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Naranjas en suelo volcánico, con mucho sol y de kilómetro cero

Las naranjas mediterráneas que se cultivan en Gran Canaria tienen un plus de calidad que se traduce en su sabor, zumo y grados brix...

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Las naranjas mediterráneas que se cultivan en Gran Canaria tienen un plus de calidad que se traduce en su sabor, zumo y grados brix (cantidad de azúcares). En Telde, municipio conocido en la isla por sus naranjas, jóvenes como David Rodríguez se han convertido en citricultores animados por el apoyo de la cadena Spar. [En PELLAGOFIO nº 61 (2ª época, febrero 2018)].

Por YURI MILLARES

“En esta zona la tierra y el clima influyen mucho, es muy buena para cultivar la naranja”, explica David Rodríguez, joven agricultor de 30 años, mientras recolecta algunas en La Higuera Canaria (Telde), a 350 m de altitud. La finca, en el barranco García Ruíz, ya estaba en producción cuando él la cogió, pero no recibía toda la atención que requerían los árboles ni sus frutos. Él la ha recuperado y en las seis fanegadas (que espera ampliar con cuatro más muy pronto) atiende 740 plantas de cítricos. La mayoría es naranja de mesa tipo Navelina y Washington Navel, pero también tiene algo de mandarina clementina y naranjas Valencia Late. “Tenemos árboles en plena producción que pueden llegar a las 160-170 kilos, pero el promedio en variedades de naranja de mesa tipo Washington es de 80-120 kilos”.

“Para mi es una pasión, yo estoy aquí igual un domingo que un lunes, y lo que nos está haciendo crecer, tener más capacidad de producción y que podamos contratar más gente ha sido el apoyo de Spar”, dice al referirse al convenio que un grupo de citricultores de Telde viene firmando desde hace unos años con la cadena de tiendas y supermercados Spar en Gran Canaria, para garantizar la venta de su producción y a unos precios estables.

Jóvenes agricultores
David Rodríguez es el presidente de la Asociación de Jóvenes Agricultores del Valle de los Nueve (Ajova), zona del municipio que también es importante en naranjas. “Aquí lo que hay son fincas muy pequeñas, de 30 o 40 árboles. Ajova nació en 2013 y lo que ha hecho es agruparlas a raíz de los primeros convenios con Spar, que fue también quien nos motivó un poco. En Ajova ahora mismo somos doce, pero ya hay más de 50 personas que quieren entrar, no sólo productores de cítricos, también de flores, hortalizas, etc.”

Entre sus naranjas recién cogidas, David Rodríguez con Juan Diego Robaina, responsable de frescos de Spar Gran Canaria).| FOTO Y. MILLARES
La producción de naranjas de estos citricultores, unos 250.000 kilos, “se destina fundamentalmente a todas las tiendas del municipio de Telde, aunque suministramos naranjas a los 172 puntos de venta que tenemos hoy en día en la isla”, explica Juan Diego Robaina, responsable de frescos de Spar Gran Canaria. Se trata de un producto estacional que comienza su ciclo en agosto-septiembre, al ritmo que van madurando las distintas variedades y cogiendo su grado brix (cantidad de azúcares), y concluye en marzo-abril con las últimas en llegar a los puntos de venta.

Se trata de un producto estacional que comienza su ciclo en agosto-septiembre, al ritmo que van madurando las distintas variedades y cogiendo su grado brix (cantidad de azúcares), y concluye en marzo-abril

“Después ya hay que esperar a la próxima campaña, no es un cultivo que dure todo el año”, precisa Rodríguez. “Aquí no tenemos grandes extensiones y todo se hace de una forma más cercana, con más cariño, dedicamos más tiempo a los árboles –continúa–. El suelo volcánico, el agua de aquí y las horas de luz que tenemos en Canarias le dan unas características a nuestras naranjas que no le dan los suelos más arcillosos de las zonas mediterráneas”.

Ventaja del producto local
Junto a ello, “por dónde estamos situados en el hemisferio, siempre va a ser un poquito más temprana que la de Valencia”, añade. “Sí, en su época suelen tener más grados brix que las de Valencia –precisa Robaina– y también influye en su calidad el que se trata de naranjas de kilómetro cero: coger la naranja hoy en el momento óptimo para consumir y que en cuestión de horas esté ya en un supermercado, no es igual que una naranja de Valencia que está más tiempo en cámaras y, como mínimo, una semana de viaje hasta llegar aquí”.

David Rodríguez, citricultor:
“Diciembre es época de la Washington, una naranja muy buena de comer con un punto de acidez que al consumidor canario le gusta más”

La primera naranja sale a finales de agosto en esta zona (La Higuera Canaria, El Caracol, Los Llanos de Telde), hasta que se va extendiendo por el resto del municipio en septiembre y octubre. “Se trata de la Navelina, que es más ahuevadita, seguida de la Newhall y la Washington Navel, que son un poco más achataditas, con las que entraríamos ya en noviembre-diciembre”, va detallando. “Diciembre es época, sobre todo, de la Washington, una naranja de mesa muy grande, con un color muy bonito, muy buena de comer porque tiene un punto de acidez que al consumidor canario le gusta más que, quizás, una Newhall que es un poquito más insípida, o una Navelate”.

