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El bosque del Cedro, último reducto del cochino guanil (1)

Primera parte (Referencias históricas) del trabajo de investigación titulado "La antigua raza de cerdo canario: el cochino guanil o semisalvaje", de Cristóbal Gutiérrez.

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A partir de documentos históricos, artículos de prensa y datos sobre su morfología y biología, así como testimonios recogidos mediante entrevistas personales (2ª parte), el autor identifica al cerdo introducido en Canarias por las primeras incursiones humanas que arribaron a este archipiélago, muy distinto de la actual raza de cochino negro canario. Primera parte (Referencias históricas) del trabajo de investigación titulado “La antigua raza de cerdo canario: el cochino guanil o semisalvaje”. [En PELLAGOFIO nº 49 (2ª época, enero 2017)].

Por CRISTÓBAL GUTIÉRREZ

Al hacer referencia a la cabra prehispánica, base genética de las actuales razas caprinas canarias, irremediablemente se cita a la cabra guanil que existió hasta mediados del siglo XX en su último reducto de la Caldera de Taburiente, en La Palma. Con anterioridad, el naturalista Humboldt dio testimonio de la presencia de esta cabra y de los cazadores de cabras salvajes durante su ascensión por las laderas del Teide, en su viaje a Tenerife de 1799.

En el caso de la raza antigua de cochino canario, que también existió en estado semisalvaje o guanil en zonas boscosas de las islas, hay cierto. La pervivencia de estos últimos animales en los montes de Canarias únicamente perduró hasta mediados del siglo XX en una isla: La Gomera. En la vecina isla de El Hierro los cerdos que se criaban en la Dehesa Comunal estaban sujetos a un mayor manejo y en cerramientos desde la antigüedad (Manuel Juan Lorenzo Perera, Datos sobre el ganado, el pastoreo en la Isla del Hierro).

Antes de continuar, hay que precisar que el estudio genético de la actual raza de cochino negro canario ha revelado que hay una mezcla de genes europeos con mezcla de cerdos ingleses Berkshire y genes asiáticos, mientras que del estudio de los restos de yacimientos prehispánicos (como las piezas dentales de los cráneos) resulta una genética diferente que no tenía mezcla de genes asiáticos.

El estudio genético de la actual raza de cochino negro canario ha revelado que hay una mezcla de genes europeos con mezcla de cerdos ingleses Berkshire y genes asiáticos

En el caso que nos ocupa, fue en La Gomera y concretamente en el monteverde que se extiende por los altos de la isla (bosque del Cedro), el reducto de las últimas piaras de cochinos semisalvajes o guaniles hasta los años 50 del s. XX.

Citas para Gran Canaria
Existen algunas referencias a puercos semisalvajes en el monteverde de Gran Canaria, por ejemplo de Juan del Río Ayala (El Eco de Canarias, 13-7-1968): “…y hasta no hace un par de siglos se daba en Gran Canaria una especie de cerdo salvaje con características de jabalí por sus grandes colmillos”. También en relación con la historia del bosque de laurisilva que existió en Gran Canaria, en franco retroceso ya en 1782, en la mención que recoge la revista Aguayro nº 174 (Santana, “El Bosque de Doramas”) –“el barranco del Rapador, que inculto y cubierto de helechos servía solo a mantener treinta o qüarenta puercos con el rudo trabajo de cavar y sacar la raíz de esos helechos” –, nos da a entender vagamente la existencia en el pasado de cerdos sueltos en el antiguo monteverde de Gran Canaria que se remonta a épocas anteriores al s. XX.

La mayor parte de información recopilada en este artículo, sin embargo, procede de La Gomera en un período que va desde la incorporación de la isla al señorío de los Peraza (s. XV-XVI) hasta la década de los años 60 del s. XX, pues fue aquí donde la presencia de cerdos asilvestrados o semisalvajes se dio de forma constante hasta hace escasamente 60 años.

