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Así se gestó el recuento de los últimos trashumantes de Canarias

El pastoreo y su manifestación más ancestral, la trashumancia que aún pervive en Gran Canaria, tienen en el libro...

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El pastoreo y su manifestación más ancestral, la trashumancia que aún pervive en Gran Canaria, tienen en el libro ‘Los últimos trashumantes de Canarias’ el referente de una realidad singularísima (cultural, etnográfica y gastronómica) que hasta su publicación y recuento de sus protagonistas pasaba desapercibida o no se conocía en las Islas. [En PELLAGOFIO nº 57 (2ª época, octubre 2017)].

Por YURI MILLARES

La actividad trashumante de un grupo de pastores grancanarios, que en pleno siglo XXI aún la practica tras haber desaparecido del resto del archipiélago durante la segunda mitad del siglo XX (y con una historia que se remonta unos dos mil años hasta los primeros habitantes de estas islas), está recibiendo en 2017 una inusitada atención coincidiendo con la distribución de la segunda edición del libro Los últimos trashumantes de Canarias (Pellagofio Ediciones), publicación donde por primera vez se describe su trabajo y, sobre todo, se presenta a los hombres y mujeres que lo protagonizan en un recuento que lo convierte en un colectivo profesional reducido pero muy vivo y real.

Con un ejemplar de ‘Los últimos trashumantes de Canarias’, Isidoro Jiménez (prologuista del libro) y Carlo Petrini (fundador del movimiento Slow Food) en la feria internacional del queso de Bra (Italia, 15 septiembre 2017).| FOTO ARCHIVO PELLAGOFIO
Conferencias, entrevistas, charlas y hasta la grabación de un programa de televisión (el episodio dedicado a Gran Canaria de la serie El chef viajero, aún en fase de producción, le dedica parte de su contenido) tienen como referencia la información recopilada en el libro.

Lo que a muchos llama la atención es la vigencia de una actividad con tanta carga cultural (identitaria) que ni se imaginaban que pudiera existir (o sobrevivir) en Canarias, y menos en los tiempos que corren. Pero esa sorpresa extiende su interés inmediatamente a su consecuencia más evidente: la elaboración de un queso artesano con un valor añadido excepcional por su calidad y originalidad que, sin embargo, no se manifiesta aún en una marca de calidad que lo distinga a los ojos del consumidor.

El libro ‘Los últimos trashumantes de Canarias’ hace un recuento por primera vez de un colectivo profesional reducido pero muy vivo y real

Tras años de contactos (y reportajes sueltos publicados en prensa) que incluyeron realizar algunas trashumancias acompañando a varias familias en su mudada estacional, quien escribe estas líneas y el maestro quesero Isidoro Jiménez (un técnico implicado como nadie en su apoyo) nos preguntamos: ¿cuántos quedan? Y nos pusimos un día a hacer recuento, papel y bolígrafo en mano, anotando nombres y lugares de la isla por simple curiosidad. Allí había anotados 17 trashumantes (16 en el norte y uno en el sur) y sólo era una aproximación.

El dato se convirtió en el eje de un número de la revista Ruta Archipiélago (antecesora de la actual PELLAGOFIO) que dedicó la portada y varias páginas bajo el título “Pastores en trashumancia. Tradición prehispánica viva”. Fue en enero de 2006 y como botón de muestra se ofrecieron imágenes de cuatro trashumantes y sus rutas más habituales.

Preocupación
Aunque la cifra nos sorprendió (no pensábamos reunir a tantos en esa hoja de papel), no dejó de preocuparnos la precariedad de una actividad poco conocida y menos reconocida, con un futuro que apuntaba hacia la extinción al ritmo de la jubilación de quienes hacían la mudá. En 2013 otro papel recogió esa preocupación en forma de otro recuento: nos salían 18 nombres, uno más, tras borrar algún fallecido y algunos más que ya no iban de trashumancia, pero añadiendo a otros que se nos habían quedado atrás la vez anterior. No queríamos dejar a nadie fuera, así que también preguntamos a algunos de los pastores más comprometidos con la trashumancia, por si echaban en falta a alguno.

