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Solicitud de indulto para un reo de muerte

El caso de un emigrante lanzaroteño en Cuba que durante el regreso degolló a otro que se burlaba de su desesperación...

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La serie “Curiosidades de hemeroteca” rescata del periódico ‘El Guanche’ (1864) el artículo de portada “Indulto para un reo de muerte”, con el caso de un emigrante lanzaroteño en Cuba que, habiendo perdido todo al juego durante el viaje en barco de regreso a su tierra, degolló a otro pasajero que se burlaba de su desesperación. [En PELLAGOFIO nº 43 (1ª época, octubre 2009).]

■ CURIOSIDADES DE HEMEROTECA
El Guanche
(Santa Cruz de Tenerife, 1864).
Fuente: Biblioteca Universitaria (ULPGC).
Haga clic en la portada para verla a tamaño mayor ●

7 de marzo de 1864

“Indulto para un reo de muerte”.
(…) Hijo de una pobre mujer, cuyas calientes cenizas no quisiéramos mancillar, pero que, a fuer de historiadores, debemos decir no fue la más casta, y de padre desconocido, José Martín y Martín nació en el puerto de Arrecife, de la isla de Lanzarote, hará unos 34 ó 36 años, de donde lo sacó muy niño una hermana de su madre, llevándoselo a la isla de La Palma. Allí, teniendo ya sobre doce años lo embarcó su tía para La Habana, en donde parece sentó plaza de soldado y cumplió su empeño sin haber merecido la más ligera reprensión. Libre del servicio militar, entró en el de la Armada, en donde también se dice que llenó cumplidamente sus obligaciones y que era querido de sus jefes. Regresaba ya a su patria, en la fragata Gran Canaria, con algunos ahorros, fruto de su buena conducta y economías para socorrer a su madre, anciana a la sazón y pobre, cuando algunos pasajeros (según de público se dice y de cuya veracidad no respondemos), ocultándose del capitán del buque y que se entretenían en juegos de azar, le ganaron al juego todo lo que traía. La situación de José Martín se hizo entonces insufrible, desesperada. Había salido de su patria para buscar fortuna, para socorrer a la que le había dado el ser: había trabajado con honradez y ahínco para lograr su objeto, y en pocos días se encontraba pobre, sin poder socorrer a su madre. Así es que desde entonces (…) con nadie hablaba, buscaba la soledad, se le veía únicamente en lo más retirado del buque. Un día, ¡día fatal!, se hallaba afeitándose: el pasajero Baltasar Ruiz le embromaba pesadamente sobre su retraimiento: era quizás uno de los que le habían ganado al juego sus ahorros. Lo que pasó fue tan rápido como lamentable. Con la navaja que se afeitaba degolló al infortunado Baltasar Ruiz, presentándose entonces José Martín en tal estado de fiereza contra el equipaje y la tripulación, que todos temieron por sus vidas y que fuesen precisas muchas precauciones, mucha sagacidad para prenderle.

Nosotros respetamos el fallo del tribunal que le ha condenado a la pena capital. (…) Ahora bien: acercándose la Semana Santa, esa Semana de venerados recuerdos para el cristiano (…) en que nuestra augusta Soberana al adorar la Santa Cruz, acostumbra indultar de la pena de muerte a un determinado número de infelices, ¿parecerá extraño que [se] nos ocurra apelar a los humanitarios sentimientos de nuestras dignas autoridades, y muy particularmente a los del Sor. Brigadier Comandante principal de Marina de estas islas, lo mismo que a la prensa canaria, para que eleven su voz a los pies del trono, y soliciten de nuestra bondadosa Reina, que nuestro designado paisano sea uno de esos individuos? (…) ●

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