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Muelle refugio, playa y pescado fresco de barquillo

El barrio marinero de San Cristóbal es uno de los rincones por excelencia de la ciudad de Las Palmas para quien busca cocina...

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El barrio marinero de San Cristóbal es uno de los rincones por excelencia de la ciudad de Las Palmas para quien busca cocina tradicional de la pesca. Entre los locales más recientes en abrir aquí sus puertas está el bar terraza La Puntilla. [En PELLAGOFIO nº 53 (2ª época, mayo 2017)].

Por YURI MILLARES
Proyecto MACAROFOOD / Atlas de ciencia, pesca y cocina

La pequeña playa de arena del barrio de San Cristóbal es prácticamente invisible a los ojos del visitante hasta que no se acerca uno lo suficiente, o camina los pocos metros del dique del refugio pesquero que se extiende frente a ella. Entre las pequeñas casas que la rodean, la más cercana tiene un patio convertido en bar terraza donde en vez de cemento había un suelo de arena blanca de caracolillos. “Aquí antiguamente se trabajaban las redes. Mi abuelo y mis tíos, también mi padre, se ponían aquí a coser los trasmallos”, relata Carmen Rita Domínguez, propietaria del local.

El patio de arena de caracolillo donde los hombres cosian las redes, convertido en bar terraza. | FOTO TATO GONÇALVES

Con el añadido “marinero” cada vez que se cita a San Cristóbal como “barrio”, la pesca es la seña de identidad de sus habitantes y el chinchorro un arte de pesca –ya desaparecido– con una decena de barquillos que cada mañana se hacía a la mar para calar las redes y después sacarlas tirando desde tierra durante horas. A finales de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo XX, “aquello era un espectáculo, se paraba el tráfico y todo”, recuerda el pescador Juan Carlos Cruz.

A principios de los 80 el chinchorro era un espectáculo, “se paraba el tráfico y todo”, recuerda el pescador Juan Carlos Cruz

En el pequeño tramo de costa desde el torreón de San Pedro Mártir –conocido por los vecinos de la ciudad como el castillo de San Cristóbal, al norte del barrio– y la Marfea –antes de llegar a la planta potabilizadora, al sur– los pescadores recuerdan que había siete playas, la mayoría engullidas hoy por el crecimiento de la ciudad: de norte a sur, las del Castillo o Caleta Arriba, Caleta Abajo, Mirador, Cardosa, Agua Dulce, La Laja y el Cernícalo. Entre ellas se distribuían, para la pesca al chinchorro, cinco hombres por barco y una decena de hombres más en tierra que se sumaban para ir tirando de las redes.

“Mi madre iba a la hora que salía el copo –recuerda el pescador Aurelio Saavedra, en referencia a la bolsa en la que terminaba la red con la cosecha de jureles, sardinas, chicharros, caballas, salmonetes, brecas, chopas–, se ponía la cesta en la cabeza y pregonaba el pescado por las calles, como la madre de Juan”.

Loly Álamo con unos salmonetes frescos. | FOTO TATO GONÇALVES

Las redes que los hombres cosían dieron paso a las flores de la madre de Carmen Rita, y, con el paso de los años al bar terraza

En aquel patio, las redes que los hombres cosían dieron paso a las flores de la madre de Carmen Rita, pues la familia construyó allí su vivienda. Y con el paso de los años y la necesidad familiar de buscar sustento a las siguientes generaciones, en noviembre de 2015 abrió en el mismo patio el citado bar terraza que lleva el nombre de la pequeña playa a la que se asoma.

“Nuestra especialidad son los pescados frescos, calamares, chocos, puntitas de calamar”, explica, en especial “el pescado de los barquillos de aquí, me lo traen directamente tres días en semana. Los días fuertes son de jueves a domingo, pero entre semana tenemos muchísimas reservas, por ejemplo para una espetada de grupo: les ponemos un fincho a las sardinas y las asamos. El boca a boca ha funcionado muy bien”.

Carmen Rita Domínguez:
“Entre semana tenemos muchísimas reservas, por ejemplo para una espetada de grupo: les ponemos un fincho a las sardinas y las asamos”

Loly Álamo en la cocina con su hija Nefertari Moreno. | FOTO TATO GONÇALVES
En este local de chacalotes –así, con las sílabas intercambiadas, se llaman a sí mismos los vecinos de este barrio desde que en abril de 1965 un enorme cachalote de cerca de 30 toneladas varó frente a sus casas–, la cocinera es Loly Álamo: “también soy chacalote”, ríe, “empecé como camarera y terminé en la cocina porque era lo mío, lo que me gustaba”, en varios locales hasta que se puso aquí al frente de los fogones.

Sancocho, morena frita y potas son algunas de sus especialidades, aunque para el Atlas Gastronómico de la Pesca en Canarias ha trabajado dos especies tradicionales de la pesca artesanal en Gran Canaria, salema y salmonete, en sendas recetas para cuya elaboración quiso hacer partícipe a su hija, Nefertari Moreno, igualmente profesional de la restauración formada en el IES San Cristóbal (curso de FP Técnico Superior de Dirección de Cocina). “Y es una pescadora que no veas”, añade Loly. “De brecas, con caña”, confirma ella.

■ EL DETALLE
Cocina de la abuela

Un pescado que trabajan, herencia de “la cocina de la abuela” entre los pescadores y sus familias (que guardaban para casa el pescadito chico que no se vendía bien), es el conejo, difícil de vender comercialmente por sus muchas espinas. “A mí me encanta el conejo para el caldo, es el que más sabor le da”, asegura Carmen Rita. “Aquí lo tenemos fijo para darle gusto al caldo, que también lleva pimiento, cebolla, cilantro, hierbahuerto y un poquito de comino, pero no mucho si es para el gofio”.

Un caldo que no necesita aceite porque ya lo aporta de modo natural la propia carne de este pescado. Con el fumet hace Loly un irresistible gofio. “No digo el truco, pero mi gofio escaldado no tiene un grumo, todo el mundo dice que parece manteca”, vuelve a reír. ●

■ RECETA
Salema a la plancha sobre salteado de tallarines de calamar sahariano con salsa marinera, elaborado por Loly Álamo y Nefertari Moreno.
Los lomitos de salema sobre salteado de tallarines de calamar sahariano en el bar terraza La Puntilla.| FOTO TATO GONÇALVES


■ AGENDA
El bar terraza La Puntilla está en la calle Popa nº 1, en el barrio marinero de San Cristóbal (Las Palmas de GC).
Abierto a diario de 12:30 a 23:00 horas (domingos hasta las 18:00).
Teléfono: 928 335 374 ●


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