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La agricultura, ¿un parque temático?

Fernando Redondo, presidente de Consejo Económico y Social de Canarias, escribe en la columna “Notas de economía rural”...

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“Ver el valle de La Orotava o las vegas de Gáldar o Telde convertidos en autopistas es el mejor ejemplo del menosprecio al que se somete nuestro territorio”, escribe Fernando Redondo, presidente de Consejo Económico y Social de Canarias, en la columna “Notas de economía rural” de la primera época de la edición impresa de nuestra revista. [En PELLAGOFIO nº 27 y nº 28 (1ª época, diciembre 2006-enero 2007).]

La producción ganadera canaria. con un valor que supera los 180 meuros anuales, superior a la producción total de plátanos, recibe unas ayudas públicas insignificantes

Por FERNANDO REDONDO RODRÍGUEZ

1.El verano suponía la estación en que culminaba el esfuerzo agrícola de todo el año. Se asociaba a la recogida de la fruta, las ferias de ganado, la trilla, las vacaciones en el campo y, en las fiestas de los pueblos, se estrenaba la ropa y los zapatos nuevos con los ingresos extras. Es una forma de vida que, afortunadamente, sigue existiendo. De repente, y casi sin darnos cuenta, asistimos a una especie de falsificación de ese mundo en las innumerables romerías que se organizan en cada rincón de las islas: carretas arrastradas por bueyes, ovejitas, cabras y un grupo de ciudadanos vestidos supuestamente como mis abuelos. La mayoría comenta que viene con sus niños “para que vean una vaca”, no sea que crean que la leche se produce en tetrabrik. Terminaremos creyendo que eso de la agricultura es algo exótico inexistente en la realidad, casi como un parque temático, y que los agricultores son una rara especie romántica.

Es cierto que el valor del sector agrario en las islas es algo testimonial (en torno al 2% del valor de toda la economía, baste recordar que en 1973 representaba el 24,5%) y que su pérdida de peso es imparable, pero al margen del importante papel que cumple en el ámbito medioambiental, de seguridad alimentaria, equilibrio poblacional, etc., no puede olvidarse la existencia de profesionales al frente de sus explotaciones. Además de ser su medio de vida, con una rentabilidad baja, incierta y con dedicación plena, deben combinar métodos tradicionales, adaptados al medio natural, con técnicas modernas que les permita competir en los mercados internacionales.

A grandes trazos intentaremos describir como es este sector, capaz de producir de todo. Además, algunos datos seguramente sorprenderán porque, por ejemplo, existe la falsa creencia de que algunas islas tienen una vocación más agrícola y ganadera que otras. Podemos empezar por la ganadería, quizás la más desconocida, que supone el 25% del valor total de la agricultura –cifra nada desdeñable–, y continuar posteriormente con el resto. Tanto en bovino (60,51%), como caprino (31,30%) y ovino (32,06%), Gran Canaria es la isla que mayor número de cabezas de ganado tiene de todo el archipiélago (con las explotaciones más intensivas y tecnificadas), seguida de Fuerteventura (30% de caprino y ovino) y Tenerife (26% de bovino). En cuanto a la producción de leche, la provincia de Las Palmas, principalmente Gran Canaria, produjo el 65% de toda Canarias. Un simple paseo por cualquier supermercado observando el espacio dedicado a batidos, yogures, leches y quesos, permite comprobar que somos la comunidad autónoma española con mayor consumo de productos lácteos.

La provincia de Tenerife lidera el número de cabezas en porcino (54% del total), avícola y conejos. Es importante destacar la producción de huevos, que supone más del 4% de la producción total, y que en su momento fue una interesante alternativa a las producciones tradicionales. En definitiva, puede afirmarse que tenemos una producción ganadera de cierta importancia y con un valor que supera los 180 meuros anuales. Cifra muy superior a la producción total de plátanos, por ejemplo, y, sin embargo, recibe unas ayudas públicas insignificantes, estando sometida a una feroz competencia de importaciones subvencionadas de derivados lácteos y carne.

