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En busca del pinzón azul de Gran Canaria

Las islas Canarias son un paraíso para toda clase de turismo especializado y singular, también para los aficionados a la ornitología...

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Las islas Canarias son un paraíso para toda clase de turismo especializado y singular (desde el buceo a la búsqueda de setas), también para los aficionados a la ornitología, aunque en este caso aún lo tienen difícil si lo que buscan es al raro pinzón azul de Gran Canaria, todavía en peligro de extinción y con un nuevo plan de recuperación en marcha. [En PELLAGOFIO nº 18 (2ª época, marzo 2014).]

Pollos en el nido, mesa de control para las cámaras que vigilan las jaulas en el Centro de Cría en Cautividad y colocación de transmisores para su seguimiento tras la liberación./ FOTOS L. ESTÉVEZ
Por YURI MILLARES

Las islas Canarias cuentan con dos subespecies endémicas del pinzón azul, un precioso y tímido ave que vive en los pinares de Tenerife (Fringilla teydea teydea) y de Gran Canaria (Fringilla teydea polatzeki). Pero frente a la buena situación y amplia presencia del pinzón tinerfeño, en el otro caso la situación no es tan favorable a la supervivencia del ave desde hace muchos años, debido a la “destrucción del hábitat y la captura de ejemplares con destino a los museos de historia”, describe el nuevo Plan de Recuperación del Pinzón Azul de Gran Canaria (Decreto 94/2013, de 5 de septiembre del Gobierno de Canarias).

Hembra silvestre de pinzón azul, anillada. | FOTO CEDIDA POR MIGUEL ÁNGEL PEÑA
Las primeras noticias datadas de la existencia de la especie en los montes de Gran Canaria son de 1856, por el naturalista Carl Bolle, aunque hubo que esperar a 1905 a que lo confirmara Johan Polatzek. Identificada como nueva subespecie que habitaba en pinares situados por encima de Mogán, 51 años más tarde también se comprobó su presencia en el pinar de Tamadaba, según recoge en su memoria el nuevo plan de recuperación.

Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XX y recién descubierto ya era difícil de ver, como relata el ornitólogo inglés David Bannerman que organizó una expedición hasta la isla con el propósito de localizarlo en el “Pinar Pajonal”.

Durante varios días Bannerman intentó localizar al pinzón azul sin éxito hasta que pudo ver al único ejemplar vivo que tendría ante sus ojos en aquel viaje, un macho al que disparó, mató y se llevó a Inglaterra

Embarcado en el remolcador Britannia, zarpó del puerto de La Luz y Las Palmas la noche del 21 de enero de 1910 rumbo a la playa de Mogán, donde desembarcó (y avistó, por cierto, una pareja de cuervos, especie que entonces era abundante y se encuentra en situación aún más crítica que el pinzón azul en la actualidad). Subió hasta el pinar y observó la presencia del pico picapinos, llegando hasta la Cueva de las Niñas para acampar. Durante varios días intentó localizar al pinzón azul sin éxito hasta que el 24 pudo ver al único ejemplar vivo que tendría ante sus ojos en aquel viaje, un macho al que disparó, mató y se llevó a Inglaterra junto con una hembra que capturó otro miembro de su expedición. “No encontramos más pinzones durante esta visita aunque buscamos por todos lados”, escribe en su libro de largo título Las Islas Canarias, su Historia, Historia Natural y Paisaje. Un relato de expediciones y acampadas ornitológicas en el Archipiélago.

El nuevo Plan de Recuperación amplía objetivos para crear un segundo núcleo en el pinar de la Cumbre a partir de la cría en cautividad y de las traslocaciones desde Inagua

El nuevo Plan de Recuperación de la especie que acaba de ponerse en marcha por un período de cinco años (el primer plan había sido aprobado en 2005, también con una vigencia de cinco años), se sigue desarrollando en las instalaciones que el Cabildo de Gran Canaria tiene en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira, ampliando objetivos para crear y consolidar un segundo núcleo autosuficiente en el pinar de la Cumbre a partir de la cría en cautividad y de las traslocaciones desde Inagua, donde se sigue trabajando para incrementar la población fuente que es de unos 250 ejemplares.

También en la Cumbre
“Ya estábamos soltando ejemplares en pinares de la Cumbre desde hace cuatro años, para no tener concentrada la población en un solo núcleo”, explica Loly Estévez, actual directora técnica del nuevo plan, que cifra en cerca de 50 el número de ejemplares que se han soltado en esta otra zona los últimos años. Fue precisamente a raíz del gran incendio del año 2007 que afectó a media isla y, especialmente, al pinar de Inagua, Ojeda y Pajonales donde se concentra la población de pinzón azul de Gran Canaria, cuando se comenzó a soltar en la Cumbre. El propio ave se ha desplazado por distintos fragmentos de pinar entre Inagua y la Cumbre y entre Inagua y Tamadaba, estableciéndose en los pinos canarios de más edad (de altura superior a los 17 metros) y mayor cobertura vegetal, que son sus preferidos, aunque también han sido vistos en otro tipo de pino de repoblación como el radiata.