La introducción de ciervos está suficientemente documentada en La Gomera, llegando a abundar tanto en tiempos del mayorazgo de Guillén Peraza que se estimaba que llegó a alcanzar el millar de ejemplares

Referencias históricas en La Gomera
En 1555 Gaspar Fructuoso (citado por José Miguel Rodríguez Yánez y Gloria Díaz Padilla en El Señorío en las Islas Canarias Occidentales) menciona la introducción del ciervo (Cervus Elaphus) en La Gomera y la cacería que el Señor de la Isla ofreció al Marqués de Cañete, que se dirigía a Perú como Virrey matando éste “tres ciervos y dos jabalíes en la zona de monte que corresponde con el término de Chipude”. La introducción de ciervos (además de otras especies de caza menor como conejos, perdices, etc.) está suficientemente documentada en La Gomera, llegando a abundar tanto en los montes gomeros en tiempos del mayorazgo de Guillén Peraza que se estimaba que llegó a alcanzar el millar de ejemplares, pudiendo tratarse o bien de la subespecie Cervus Elaphus Hispanicus introducida desde España, según Gaspar Fructuoso, o del Cervus Elaphus Barbarus introducido de la mano de Sancho Herrera desde Berbería, según Abreu Galindo.

También se abatían toros y vacas asilvestrados, a los que se hace referencia como “sorprendentemente de pequeña alzada”. Las especies salvajes y el ganado guanil eran propiedad de los condes de La Gomera y así queda constancia en la siguiente reseña histórica: “Guillén Peraza concede en 1562 por data del Convenio Franciscano de los Santos Reyes, el aprovechamiento durante su vida y hasta una década después de su óbito, de los venados y de todo el ganado de cerda guanil mayor de 6 meses” (Rodríguez Yánez y Díaz Padilla, op. cit.).

Las especies salvajes y el ganado guanil eran propiedad de los condes de La Gomera

Ejemplo de lo que ocurría en Canarias con los cerdos: mestizaje de razas llegadas de fuera como se ve en esos lechones pintos. | JOSEFA CALERO En ARCHIVO C. GUTIÉRREZ
Ejemplo de lo que ocurría en Canarias con los cerdos: mestizaje de razas llegadas de fuera como se ve en esos lechones pintos. | JOSEFA CALERO (ARCHIVO C. GUTIÉRREZ)

Al igual que los ciervos, el ganado mayor vacuno y equino fue introducido por los conquistadores, pero se nos plantea la duda razonable, dadas las diferentes definiciones para el ganado porcino (jabalíes, puercos, ganado de cerda guanil), si además de los cerdos que poseían los aborígenes en estado semisalvaje, pudieran haber introducido los conquistadores la especie jabalí, al igual que el ciervo, como pieza cinegética.

Madeira, Caribe, Estados Unidos
Sin embargo, no aparece mención a la introducción de jabalíes en Canarias, como sí ocurrió en la cercana isla de Madeira, al parecer llevado por los portugueses desde sus antiguos puestos en la costa noroeste africana. En Madeira, al igual que en La Gomera, se mantuvo durante los siglos posteriores a su colonización la crianza de ganado suelto en el monteverde. Y al igual que en La Gomera, esta circunstancia se dio hasta bien entrado el s. XX, cuando en ambas islas se procedió, progresivamente, a la retirada forzosa del ganado salvaje o doméstico de los montes.

En Madeira, al igual que en La Gomera, se mantuvo durante los siglos posteriores a su colonización la crianza de ganado suelto en el monteverde

Resultante del mestizaje de los jabalíes y los cerdos que poseían los campesinos en el área noreste de Madeira es la raza actual, conservada en la actualidad por el Gobierno madeirense en algunas granjas y en el Parque Forestal de Queimadas (Municipalidad de Santana). Aquí se crían estos animales en cautividad para mantener la raza conocida como porco bravo, porco da serra o porco javalí, retirados de los montes por los pastores o abatidos por el Servicio de Parques, al igual que las cabras de las sierras madeirenses.

Es curioso el hecho de que aún en la actualidad esta raza mestiza de cerdo-jabalí produce en las camadas de lechones algunos individuos rayones similares a los ejemplares juveniles de la especie jabalí.

