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La primera floración después de veinte años

Los autores que identificaron al drago de Gran Canaria como nueva especie para la ciencia recuerdan cómo fue el hallazgo...

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Los autores que identificaron al drago de Gran Canaria como nueva especie para la ciencia recuerdan cómo fue el hallazgo dos décadas después, cuando una de las semillas que recolectaron y plantaron por fin ha dado fruto en el Jardín Canario. [En PELLAGOFIO nº 23 (2ª época, septiembre 2014).]

Por YURI MILLARES

Flores del 'Dracaena tamaranae' del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo./ FOTO RAFAEL S. ALMEIDA
Flores del ‘Dracaena tamaranae’ en el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo./ FOTO RAFAEL S. ALMEIDA
El geógrafo Rafael S. Almeida tiene en la fotografía una afición que lo ha llevado a caminar la isla de Gran Canaria en busca de aves que retratar, hasta que empezó a dirigir su atención a las plantas. Buscando semillas de sabina, de cedro y de drago, un día ocurrió que halló un drago en plena fructificación: siendo un árbol raro y escaso en Gran Canaria, y dado que se trata de una especie que florece cada muchos años, no dudó en aprovechar la ocasión que la naturaleza le brindaba. Aquel drago debió iniciar la floración en 1994 y un año después estaba dando fruto.

Recogió algunas semillas que plantó en su casa, en unos vasitos de yogur. Algún tiempo después obtuvo unas plantas que no le parecieron lo que se suponía debían ser: plantas del drago canario o Dracaena draco. “Cuando tiene unos cuantos nacidos en aquellos vasos de yogur, Rafael nos los trae y nos los enseña”, recuerda Águedo Marrero, biólogo del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo. “A él le extrañaba el aspecto que tenían. Nos llamó la atención, pero no le dimos mayor importancia y nos dejó un lote de semillas que, a su vez, nosotros sembramos aquí”.

Rafael S. Almeida sube por una escalera hasta lo alto de este 'Dracaena tamaranae'  casi cuatro metros para fotografiar cómo empieza a frucftificar./ FOTO YURI MILLARES
Rafael S. Almeida sube por una escalera hasta lo alto de este ‘Dracaena tamaranae’ casi cuatro metros para fotografiar cómo empieza a frucftificar./ FOTO YURI MILLARES
Al cabo de un año, “cuando esas plantas crecieron un poco, era evidente que aquello no correspondía a Dracaena draco, porque las hojas eran muy distintas”. Águedo Marrero incluso llegó a pensar que había habido una confusión con las etiquetas en el semillero, pero Miguel Alemán, el capataz del vivero, lo negó rotundamente: “Águedo, estas son las plantas de las semillas que tú me diste”.

No había duda
A partir de ese momento no quedó duda, estaban ante algo nuevo y no conocido. Había que investigar y averiguar qué era aquello y los dos pusieron en marcha un intenso programa de actividades para identificar a aquel drago. ¿Sería una nueva especie? La emoción los animó mucho más. Consultaron toda la bibliografía existente, incluso viajaron a Londres, a buscar en el herbario del Museo Británico cualquier semejanza con algún otro drago del mundo. “Teníamos que contrastar lo que estábamos viendo con las otras especies de dragon tree”.

“Nos dimos cuenta simplemente con recoger hojas del suelo: no había forma de confundirlo”

Rafael S. Almeida (izq) y Águedo Marrero junto al drago 'tamaranae' en flor del Jardín Canario./ FOTO Y. M.
Rafael S. Almeida (izq) y Águedo Marrero junto al drago ‘tamaranae’ en flor del Jardín Canario./
FOTO Y. M.
El único precedente que tenían en Gran Canaria eran las menciones de Günther Kunkel a la existencia de poblaciones de dragos silvestres. Pero no mencionaba que fueran otra especie distinta de la Dracaena draco. Rafael y Águedo se dedicaron a recorrer la isla en su busca, dos y hasta tres días en semana. “Nos dimos cuenta simplemente con recoger hojas del suelo: no había forma de confundirlo”. A finales de 1998 el descubrimiento fue publicado a nivel internacional en una prestigiosa revista: quedaba confirmada la existencia del drago de Gran Canaria como especie nueva para la ciencia, exclusiva de esta isla, y la bautizaron Dracaena tamaranae.

Diferenciación entre dragos
Rafael S. Almeida llegó a censar 85 dragos endémicos de Gran Canaria silvestres en toda la isla, de los que en 2014 ya sólo quedan 79. Distinguir al D. tamaranae del D. draco es bastante evidente observando las hojas de uno y otro drago: en el primero tienen una disposición recta y muy rígida (mientras que en el otro tienden a curvar); además, las hojas son acanaladas (las del D. draco son planas); son hojas más punzantes, si intentas tocarlas te pinchas (el otro es más suave al tacto); y tienen forma de cuña, de forma que progresivamente es más delgada hasta llegar a la punta (las del drago canario tienen una parte que es paralela, incluso tiene una pequeña constricción casi en la base que es más estrecha).

