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Los Kunkel y el valor de la flora canaria

La llegada a Canarias de Günther y Mary Anne Kunkel significó un gran avance en el conocimiento científico de la botánica del archipiélago...

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La llegada a Canarias de Günther y Mary Anne Kunkel significó un gran avance en el conocimiento científico de la botánica del archipiélago, incluso el descubrimiento de nuevas especies para la ciencia. Su incompleto y grandioso atlas ‘Flora de Gran Canaria’ acaba de ser reeditado por el Cabildo de la isla. [En PELLAGOFIO nº 31 (2ª época, mayo 2015)].

Por YURI MILLARES

La restauración digital de las 200 láminas de ‘Flora de Gran Canaria’ llevó cuatro años de trabajo.
La restauración digital de las 200 láminas de ‘Flora de Gran Canaria’ llevó cuatro años de trabajo. En cabecera: La comunidad científica y el Cabildo de Gran Canaria arropan a Mary Anne Kunkel durante la presentación del libro.| FOTO YURI MILLARES
El Cabildo de Gran Canaria fue quien encargó a los Kunkel (a mediados de los años 70 del siglo XX) la realización de un gran atlas sobre la flora de la isla. De los diez tomos previstos sólo llegaron a publicarse cuatro [ver reportaje “Una pérdida irreparable para la ciencia en Canarias” en este mismo número] que, en 2009, la institución insular decide reeditar. El Departamento de Ediciones encarga la tarea al diseñador e ilustrador Agustín Casassa Caballero, que inmediatamente se pone manos a la obra en la magna labor de restaurar digitalmente las 200 láminas de Mary Anne Kunkel, que integraban esos cuatro tomos de la primera edición, agrupándolos en dos grandes volúmenes.

Fue un trabajo extremadamente largo y complicado que duró más de cuatro años, para conseguir que las láminas a color recuperaran su estado original, a la vez que garantizar la máxima calidad del escaneado para una impecable impresión de los volúmenes. Las láminas originales, en poder del Cabildo, son acuarelas (ocasionalmente tambiéncon dibujos en tinta china y otras con alguna técnica de pintura diferente). “Yo pensé que era un trabajo común de escaneo y limpieza”, confiesa Casassa, “pero fui entrando en el trabajo y viendo la complejidad”.

Agustín Casassa: “Mary Anne puso mucha atención a los colores de cada planta, para sacarlas tal cual eran con una sutileza bárbara”

Para empezar, en su estudio escanearon las láminas a mayor tamaño que el original, trabajando en el ordenador todos los detalles, sin automatismo, siempre a mano. “Había aguadas tan sutiles en color amarillo, que sobre el papel amarillo de acuarela casi no se distinguen, y no hay todavía tecnología que distinga de modo automático hasta donde llega el papel y donde empieza el color. Por eso todo se tuvo que hacer a mano”.

Una de las láminas de Mary Anne Kunkel en 'Flora de Gran Canaria'.
Una de las láminas de Mary Anne Kunkel en ‘Flora de Gran Canaria’.
Control del color
La limpieza y el control del color se fue haciendo, así, cada vez más complejo, para eliminar el color amarillo o la suciedad del papel. Más difícil aún fue “eliminar el papel”, es decir la rugosidad del papel acuarela, para que sólo se imprimiera la ilustración. Y a partir de ahí, trazar (seleccionar) cada detalle de cada planta y restaurar los colores. “Utilizar la tecnología de una forma tan artesanal fue el mayor quebradero de cabeza”, asegura. Cada detalle de cada planta tiene diferentes tonalidades de color, como ocurre en la naturaleza, tal es el grado de detalle de las láminas. “Mary Anne puso mucha atención a los colores de cada planta, para sacarlas tal cual eran con una sutileza bárbara”, explica Casassa.

El resultado está a la vista, dos grandes volúmenes en un papel de arte amarillo mate, especialmente fabricado para la ocasión, que permite “ser lo más fieles y respetuosos con el trabajo de Mary Anne”. Cada lámina va acompañada con los textos explicativos correspondientes de Günther Kunkel.

Por influencia de Günther
“Mary Anne me dijo una vez que ella pintó porque Kunkel se lo decía, porque a ella no le nacía –recuerda Luis García-Correa, fundador de Ascan (Asociación Canaria para la Defensa de la Naturaleza) e íntimo amigo del matrimonio Kunkel–. Y lo que ha hecho Mary Anne ahí está, en unas láminas impresionantes –añade mientras pasa las páginas de la nueva edición de Flora de Gran Canaria–. Y hay que hacer también una alabanza a Agustín Casassa: la labor que ha hecho con esos dos tomos es impresionante. Le ha dado un revalor al valor que ya tenían esas láminas”.

Al recordar a Günther Kunkel, García-Correa reconoce que la labor de Ascan se fundamentaba en la interpretación crítica del botánico alemán. “Él nos dirigía botánicamente. Nos hizo ver lo que no sabíamos, el valor inconmensurable e inigualable de la flora canaria. Porque somos los segundos en mayor número de endemismos por kilómetro cuadrado del mundo, después de la flora tropical. Con la particularidad de que la flora canaria es del terciario, es un fósil viviente. Todo eso me lo enseñó Kunkelio –como cariñosamente llamaba él a su amigo–. Y eso fue lo que intentamos transmitir y fue una época esplendorosa”.

Luis García-Correa: “Günther Kunkel no sólo protegía la flora por sí misma, sino porque era un medio y un elemento más de la naturaleza que necesitamos para vivir”

Günther Kunkel “fue un visionario que descubrió plantas como la Lotus kunkelli, que escribió mucho y trascendió a los medios internacionales. No paró de estar en todos los sitios que eran necesarios para la protección de la flora. Él no sólo protegía la flora por sí misma, sino porque era un medio y un elemento más de la naturaleza que necesitamos para vivir. Todo procede de la naturaleza y vivimos y respiramos porque estamos en medio de nuestro hábitat natural… con todos los disparates que se hacen”, sigue diciendo García-Correa.

Estos dos volúmenes reeditados ahora se corresponden con los cuatro tomos de la primera edición (1974-1979), siguen dejando fuera el quinto tomo que no se llegó a publicar, pero de la que el Cabildo de Gran Canaria posee otras 82 láminas inéditas.

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