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Papas antiguas de Canarias, un tesoro a conservar

Domingo Ríos Mesa (Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife) señala como “un patrimonio de incalculable valor” a las papas antiguas...

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Domingo Ríos Mesa (Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife) firma la columna de nuestro invitado, “Apuntes con firma”, señalando como “un patrimonio de incalculable valor” a las papas antiguas en Canarias. [En PELLAGOFIO nº 41 (1ª época, mayoo 2008)].

Proceden principalmente de las papas de los Andes, aunque formando un grupo bien diferenciado, lo que quiere decir que han evolucionado en Canarias hasta convertirse en unas papas con identidad propia

Por DOMINGO RÍOS MESA
Director del Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT)

La papa tiene su origen en el continente americano, desde donde se extendió al resto del mundo. Canarias jugó un papel importantísimo en su distribución a nivel mundial, pues es aquí, a principios de la segunda mitad del siglo XVI, donde se registran las primeras citas de la existencia de este tubérculo fuera de Sudamérica. También en Canarias es donde se recoge la primera mención a su cultivo, concretamente en los altos de Icod, en la isla de Tenerife, a principios del siglo XVII.

Las papas antiguas que hoy conservan los agricultores de las islas –como son las bonitas, azucenas, negras yema de huevo, torrentas, borrallas, corraleras, del ojo azul, moras, etc.–, son el vestigio de aquellas papas que llegaron muy tempranamente a Canarias. Estas papas han sido conservadas generación tras generación por los agricultores, que son los que con su esfuerzo han sabido legarnos un patrimonio de incalculable valor.

En los últimos tiempos ha comenzado a producirse una mayor valorización de estas papas por parte de los consumidores, y también de gastrónomos locales, nacionales e internacionales. Así mismo, su valor como recurso agrícola genético es muy importante, pues las papas antiguas canarias pueden ayudar a entender mejor los procesos que la papa sufrió en el resto del mundo a partir de la conquista de América.

Su valor como recurso agrícola genético es muy importante, pues pueden ayudar a entender mejor los procesos que la papa sufrió en el resto del mundo a partir de la conquista de América

Hasta hace poco tiempo la mayoría de los estudios que se habían realizado sobre estas papas eran de carácter etnobotánico, morfológico y agronómico. En los últimos años se han realizado algunos estudios genéticos que han permitido compararlas entre sí y con papas procedentes de los Andes y también del archipiélago de Chiloé en Chile. Estos trabajos científicos permiten afirmar que las papas antiguas de Canarias proceden principalmente de las papas de los Andes, aunque formando un grupo bien diferenciado, lo que quiere decir que han evolucionado en Canarias hasta convertirse en unas papas con identidad propia. También se han encontrado papas que podrían proceder del archipiélago de Chiloé, lo que indicaría que a lo largo de la historia pudieron llegar papas tanto desde la cordillera andina como del mencionado archipiélago del sur de Chile.

Híbridos
Uno de los descubrimientos más asombrosos es la existencia de papas de naturaleza híbrida, lo que apuntaría lo ya descrito a finales del siglo XVIII por D. José de Viera y Clavijo en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, es decir, el uso por parte de los agricultores de semilla botánica o sexual (la que procede de la “baga” o fruto de la papa), y no lo que habitualmente se hace con la papa, que es la plantación de semillas-tubérculos, es decir, papas de semilla. Esto todavía parece confirmar más aún la hipótesis de la evolución y selección que tuvo la papa en Canarias, fundamentalmente debida a los agricultores, y probablemente a la interacción entre la naturaleza y la acción del hombre.

Las papas antiguas de Canarias forman un legado que debemos promocionar entre todos; tienen una importante originalidad a nivel mundial. Su consumo por parte de los canarios, e incluso su posible exportación, podrían hacer que este cultivo no se pierda, dándole el valor adecuado en los mercados y consiguiendo que los descendientes de los agricultores que las han conservado durante siglos puedan seguir cultivándolas recibiendo una renta adecuada. Esta es sin duda la mejor forma de conservar este tesoro para las generaciones futuras.

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