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El guirre ‘Chinijo’ salva su pata rota

La recuperación del alimoche canario sigue su curso con éxito en Fuerteventura, incluso ha extendido su hábitat a la isla de Lanzarote...

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La recuperación del alimoche canario sigue su curso con éxito en Fuerteventura, incluso ha extendido su hábitat a la isla de Lanzarote. Días atrás, sin embargo, los biólogos capturaron un juvenil gravemente herido en Tiscamanita. Esta es la historia de su paso por la mesa de operaciones para salvarle. [En PELLAGOFIO nº 35 (2ª época, octubre 2015)].

Por YURI MILLARES

El alimoche canario o guirre majorero (Neophron percnopterus majorensis), subespecie del alimoche común, es un buitre que habitaba en la práctica totalidad de las islas Canarias, incluso en sus puertos principales, como el de La Luz y de Las Palmas y el de Santa Cruz de Tenerife. Su presencia es de gran importancia en el medio ambiente, pues elimina la carroña de animales muertos que pueden ser causa de enfermedades para otras especies, también la humana. Pero a partir de mediados del siglo XX su número comenzó a descender, hasta casi desaparecer del archipiélago.

Comedero con guirres y cuervos en Fuerteventura.| FOTO PROYECTO LIFE
Comedero con guirres y cuervos en Fuerteventura.| FOTO PROYECTO LIFE
César-Javier Palacios, en su artículo “Alimoche Canario” de hace unos años, cuando la especie estaba en situación crítica, cita como causas la “acelerada industrialización, amplio desarrollo turístico y modificación del hábitat, aumento de la población, reducción de la cabaña ganadera, empleo de pesticidas (principalmente y de una manera masiva en la lucha contra las plagas de Schistocerca gregaria [la langosta del desierto]), electrificación rural con tendidos de diseño peligroso para las aves, utilización de venenos y un largo etcétera”.

La situación empezó a dar un vuelco en el marco del proyecto europeo LIFE de 2004 “La Conservación del Guirre en ZEPAs de Fuerteventura” [ZEPAs son las zonas de especial protección para aves] y del Plan de Recuperación del Guirre impulsado por el Gobierno de Canarias a finales del 2006. En estas tareas está José Antonio Donázar Sancho, profesor de Investigación en el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana. En la actualidad hay 51 territorios ocupados (o parejas de guirres) en Fuerteventura e, incluso, otros 5 en Lanzarote.

“Son pájaros que no salen del territorio. No van a África, tampoco cruzan a Gran Canaria. Se mueven sólo entre Fuerteventura y Lanzarote”

Campaña de control y captura
“Todos los años hacemos una campaña regular que dura desde febrero hasta finales de julio, para hacer el control rutinario de toda la población de guirres”, ha explicado Donázar días atrás a PELLAGOFIO, en conversación telefónica. “Son pájaros que no salen del territorio. No van a África, que se pensaba que sí; tampoco cruzan a Gran Canaria, por lo que sabemos. Se mueven sólo entre Fuerteventura y Lanzarote”, añade.

A finales de septiembre de 2015 el equipo que dirige llegó a Fuerteventura para una nueva campaña, que durará un mes: “Llevamos a cabo el seguimiento de la población de guirres de la isla desde 1998, marcándolos y anillándolos con unas anillas de plástico que tienen letras y números. Así que sabemos prácticamente dónde ha nacido cada ejemplar, quien es quien, etc. Estos días lo que estamos haciendo es una campaña de captura de ejemplares para ponerles emisores GPS, un trabajo que financia el Gobierno de Canarias junto con el Ministerio [de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente]”.

El GPS les permite después conocer sus movimientos, “lo que nos ayuda –dice– a planificar aspectos relacionados con el territorio: por ejemplo, dónde poner líneas eléctricas o no ponerlas”.

