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Una tarde con Rasa, vinos canarios y amor a la tierra

Una cata muy especial de Rasa Strankauskaite: desde el beso chispeante y suave de un espumoso, pasando por los marchosos y alegres de maceración carbónica...

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Una cata muy especial de Rasa Strankauskaite en las I Jornadas Pellagofio: desde el beso chispeante y suave de un espumoso, pasando por los marchosos y alegres de maceración carbónica o la malvasía volcánica que sabe a piel de mujer tras un baño en Famara; sin olvidar el hechizante rosado, los blancos que huelen a sal y siroco y los fuegos artificiales de unos tintos complejos y muy sabrosos. [En PELLAGOFIO nº 16 (2ª época, enero 2014)].

Por YURI MILLARES
Fotografías de TATO GONÇALVES (excepto imagen bajo estas líneas: Y. M.)

Durante cinco días de jornadas (16 al 20 de diciembre de 2013), PELLAGOFIO dió a degustar una quincena de vinos canarios entre los asistentes. Diez de ellos fueron catados por Rasa Strankauskaite el día de la clausura, durante una proyección-maridaje con paisajes canarios del fotógrafo Tato Gonçalves.
La clausura de las Primeras Jornadas Pellagofio (diciembre 2013 en el Centro de Iniciativas de La Caja de Canarias) tuvo lugar un viernes, después de una intensa semana de presentaciones de libros. Todos esos días, tras escuchar a los autores y los prologuistas de los volúmenes que dan inicio a la Colección Pellagofio, el público asistente era agasajado con unas degustaciones que incluían diferentes vinos canarios. La presencia de dichos caldos en la planta alta del Cicca, esperando a que los asistentes al salón de conferencias salieran de escuchar y ver lo que aquellos libros contenían, no era casual. Formaban parte de la propia esencia de lo que la revista PELLAGOFIO significa: la promoción del mundo rural, dando a conocer sus productos y entre ellos, cómo no, unos excelentes vinos que muchísimos canarios –muchas veces por prejuicios fuera de tiempo y lugar, o fruto del desconocimiento– aún no han probado.

Y no se podían despedir aquellas jornadas con una degustación más de aquellos vinos. Tenía que ser algo más especial. Y ese “más” lo puso la sumiller Rasa Strankauskaite, en quien recayó el encargo de clausurar las actividades de las jornadas (aunque la exposición de artistas que han ilustrado las portadas del último año y medio sigue hasta el 7 de enero) con una cata muy especial de esos vinos: sería en un maridaje que vincularía las sensaciones y los placeres de dicha cata con una proyección de imágenes del fotógrafo Tato Gonçalves, con paisajes de las Islas.

El resultado de esa cata sensual y entrañable, distinta a cualquier otra expresión de las bondades de unos vinos, fue el que sigue en este relato.

Diez botellas y una pantalla
Sobre la mesa que preside el salón de conferencias del Cicca estaban dispuestas diez botellas diferentes con caldos de Lanzarote, Gran Canaria y Tenerife. Detrás, en una gran pantalla, se sucedían las imágenes de la proyección. Y Rasa comenzó dando la bienvenida con un vino espumoso afrutado Brumas de Ayosa que, durante aquellos días de las jornadas, sorprendió a todos, incluso a quienes se negaron inicialmente a probarlo (“no me gustan los espumosos ni los cavas”). Pero cuando cedieron a la curiosidad ante los elogios que escuchaba, se sumaron ellos mismos al feliz descubrimiento.

Espumoso Afrutado Brumas de Ayosa
“No es champán, no es cava, pero no tiene nada que envidiarles”

“¿Qué decir? –comenzó Rasa–. Me gustaría que este vino espumoso canario estuviera en las mesas en estas fiestas. No es champán, no es cava, pero no tiene nada que envidiarles. En la bodega ya hay un afrutado, un reserva y un brut nature”. Unos vinos tanto para bienvenidas (el afrutado) como para grandes comidas (el reserva) y, en cualquier caso, para momentos de placer o como decía en un PELLAGOFIO meses atrás, “para las sábanas revueltas y el aliento entrecortado: para el amor”.

Un vino para el amor
Cató el espumoso recordándonos que “nunca debemos mover la copa, para dejar a las burbujas subir solas”. ¿A qué huele?, se preguntó en voz alta, después de mirarlo y escucharlo (“nos mece como el mar, pssch”). Con él “sentimos el murmullo, los alisios, la alegría porque es fruta blanca, hay almendras, muchas flores, algo de miel y miles de cosas que cada uno podemos apreciar, porque a cada cual le recordará diferentes cosas. Y en la boca: euforia. Un buen rollo, buena energía. Delicioso, chispeante. Perfuma el paladar. Es como un beso suave”.

La cata siguió un orden que recorrió, en primer lugar, la isla de Tenerife. Tras el espumoso del valle de Güímar, el tinto maceración carbónica Hollera, de bodegas Monje, “muy conocido”.