Es uno de los valores más singulares del patrimonio inmaterial de Canarias y origen de un producto estrella de la gastronomía local

Ramón Mayor, pastor trashumante de Cueva Corcho (Valleseco).| FOTO YURI MILLARES
Lo siguiente fue ir a visitarlos a todos, esta vez sí, para convertir esos encuentros en entrevistas e imágenes (incorporando al equipo a un excelente fotógrafo, colaborador habitual de Pellagofio, como es Tato Gonçalves), que se trasladarían a un libro gracias a la participación en el proyecto de la Mancomunidad de Ayuntamientos del Norte de Gran Canaria.

Alegría
Una segunda edición –gracias al apoyo de la Fundación Cajamar y del Cabildo de Gran Canaria– todavía iba a deparar alegrías que no esperábamos: primera, que el pastor trashumante de más edad de la isla volvía a las andadas (Lalo Mayor, 77 años); segunda, que rescatamos al único pastor trashumante del sur que había quedado fuera en la primera edición (José Manuel Guedes); y tercero, un relevo generacional en el primer libro apenas vislumbrado que ahora, aunque todavía tímidamente, aportaba nuevos nombres (Jonay, el nieto de Lalo; unas jovencísimas Natalia y Bea que cogieron el testigo de su padre José Mayor; o Fran y Tania, recién incorporados a la ganadería que están a punto de reiniciar la práctica de la trashumancia que antes practicaba el padre de él).

La génesis de este libro, felizmente alumbrado para reconocimiento (y reivindicación) de la trashumancia, sirvió de hilo conductor a la conferencia que sirvió de inauguración del ciclo de conferencias “Gran Canaria al descubierto”, que organiza la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de esta isla en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. El consejero y un técnico de esta consejería no estuvieron, como estaba previsto, en la mesa que presidió el acto aquella tarde del 20 de septiembre… Un voraz incendio se había declarado horas antes en la cumbre de la isla y sus agendas sufrieron un giro inesperado.

El ganado trashumante de Cristóbal Moreno, de Caideros (Gáldar), atravesando un monte quemado.| FOTO YURI MILLARES
Prevención de incendios
De repente, el relato de esas trashumancias (pastoreo en su máxima expresión), que aquella conferencia iba a abordar, cobraba un sentido y una actualidad que esta práctica ancestral también significa: no es sólo uno de los valores más singulares del patrimonio inmaterial de Canarias y origen de un producto estrella de la gastronomía local. También es medio ambiente en su manifestación más extrema: protección del paisaje forestal frente a los incendios, porque allí donde hay pastoreo –el ganado limpia el monte de la hierba que en verano se convierte en materia seca altamente combustible–, el fuego no encuentra por donde caminar.

Esa labor de prevención eliminando el pasto que amenaza fuego está siendo habitual los últimos años, cuando la virulencia de los incendios está siendo mayor, en fincas particulares que quieren proteger cultivos o edificios. Como ejemplo podemos citar a uno de los protagonistas del libro Los últimos trashumantes…, José Manuel Guedes (por cierto, también con relevo generacional, pues su hijo quiere dedicarse al pastoreo cuando termine de estudiar).

José Manuel Guedes, pastor trashumante:
“Los dueños de aquello son agricultores de toda la vida y saben que las ovejas limpian los pastos, porque ya un año se les pegó fuego y ardió todo eso”

Cuando lleva sus ovejas a la costa del municipio de San Bartolomé de Tirajana, entre los meses de abril a agosto, hace un paréntesis de 20 días para subir a Los Sitios, a seis horas a pie en el interior de la isla. “Llevamos yendo allí arriba unos siete años, para limpiar los pastos y evitar los fuegos. Allí lo que hay son almendreros, así que se llevan ganados de ovejas porque las cabras se empenican y los destrozan. Los dueños de aquello son agricultores de toda la vida y saben que las ovejas no destrozan, sino que limpian los pastos, porque ya un año se les pegó fuego y ardió todo eso”, explica.

También en suelo de titularidad pública están ya los pastores grancanarios (no sólo trashumantes) desarrollando esa labor de prevención contra los incendios mientras alimentan a sus animales con pasto de calidad. Están siendo invitados por el Gobierno insular, cuyo Servicio de Medio Ambiente desarrolla una intensa labor de colaboración con los pastores, para que éstos puedan llevar a cabo la limpieza de cauce de barrancos y de espacios naturales protegidos [Ver artículo “Ganados de Gran Canaria, cortafuegos con sueldo”].

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