2.Este año que ahora se inicia tenemos una nueva cita electoral, de carácter autonómico, y es un buen test para comprobar el grado de importancia que tienen los temas agrícolas en los programas de las diferentes opciones políticas. La impresión generalizada es que la agricultura es un asunto marginal.

Con unos pocos datos, sencillos pero reveladores, podemos describir cuál es la radiografía de este sector y la necesidad de algunas intervenciones protectoras: el valor de la producción agraria total está estabilizado en la última década en torno a 700 millones de euros anuales, de los cuales la cuarta parte proceden de la ganadería; en el resto de las producciones se han originado pocas alteraciones. Quizás lo más significativo sea el retroceso del cultivo del tomate y el incremento en otras hortalizas de medianías para el mercado interior, alcanzando un valor similar a la producción de plátanos.

El 97% del suelo cultivable en Canarias es de secano (727.000 has). El dato impresionante es que de toda esta superficie, el 94% es superficie forestal y otras (erial, baldío, improductivo, etc.)…

A las aproximadamente 34.000 personas empleadas en la agricultura deben añadirse otras 20.000 que la ejercen como una actividad secundaria. Es decir, la tendencia es que casi la mitad de los agricultores se dedican a ella a tiempo parcial. Esto, posiblemente, explique que el cultivo de medianías es el sostenedor principal del paisaje.

…Es decir, el suelo realmente que se está destinando a la producción son 64.300 has, que no llega al 9% del total del potencial en las islas

Para completar esta descripción general, cabe señalar que la superficie agraria útil se ha reducido considerablemente, así como el número de explotaciones. Sin embargo, se emplea más mano de obra y aumenta su valor de producción. Esto significa mejoras tecnológicas y rentabilidad y, por consiguiente, un avance en su viabilidad económica. Es la otra agricultura canaria, la exportadora y profesionalizada que compite con los mercados internacionales.

Quizás una forma más sencilla de describir la agricultura canaria sea visualizando la distribución del uso del suelo: el 97% del suelo cultivable es de secano (727.000 has), el resto es de regadíos (1,8%) e invernaderos (1,2%). En estos últimos, de las 13.000 hectáreas de regadíos corresponden a plátanos más del 50%, el resto es para viñedos, papas, cítricos, aguacates, flores y hortalizas. En invernaderos (7.800 has), el plátano supone 3.100 hectáreas, el tomate 2.700 y el resto se distribuye en flores, piña, calabacín, pimiento, etc. El cultivo de secano es, por tanto, predominante en la agricultura canaria y, dentro de él, las papas, viñedos y pastizales son lo más relevante.

Pero el dato impresionante es que de toda esta superficie de secano, el 94% es de superficie forestal y otras (erial, baldío, improductivo, etc.). Es decir, el suelo realmente que se está destinando a la producción son 64.300 has, que no llega al 9% del total del potencial en Canarias. Por ello, es fácil entender que en Canarias la defensa y supervivencia del suelo rústico o potencialmente agrícola sea algo que preocupa y obsesiona a cualquier responsable de administrar el territorio. A cualquier persona sensata le cuesta entender cómo se le machaca de forma tan irracional.

En las últimas semanas se han publicado en la prensa posibles actuaciones ilegales de algunos alcaldes en materia urbanística, y, como es habitual, por infracciones en suelo rústico y con alto valor agrícola. Desgraciadamente, es una vieja historia: el crecimiento urbano, las grandes infraestructuras y cualquier actuación se realizan siempre a costa del escaso suelo agrícola. Ver el valle de La Orotava o las vegas de Gáldar o Telde convertidos en autopistas es el mejor ejemplo del menosprecio al que se somete nuestro territorio. El suelo agrícola no sirve para otra cosa. No se termina de entender que es un tesoro escaso, imposible de recuperar y, por lo tanto, de crear. ¿Veremos propuestas políticas imaginativas en las próximas elecciones que preserven el suelo agrícola? Porque sin él desaparece la agricultura y, con ella, todo un alto valor cultural de Canarias.

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