“Vimos un pájaro con la pata rota, en muy mal estado, y la anilla nos dijo que había nacido este mismo año en un territorio del sur de Lanzarote”

Días atrás los seis miembros del equipo se encontraban en el cebadero de Tiscamanita, alimentando a las aves con carroña para atraerlas al lugar y capturarlas con redes e instalarles el GPS, cuando “vimos un pájaro con la pata rota, en muy mal estado, y la anilla nos dijo que ese es un pájaro que ha nacido este mismo año en un territorio del sur de Lanzarote”. Concretamente en marzo, tenía pues sólo seis meses de edad. “Estuvo visitando el cebadero que hicimos durante varios días hasta que, finalmente, cuando hicimos la captura dio la casualidad de que en ese momento había personal del Gobierno de Canarias y llamaron a los agentes de Medio Ambiente que vinieron a recogerlo de inmediato”.

Antes de operar, el veterinario observa las radiografías del ave.| FOTO T. G.
Antes de operar, el veterinario observa las radiografías del ave.| FOTO T. G.
Traslado inmediato
La pata fracturada mostraba signos de llevar así al menos varias semanas. “Lo que no tenemos idea es cómo pudo habérsela roto –comenta Donázar–. En otras ocasiones se han producido accidentes en las patas con los tendidos eléctricos, porque los pájaros se enganchaban en alguna estructura, concretamente una que se llama estabilizador del cable de tierra. Pero eso ya no existe, se cambiaron hace tiempo, así que no sé dónde pudo haberse hecho esa herida tan enorme. ¿Tal vez una mordedura de un carnívoro? No sé”.

Detalle del momento en que se eliminaba tejido cartilaginoso, que había crecido en torno la herida e impedía unir el hueso.| FOTO T. G.
Detalle del momento en que se eliminaba tejido cartilaginoso, que había crecido en torno la herida e impedía unir el hueso.| FOTO T. G.

“El joven guirre presentaba una antigua fractura abierta del tarso, probablemente ocurrida hacía más de un mes y alrededor existían muchas zonas necróticas”

El caso es que lo vieron en muy mal estado y fue trasladado al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira, en Gran Canaria. El técnico responsable del mismo, Pascual Calabuig [ver entrevista en este mismo número], y su equipo (Andama Iballa de Vicente y Alberto Sarmiento) se hicieron cargo del ave en cuanto llegó, preparando de inmediato la mesa de operaciones para una intervención que se prolongó varias horas.

El joven guirre “presentaba una antigua fractura abierta del tarso, probablemente ocurrida hacía más de un mes”, pudo observar Calabuig. “Alrededor existían muchas zonas necróticas, con exposición de un fragmento de varios centímetros de la parte distal de la fractura. Al estar al aire el hueso se había necrosado en parte, debíamos salvar justo esa parte donde todavía existía riego sanguíneo”.

En pocos minutos el efecto de la anestesia ya había pasado y ‘Chinijo’ comía de pie un huevo y carne cruda de conejo. | FOTO T. G.
Tras la operación, el efecto de la anestesia pasa en pocos minutos y ‘Chinijo’ come de pie un huevo y carne cruda de conejo. | FOTO T. G.
¿Cómo pegar los huesos?
El gran problema, que alargó la intervención varias horas, “estribó en que la pata estaba desituada de su posición fisiológica y había empezado a crecer mucho tejido cartilaginoso intentando pegar los huesos en esa posición”, explica. Había que eliminar todo ese tejido que molestaba para poder colocar las dos partes del hueso roto en su sitio. Las gotas de sudor cubrían la frente del veterinario, preocupado por la dificultad de la operación. “Había que ser muy cuidadosos para no romper lo que hace funcionar la pata: nervios, tendones, músculos, etc.”.

Se procedió a colocar una estructura con cuatro agujas de fijación externa perpendiculares al hueso, para que el animal pueda estar de pie sin que le duela la herida

Al final, una vez recuperada la posición del hueso, “se procedió a colocar cuatro agujas de fijación externa perpendiculares al hueso, dos por arriba de la fractura y las otras dos por debajo, una estructura por la que se transmiten las fuerzas de apoyo de la pata” para que el animal pueda estar de pie sin que le duela la herida. “Esa misma lesión con pocos días hubiera sido pan comido para nosotros. Ahora está en un veremos cómo queda”.

De momento, Chinijo (como ha sido bautizado el joven guirre) lleva bien el posoperatorio. Se apoya en la pata operada, está comiendo bien y se le hacen curas diarias. No obstante, “queda esperar un largo proceso de curación de la herida”, advierte.

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Pascual Calabuig, veterinario de fauna silvestre

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