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Apaga el aire acondicionado que me muero de calor

José Ignacio Gafo Fernández, redactor del Plan Energético de Canarias, escribe en la columna “Notas de economía rural”...

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“Si continuamos prefiriendo el coche y los atascos a cinco o diez minutos caminando o compartiendo la guagua, nada podrán hacer todas las iniciativas para la lucha contra el cambio climático”, escribe José Ignacio Gafo en la columna “Notas de economía rural” de nuestra revista. [En PELLAGOFIO nº 30 (1ª época, marzo 2007).]

Por JOSÉ IGNACIO GAFO FERNÁNDEZ
Economista y consultor internacional de reconocido prestigio, fue presidente de la sección de Energía del Comité Económico y Social de las Comunidades Europeas y redactor del Plan Energético de Canarias

Hace poco se presentaba en París el cuarto informe sobre la situación del cambio climático en el mundo, realizada por el International Panel for Climatic Change (IPCC), que agrupa a varios miles de científicos estudiosos del tema y que constituyen, sin duda, la fuente de mayor garantía de seriedad y certeza que existe en la materia a nivel mundial. La conclusión es clara, la Humanidad, usted lector o yo mismo, con nuestro estilo de vida hemos contribuido a que la atmósfera esté más caliente que nunca durante los últimos 650.000 años, que la temperatura vaya a aumentar en promedio en el mundo 0,2 grados centígrados cada diez años. Ello quiere decir subida del nivel mar al deshacerse el hielo polar, más ciclones, más sequías y más hambre y, posiblemente, guerras en el mundo.

Si queremos seguir contando con el turismo como fuente de riqueza en esta tierra, aburrámonos un domingo con los chicos en la playa o en un parque, en lugar de aburrirnos en el coche y la visita al neón del centro comercial más próximo

El calentamiento global no tiene fronteras. Igual contribuye un coche emitiendo CO2 en China, que en Senegal o en Francia. Un gas que se escapa de un aire acondicionado en mal estado en Bolivia incide lo mismo que ese mismo gas en Yaiza, en Arico o en Maspalomas.

Igualmente hace poco, el archimencionado informe Stern describía también, desde una óptica de liberalismo económico moderado, que el coste de la inacción frente al cambio climático es muy superior al esfuerzo (0,5% anual del PIB mundial) que requeriría reconducir a niveles aceptables y no dramáticos para nuestros hijos y nietos, el tema del calentamiento global. Una rara unanimidad de científicos, políticos y poderes económicos coinciden en la necesidad de tomar acciones de manera urgente.

Estas acciones pasan por tres niveles: un estudio de impactos del cambio climático en nuestros ecosistemas y en nuestra sociedad, un diseño de políticas de mitigación (es decir, de reducción de las emisiones de gases de efecto de invernadero) y, por último, unas políticas de adaptación, de minimización del efecto negativo de los impactos, que el inevitable calentamiento va a causar en nuestras sociedades.

Plan de Lucha contra el Cambio Climático en Canarias
El Gobierno de Canarias esta desarrollando un Plan de Lucha contra el Cambio Climático. Es un buen esfuerzo, que se une a los muchos planes que los gobiernos, empresas individuales, grandes multinacionales, ayuntamientos y otras colectividades publican cada día en Internet. Sin embargo, esta vez no puede quedar solo en un plan del Gobierno de Canarias. La responsabilidad de lucha contra el cambio climático descansa en el Gobierno, en otras instituciones insulares y locales, en empresas, en sindicatos, en ONGs y, especialmente, en usted y yo querido lector. Si continuamos sin apagar las luces o el televisor para poder usar el mando a distancia, si continuamos usando el aire acondicionado cuando bastaría abrir la ventana, si continuamos prefiriendo el coche y los atascos a cinco o diez minutos caminando o compartiendo la guagua con otras personas, nada podrán hacer todas las iniciativas para la lucha contra el cambio climático.

Nunca he sido catastrofista sino, al contrario, posibilista. Sin embargo, por puro egoísmo, si no queremos pasar demasiado calor mañana usemos razonablemente hoy el aire acondicionado. Si queremos tener mañana luz eléctrica, reduzcamos los miles de vatios innecesarios de luz que sólo nos impiden contemplar el cielo. Si queremos seguir contando con el turismo como fuente de riqueza en esta tierra, aburrámonos un domingo con los chicos en la playa o en un parque, en lugar de aburrirnos en el coche y la visita al neón del centro comercial más próximo.

Cóctel pintoresco
Si no, la alternativa es otra: el recurso masivo a la energía nuclear, asociada al uso de hidrógeno para los coches y con unas gotitas pintorescas de energías renovables para darle sabor al cóctel. Puede parecer política-ficción, pero dicha alternativa nuclear, tal y como yo recuerdo, se planteó ya en Las Palmas de Gran Canaria en unas jornadas sobre la energía ante la primera crisis del petróleo, organizadas por el Cabildo en 1976. La historia se repite y los cíclicos cenits del petróleo acaban de darse la mano con su amigo el átomo. Usted elige, querido amigo. Yo prefiero pasar algo de calor asomado a la ventana y viendo el atardecer tras la montaña de Gáldar-Guía y, al fondo, el Teide con nieve.

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