se entendería en su totalidad sin sus apasionados comentarios de catas, que nos ayudan a modo de hilo de Ariadna a recorrer el laberinto de nuestros sentidos.

Y cómo captar toda la pasión, el esfuerzo y el orgullo que hay tras las horas de trabajo que se necesitan para llenar cada botella, cada barrica, sin la mirada sabia de Tato Gonçalves, el gran maestro del encuadre perfecto. El territorio y quienes lo crean se nos muestran orgullosos ante su cámara y nos acompañan en este viaje al mundo dionisiaco. Junto a él presento mis reflexiones a lo largo de estos últimos 20 años, reflexiones que se han erigido en todo un posicionamiento vital. Pasar de contemplar el paisaje a construirlo, a intervenir en él. Tomar unas terrazas agrícolas y trabajar en ellas como si de un lienzo se tratara. De este espacio vivo han salido todas las obras que se presentan en “Los colores del vino”, desde los dibujos a grafito, los lienzos a óleo, acrílico y técnicas mixtas, hasta las piezas en hierro y las instalaciones realizadas específicamente para este proyecto con sarmientos del propio viñedo.

Y la magia de la fermentación, ese proceso alquímico que se produce en el silencio de las bodegas cada añada para transmutar el mosto de uva en el deseado vino… todo este proceso se nos proyecta sobre un tanque de acero de 1.000 litros en el centro de la sala azul o nocturna, como metáfora de que el vino es hijo de la noche.

La luz de un día, hilo conductor
Pero todo esto no sería sino un conjunto de pinturas, dibujos, esculturas y fotografías que no alcanzaría a seducirnos sin el trabajo del comisario y responsable de todo el montaje, Franck González, director de orquesta de esta sinfonía visual, de esta puesta en escena que nos invita a seguir la LUZ de un día como hilo conductor del pensado recorrido de las salas del Centro de Cultura Contemporánea San Martín.

Nuestra intención no es otra que embotellar el paisaje de nuestra isla de Gran Canaria y lanzarlo al mundo

Y si lo verdaderamente importante en un viñedo son sus cepas, en una bodega es el vino, en un proyecto como este es la exquisita y cuidada publicación del libro Los colores del vino, que sirve de soporte para recoger todas las palabras e imágenes con las que queremos compartir la cultura del vino de esta isla.

A todo esto hay que seis sesiones de catas de vinos de la DO Gran Canaria en los meses de diciembre, enero y febrero. Y si las catas se nos plantean como un elemento vital en la didáctica de la cultura del vino, éstas se complementan con el ciclo de conferencias que nos servirán para difundir los entresijos de la historia vitivinícola en las islas y la riqueza varietal que hemos heredado.

Una parte esencial de esta propuesta son los dos talleres artísticos que vamos a impartir Tato y yo para un público muy especial para nosotros, el de las personas con otras capacidades y habilidades. Días atrás, la inauguración infantil contó con una gran asistencia de público a las que se sumarán las visitas guiadas que realizaremos a lo largo de estos tres meses que dura este proyecto de difusión y homenaje a las “familias del vino” que encarnan el papel de protagonistas en la viticultura heroica que se practica en estas Islas. Una propuesta que, presentada por el único MasterWine activo en España, Pedro Ballesteros, llevaremos a Madrid a principios de febrero. Nuestra intención no es otra que embotellar el paisaje de nuestra isla de Gran Canaria y lanzarlo al mundo.

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