Un vino marchoso
Y añadió: “Este tipo de vinos son los primeros en nacer, muy fáciles de beber, para paladares vírgenes que empiezan. Ya el color nos dice que va a ser marchoso [risas cómplices del público], son vinos de Carnaval también”. De “precioso rojo, si lo miran a la luz verán los ribetes azulones, violáceos, de un vino joven”. Son vinos de fiesta que huelen a dulces frutos rojos, a yogur, a chocolate, mermeladas y a una fruta de Canarias: son los únicos vinos tintos que huelen a plátanos”.

Hollera Monje Maceración Carbónica
“Son “vinos de fiesta, los únicos vinos tintos que huelen a plátanos”

La selección que le propuso PELLAGOFIO incluía un tercer vino de Tenerife, “esta isla tan alta y bonita, con su microcosmos de diferentes islas en una isla”, dijo.

Un vino con sabor a terruño
Se trataba de un tinto barrica de bodegas El Lomo, con un coupage de distintas variedades (tintilla, negramoll, forastera de Tegueste, listán blanco y otras) ya era un vino más complejo: “Se nota en el color, mucho más oscuro, mucho más potente. De un precioso color rubí oscuro, tiene muchísimas lágrimas. En nariz mucho más intenso, huele a endrinas, a regaliz, a tostados por la barrica, que, entremezclados con la fruta, juega, se dispara, envuelve. Una textura jugosa con unos taninos que recuerdan al terruño, a mí me sabe a la tierra y a mucha pasión, porque es el sueño cumplido de un señor de 90 años que sigue detrás de la bodega, con la hija, el hijo. Maravillosa bodega. ¿Qué te parece Tato? Un vino más fuerte”.

Tinto Barrica El Lomo
“Sabe a la tierra y a mucha pasión, porque es el sueño cumplido de un señor de 90 años que sigue detrás de la bodega”

Cambiamos de isla. “Ahora nos imaginamos un pueblo de casitas blancas, de tierra negra, esas montañas con formas de camello, una gente que desafía a la naturaleza y hace todo lo posible por proteger a la viña del viento.

Estamos en la magia de La Geria, en un viñedo único en el mundo. Imagínense una vendimia ahí, sumergirse en esos hoyitos y subirlos, no es nada fácil, requiere mucho esfuerzo”, presentó los siguientes dos vinos, de Lanzarote, de la bodega Los Bermejos.

Un vino con magia
“Aquí vemos el amor del hombre por su tierra y estas gotas de vino nos lo tienen que contar. Es un Bermejo de malvasía volcánica. De cepas que no tienen riego ni lluvia, pero están más vivas que nunca”.

Bermejo malvasía Volcánica
“Potencia, un vino que manda, con carácter como el viento de Lanzarote”

“Magia o protección de los dioses”, insistió. Al levantar la copa “la vemos muy luminosa, ese sol de Lanzarote lo vemos aquí cómo brilla. También tiene lágrimas. En nariz, muchos tostados aunque es fruta blanca: está el gofio, cenizas, minerales, flores blancas. Huele a viento, a picón. Huele a sal de una forma increíble”.

Vamos a probarlo: “Potencia, un vino que manda, con carácter como el viento de Lanzarote. Amargo, dulce y salado a la vez. La piel después del baño en Famara, está salada pero es dulce porque es la piel. Y especias, están ahí”.

“¿Se imaginan una siesta en la playa de Famara, con una copa de Bermejo malvasía seco en la mano? Yo sí –sonrió y rió Rasa–. Lo van a probar y van a decir: sí. Dicen que son vinos caros los de Canarias, pero cuando vemos lo que cuesta hacerlos, no son caros”.

Un vino con buen humor
De la misma bodega Los Bermejos, un tinto más desconocido pero sorprendente: su maceración carbónica Bermejo. “Un listán. Se nota enseguida que es de otra tierra –lo distingue del Monje Hollera que había probado antes– porque aunque también es ligero (su manera de ser), se nota en nariz el volcán. Precioso color, muy brillante, este es más guinda. Huele a buen humor, a frutas dulces, a arándanos, a mermeladas para un buen desayuno con tostadas. Al probarlo, unas gotas suaves, frágiles, buscando la boca, diversión para los sentidos, una listán con mucho mineral, azotada por el viento, se nota en la boca. Un gran maceración carbónica”.

Bermejo Maceración Carbónica
“Unas gotas suaves, frágiles, buscando la boca, diversión para los sentidos, una listán con mucho mineral”

Para Rasa, de modo especial, maceraciones carbónicas y malvasías son vinos muy alegres, definen la tierra. “Siempre lo dije, cuando llegué hace 23 años –hoy una canaria más, procede de Lituania–, nunca había visto una gente tan alegre, siempre sonriendo, compartiendo papas, y decía: ¡qué gente más feliz! Como los vinos”.

Un vino que hechiza
El recorrido concluyó con cuatro vinos de Gran Canaria, “una isla que tiene todo lo que pueda desear; este año más verde que nunca”, hablaba Rasa mientras comenzaba a servirse una copa del Rosa de Los Berrazales,un rosado espectacular a la vista, en nariz y en boca.