En enero “comienza a entrar algo de Navelate y Lane Late, que se prolongan en el tiempo hasta febrero e incluso algo del mes de marzo. Son naranjas que aguantan bien en la planta aunque tengan su punto de grado brix, porque tienen una buena adherencia a la planta y se pueden mantener en finca y retrasar hasta principios de marzo, cuando el mercado la recibe muy bien porque va entrando más naranja de Península y vamos echando de menos la nuestra”. Sobre finales de marzo y principios de abril la Valencia Late es la última variedad que se coge si el año ha ido bien.

La naranja se diferencia por el calibre, que en Canarias se hace normalmente a la vista y determina el precio en cada caso

Como ocurre con otros frutos, además de por la variedad, la naranja se diferencia por el calibre, que en Canarias se hace normalmente a la vista y determina el precio en cada caso.

David Rodríguez, emplea trampas contra plagas como la mosca de la fruta. | FOTO Y. MILLARES
“No es como en Península, que son cooperativas con grandes extensiones y tienen sus máquinas calibradoras. Allí se hacen como mínimo siete calibres diferentes, entre más pequeño es el número del calibre, más grande es la naranja. En Canarias hacemos tres calibres: grande para la naranja de mesa; mediano para la naranja de zumo y un calibre pequeño que es la de zumo para máquina”, precisa Robaina.

Vocación y buenas prácticas
En la familia de David Rodríguez nadie tiene agricultura, “o sea, que no hubo nadie que me pudiera prestar un pedazo de tierra para comenzar”, sonríe al explicar su vocación, “pero yo me fui yendo a una cuadra de vacas que estaba cerca de mi casa y acompañaba al señor que las tenía, lo ayudaba a arar con las vacas y ahí fueron mis inicios: yo no era de estudiar mucho, sino de escaparme para ir a las vacas”. Tal es así, que incluso antes de ir a la escuela, solía pasar por aquella cuadra para ayudar a ordeñar.

Pero estudió, se hizo capataz agrícola y empezó a trabajar prestando servicios en fincas. “Vi que la gente estaba muy aburrida con el cultivo de la naranja, particularmente en mi zona, que es lo que más predomina. Había gente mayor que tenía fincas en producción y de buenas a primeras las abandonaban, las dejaban secar porque los hijos no querían seguir, o porque no les pagaban bien la fruta si no la envasaban bien según los calibres…”.

David Rodríguez, citricultor:
“No utilizamos maquinaria agrícola para las labores del suelo, aquí normalmente no se ara, ves que hay mucha hierba, son ellas las que nos están aireando el suelo”

En la finca que tiene arrendada en La Higuera Canaria aplica un sistema de trabajo próximo a la permacultura, “más cerca de la agricultura ecológica pero sin dejar de ser agricultura convencional”, dice. “No utilizamos maquinaria agrícola para las labores del suelo, aquí normalmente no se ara, ves que hay mucha hierba, son ellas las que nos están aireando el suelo, en vez hacerlo con el arado. La gente suele tener las fincas limpias de hierba, ¿dónde va la plaga? A lo que queda verde. ¿Yo aquí qué hago? Mantengo hierba, mantengo alguna plaga y convivo un poco con ella. Cuando veo que el umbral de la plaga económicamente me va a hacer daño llego y sulfato”.

También utiliza diversos tratamientos preventivos. La mosca de la fruta, también más conocida como Ceratitis capitata, su nombre científico, es un de esas plagas. Para combartirla utiliza trampas que coloca en algunos árboles y orientadas al sur, “porque es donde ellas se refugian en la mañana antes de empezar a picotear las naranjas y hacer sus puestas en estas hojas, por tanto es donde más capturas se hacen”, explica. Esas trampas lo que hacen es atraer mediante el olor y el color al macho, que queda atrapado y muere dentro sin fecundar a las hembras.

La abeja, a salvo
Contra la prays, una polilla que se come la flor, emplea una bacteria ecológica, la Bacillus thuringiensis. “Cuando la oruga de esa polilla la ingiere se le cristaliza en el estómago y la mata. Así consigue “una naranja de residuo cero al tiempo que respetas a las abejas, un amigo muy importante, porque nos poliniza la fruta. Si en floración utilizas cualquier químico, matas a la abeja”.

Cuando se recolecta la naranja sí se hace una arada ligera en fincas de cítricos, sobre todo para permitir desyerbar la primera otoñada que viene naciendo y permitir que el agua penetre con facilidad en el suelo y no haya escorrentías”. Tras la recolección “viene la época de poda, que se suele hacer tanto manualmente con serrotes y tijeras, como con motosierras o tijeras eléctricas. En este caso nosotros no somos muy amigos de las motosierras”. Se poda con varios objetivos: para conseguir buena calidad de naranja, para conseguir tamaño (porque si lo podas lo incentivas para que te de una naranja grande).

“Y lo que nos permite también la poda es que haya una buena aireación y entre mucho la luz, que evita muchas veces tener que dar tratamientos contra las plagas”, completa.

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