La gran dificultad que encuentra el pinzón azul en sus movimientos es la falta de corredores arbolados

La gran dificultad que encuentra el pinzón azul en estos movimientos es la falta de corredores arbolados. “La escasa extensión del área de distribución actual, la profusa fragmentación forestal existente en Gran Canaria, el carácter marginal del hábitat donde se asienta la mayor parte de la población, y el reducido tamaño poblacional, son factores de amenaza para el mantenimiento futuro de las poblaciones a medio-largo plazo”, señala el texto del nuevo Plan, que también contempla medidas para corregir esta situación.

Reforestar para repoblar
Para “favorecer el flujo de genes entre poblaciones, permitiendo además la colonización de hábitats vacantes y reduciendo los riesgos de endogamia”, el Plan insiste en “favorecer la ampliación del área de distribución del pinzón azul de Gran Canaria”, por lo que considera “prioritario la reforestación” del sector noroccidental del corredor desde el pinar de Inagua, Ojeda y Pajonales al pinar de la Cumbre, así como de los polígonos en el entorno de la Degollada de Chirimique.

Pollo recién salido del nido en el Centro de Cría en Cautividad de Tafira./ FOTO PASCUAL CALABUIG
■ CRÍA EN CAUTIVIDAD
Los técnicos proponen, los pinzones deciden

Pero más allá de favorecer la recuperación de los hábitats donde vive y cría la especie de modo natural, un aspecto clave para la recuperación de la especie y en lo que se viene trabajando con éxito desde hace años es en la cría en cautividad y suelta de individuos en su medio natural. Algo que no es nada fácil. “Tenemos un programa informático que empareja a los machos y hembras del centro de cría, pero a veces los que deciden si se emparejan son el propio macho y hembra”, dice Loly Estévez. De hecho, a veces pasan varios años antes de que esa pareja “de hecho” decida criar. “Nosotros les añadimos suplementos vitamínicos en su alimentación para estimular el celo y la puesta”, añade. Así, en 2013 se trabajó con 13 parejas, de las que cuatro de ellas estuvieron en condiciones para criar, pero sólo tres llegaron a realizar la puesta en el nido, que es sólo de dos huevos en esta especie.

“En cautividad suelen hacer hasta tres y cuatro puestas en su época de cría (entre mayo y julio), en libertad sólo realizan una puesta o dos”
“En cautividad suelen hacer hasta tres y cuatro puestas en su época de cría (entre mayo y julio), en libertad sólo realizan una puesta o dos, además de una puesta de reposición si pierden alguna de las anteriores”. La incubación de cada huevo es de 14 días (“suelen pesar entre 3,2 y 3,5 gramos, aunque aquí tenemos una campeona que los pone de hasta 4 gramos”). Al terminar la puesta se retira el macho de la jaula de cría y el personal está muy pendiente de cada pareja de huevos en cada nido, pero sin realizar ninguna acción que asuste a la madre o abandonaría la incubación. La observación mediante ovoscopio permite comprobar cómo está el pollo que va a nacer en breve, e incluso el día que sale del cascarón se está muy pendiente para que la madre no se precipite al ayudar a la cría a separarse de los restos de la cáscara.

Por supuesto, también se vigila a cada madre para que alimente a los pollos correctamente. Esta ave, que se alimenta de semillas, en época de cría también come invertebrados como saltamontes, mariposas o arañas, y si son libélulas y mantis religiosa, mejor, “les encantan”. En el propio Centro de Cría, además de proporcionarles todos esos insectos que personal y voluntarios capturan en el exterior, tienen un criadero del gusano de la harina (Tenebrio mollitor) para suministrarles sus tiernas larvas a los pinzones. Los pollos se emancipan al mes y medio de nacer, cuando ya comen solos, y son trasladados a otro jaulón para que ejerciten el vuelo en compañía de ejemplares adultos.

En los meses de septiembre y octubre es cuando se realizan las sueltas
En los meses de septiembre y octubre es cuando se realizan las sueltas, poniendo una jaula con varios ejemplares jóvenes a seis metros de altura durante varios días, para que se vayan aclimatando al lugar antes de dejarles el jaulón abierto. “Tenemos que estar allí todo ese tiempo y vigilar de día y de noche, para evitar el ataque de depredadores como el búho y que la suelta sea un éxito”.

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Vicente Escobio García, micólogo

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Hojea aquí el nº 18/2014: “En busca del pinzón azul”

2 Comentarios

  1. Petra Godoy Viera
    noviembre 12, 2014 at 9:03 pm — Responder

    Muy interesante, felicito tan ardua y laboriosa labor y a la vez siento que es muy gratificante para ustedes. Gracias por dar a conocer aspectos tan interesantes sobre nuestra tierra y su habitat.

  2. José
    marzo 1, 2017 at 6:12 pm — Responder

    Mis padres tenían una pequeña propiedad en Los Tilos (Moya), por encima del bosque. Recuerdo verlos en ese lugar , año 1945 y años después. Por esa época había un gran bosque,muchos árboles, había nacientes de agua…

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