Siendo tan fácil distinguir un drago del otro, ¿cómo es que no se ha sabido hasta fechas recientes que había una especie endémica exclusiva de Gran Canaria? (Por cierto, en esta isla casi no existen dragos silvestres de la especie más común en el archipiélago: de hecho, ¡no queda ninguno!, el último vivo era el de Pino Gordo, en La Aldea, y murió en 2009, un hecho que no se había publicado hasta ahora, cuando se lo ha confirmado Águedo Marrero a PELLAGOFIO).

Uno de los dragos 'tamaranae' del Jardín Canario y, detrás, un ejemplar de mayor porte del 'Dracaena draco', donde se aprecia la diferencia en las hojas (leer diferencias en el artículo)./ FOTO YURI MILLARES
Uno de los dragos ‘tamaranae’ del Jardín Canario y, detrás, un ejemplar de mayor porte del ‘Dracaena draco’, donde se aprecia la diferencia en las hojas (leer diferencias en el artículo)./ FOTO YURI MILLARES
Kunkel, incrédulo
La respuesta a tal pregunta es que los dragos silvestres en Gran Canaria crecen en lugares prácticamente inaccesibles, a donde sólo se puede llegar utilizando herramientas y técnicas de escalada. Ello explicaría que Kunkel hiciera esa primera cita del “drago silvestre de Gran Canaria” pero no lo describiera como nueva especie: “Siendo él un fino observador que describía especies, subespecies y variedades, probablemente nunca la tuvo a mano y nunca la herborizó, sino que la citó por referencias que le hacían montañeros o por observarlos él, pero desde lejos”, opina Marrero.

El último ‘Dracaena draco’ silvestre que quedaba vivo en la isla de Gran Canaria era el de Pino Gordo, en La Aldea, y murió en 2009

Un mes antes de publicar la descripción de la nueva especie de drago, unos felices Rafael S. Almeida y Águedo Marrero escribieron a Günther Kunkel para compartir con él la noticia. Pero la respuesta de Kunkel fue de incredulidad y les escribió que “con respecto a esa nueva especie de drago, he de decir que dragos no son carlinas”. Venía tal respuesta a cuento de que, justo un año antes, Marrero había descrito una carlina en las cumbres de Gran Canaria que era nueva para la ciencia, y para Kunkel un nuevo drago eran “palabras mayores”, frente a un “simple mato” como la carlina.

No fue hasta que un químico alemán amigo suyo y aficionado a la botánica se lo confirmó, tras visitar el Jardín Canario, que lo reconoció y les escribió para felicitarles. De los 30 Dracaena tamaranae que se llegó a plantar en el Jardín Canario, sólo uno mide ya cuatro metros de altura –18 años después de que fuera plantado– y ha florecido este verano de 2014 ¬–otros, en cambio, apenas han crecido unos centímetros o nada en todo este tiempo–.

María del Mar Arévalo con el nuevo director del Jardín Canario, Juli Caujapé.
María del Mar Arévalo con el nuevo director del Jardín Canario, Juli Caujapé./ FOTO YURI MILLARES
■ JARDÍN BOTÁNICO VIERA Y CLAVIJO
Los retos del nuevo director

Por YURI MILLARES

“El Jardín Botánico es un proyecto consolidado que ya ha cumplido 60 años, pero tenemos que abordar nuevos retos para que cumpla otros 60 años más. Por eso hemos optado por alguien con un profundo conocimiento de lo realizado hasta ahora y con capacidad para plantear esos nuevos retos”, ha explicado a PELLAGOFIO María del Mar Arévalo, consejera de Medio Ambiente y Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, al explicar el reciente nombramiento de un nuevo director del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo en la persona de uno de sus científicos más sobresalientes: Juli Caujapé. El balance de estas seis décadas es un jardín botánico que su primer director, Eric Sventenius, dejó planteado, “fue el pionero, pero su repentino fallecimiento dejó inacabado el proyecto. El gran consolidador estos años ha sido David Bramwell, con un magnífico trabajo y el gran reconocimiento que este jardín botánico ha tenido a nivel internacional”, añade la consejera. Los nuevos retos que quiere poner en marcha pasan por dotar al Jardín Canario de un amplio aparcamiento para los 200.000 visitantes que recibe cada año; integrar de manera más efectiva a la institución en el organigrama de la Consejería; e impulsar una gestión renovada de sus recursos y de su investigación ●

■ Consulta más información con amplias declaraciones de María del Mar Arévalo y Juli Caujapé ●

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