Rosa de Los Berrazales
“Tiene gotas del rocío de la noche, huele mucho a rosas, a perfumes árabes y hechiza mucho la nariz”

“Aquí podemos imaginar a Tamadaba, Agaete, las vendimias nocturnas, el cielo. Es un rosado afrutado, con un perfume muy envolvente a frutas y mieles, color de labios de mujer, rosa carmín. Tiene gotas del rocío de la noche, huele mucho a rosas, a perfumes árabes y hechiza mucho la nariz. Muchas frutas de grosella, de naranja, de lichi. En la boca es una frescura cítrica que no molesta, dulce y goloso. Mucha pasión y amor, ahí están Víctor y su familia, gente dedicada al vino”.

Un vino para la seducción
Otro vino de la misma bodega, el blanco afrutado Los Berrazales de moscatel y malvasía del valle de Agaete, de un radiante color y un brillo excepcional. “Muy muy intenso en nariz, con frutas tropicales, chirimoya, flores, la moscatel presente, azahar, naranja. También huele a agua de rosas. Fresco, suave, ligero, al mismo tiempo tiene un amargor muy interesante y moscatel”.

Blanco Semiseco Los Berrazales
“Muy muy intenso en nariz, con frutas tropicales, flores, la moscatel presente. Fresco, suave, de un amargor muy interesante”

Le recuerda a Rasa mucho “lo árabe, quizás por esa agua de rosas, por su cocina aromática. Si fuera un lugar, sería tierra de volcán; si fuera un color, sería de un cálido deslumbrante; si fuera un olor, sería a miel y fruta escarchada; y si fuera una actitud, sería la seducción; si fuera un pecado, la lujuria; y si fuera fruta, un racimo de uva moscatel”.

Un vino que convierte la naturaleza en cultura
Sorprendió a Rasa el blanco Señorío de Agüimes, que no conocía. “Agüimes fue también un importante productor de vino en el s. XVI y está volviendo, permitiéndonos descubrir vinos nuevos, ofreciéndonos la emoción de descubrir algo distinto”.

Señorío de Agüimes Blanco Seco
“Es increíble cómo la naturaleza entra en un vino, o cómo el vino son las gotas de cultura de la naturaleza”

De un “precioso color dorado; cuando lo ves, sabes que el sol vino a esta tierra para quedarse en estas islas de primavera. Aromas a papaya, un poco de piña, unos nísperos robados (que vas por una carretera y los coges, pero no de mal rollo [risas del público]), las mieles de la moscatel. Y pinos, me huele a pinos ¿hay pinos que rodean las fincas donde se cultiva su uva? –se preguntó en voz alta–. Es seco y huele a sal y siroco. Es increíble cómo la naturaleza entra en un vino, o cómo el vino son las gotas de cultura de la naturaleza. En boca, una acidez redonda, la frescura justa”.

Un vino para gozar
Otra gran sorpresa y nuevo descubrimiento para Rasa: el tinto cinco meses en barrica de la bodega Volcán, de uvas listán de parras viejas, “de suelos con unas cenizas diferentes, de unos estratos volcánicos muy ricos para la viña”.

En nariz “despliega fuegos artificiales, es una cosa tremenda, una explosión. Muy bonito color, lo van a ver, un rojo precioso y radiante, ribetes violáceos, las lágrimas lentas, pesadas, parecen un collar. Despliega todos los aromas del magma, la naturaleza desatada, el volcán abriéndose al mar. Fruta madura en boca, notas muy cremosas y lácteas. Huele mucho a cacao, a chocolate, a regaliz, a muchos aromas misteriosos difíciles de entender, a lava, a café. Es un vino de disfrute, para gozar. Su fruta cremosa está envuelta en sensación volcánica ahumada. No es simple fruta fresca. Un gran vino y un gran descubrimiento. De verdad. Enhorabuena, no sé si están aquí en la sala”.

Volcán Tinto Barrica
“Su fruta cremosa está envuelta en sensación volcánica ahumada. Un gran vino y un gran descubrimiento”

Un vino para meditar
Terminó la velada con la cata de “un gran vino de Gáldar”, dijo, de “otros amigos apasionados por el vino. Lo ven como arte, como una pasión”. El tinto El Convento con diez meses en barrica, de uvas castellana y listán de cultivo ecológico.

“El Convento, un bonito nombre. Hay vinos que son para meditar y este es uno de ellos, para pensar, leer, te hace hablar y ser sincero. Este es de un rojo mucho más púrpura, mucho más rojo, de capa media-alta. Lágrimas lentas y largas. En nariz es muy complejo, con distintos aromas: frutas maduras rojas y negras, endrinas, arándanos. Están los tostados”.

El Convento Tinto
“Aromas muy misteriosos, a arenas del siroco. Es un vino sosegado, para disfrutar de todas sus sensaciones”

“Si movemos la copa encontramos otros aromas, de pimienta. Eucalipto, menta, balsámicos; me huele mucho a incienso. Aromas muy misteriosos, a arenas del siroco. Es un vino sosegado, para disfrutar de todas sus sensaciones. Y muy complejo en boca”.

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