Como ocurre con los cerdos salvajes en Estados Unidos (Brisbin-Lehr & Mayer, The Wild Pigs in the United States: Their History, Comparative Morphology and current Status), al haber sido introducido el jabalí eurasiático (las primeras introducciones fueron ejemplares rusos) la población de cerdos salvajes americanos presenta características morfológicas muy variables, resultado de la hibridación de subespecies y razas domésticas de variada procedencia. Ello es evidente, por ejemplo, en la coloración de los lechones-rayones norteamericanos, hecho que no ocurre con algunas poblaciones de cerdos asilvestrados localizados en islas del Caribe y en el cerdo salvaje de la isla de Ossabaw (Georgia), al igual que el que existió en Canarias, pues se trata de cerdos de razas de tipo primitivo pero no mestizadas con jabalíes puros introducidos.

Raza primitiva
La raza de cerdos que poblaban los montes de La Gomera hasta mediados del s. XX eran, casi con toda probabilidad, de la raza primitiva del cochino que poseían los aborígenes, con posibles aportes de algunos cerdos domésticos de tronco ibérico introducidos posteriormente.

La raza de cerdos que poblaban los montes de La Gomera hasta mediados del s. XX eran, casi con toda probabilidad, de la raza primitiva del cochino que poseían los aborígenes

Cráneo de cochino prehispánico procedente del yacimiento arqueo-lógico de Barranco Roto (Museo Arqueológico Benahorita). | C. GUTIÉRREZ
Cráneo de cochino prehispánico procedente del yacimiento arqueológico de Barranco Roto (Museo Arqueológico Benahorita). | C. GUTIÉRREZ

Las condiciones particulares de aislamiento geográfico, pervivencia de la antigua cultura ligada al bosque y el aprovechamiento de los recursos forestales, dieron como resultado la supervivencia de esta raza singular en estado semisalvaje, de apariencia morfológicamente más similar al jabalí que a las razas domésticas, debido a la deriva evolutiva que cualquier raza doméstica experimenta al adaptarse de nuevo al medio natural encontrándose en libertad, tal como la encontraron los conquistadores españoles a su llegada a Canarias.

Desde el s. XV hasta el XIX las piaras de estos cerdos semisalvajes convivieron junto a los ciervos en el bosque del Cedro, pero sujetos a la fluctuación de sus poblaciones en diferentes épocas de caza libre que alternaban con períodos de caza vedada o captura limitada, en beneficio de las gentes de alta alcurnia y prohibida a las clases bajas, y en épocas de necesidad en las que los campesinos abatían animales del monte furtivamente para su sustento, aún bajo ordenanzas y penas impuestas por los “Dueños y Señores del Monte”.

Domingo Medina, el Patriarca del Cedro, retratado en 1927 para la revista ‘Hesc. G.pérides’.| ARCHIVO PELLAGOFIO
Domingo Medina, el Patriarca del Cedro, retratado en 1927 para la revista ‘Hesc. G.pérides’.| ARCHIVO PELLAGOFIO

Durante el s. XIX el ciervo desaparece de los montes gomeros, restando ya únicamente los cochinos en estado semisalvaje, a los que las gentes de clase pudiente abatían usando carabinas

Patriarca del Cedro
Finalmente, durante el s. XIX el ciervo desaparece de los montes gomeros, quedando apenas testimonio de su existencia y restando ya únicamente los cochinos en estado semisalvaje, a los que las gentes de clase pudiente no habían perdido el gusto por ir al monte a abatir usando carabinas. Y ello para desgracia de las familias que subsistían aisladas en las montañas con sus pocas cabras u ovejas, que tenían en el cochino semisalvaje un recurso proteico y permitía, al fin y al cabo, la pervivencia de la raza porcina, como atestiguaba Domingo Medina, el Patriarca del Cedro, en la entrevista que se le realizó en 1927 para la revista Hespérides. Testigo de tiempos pasados, conocedor del monte de laurisilva y sus recursos, recolectaba raíces de helechos con las que se hacía harina y elaboraban tortas, y afirmaba que “era él y no el alcalde” quien mandaba en el Monte del Cedro y se lamentaba de que las gentes subieran al monte a matar los cochinos, pues aquellos animales eran, decía, de su propiedad y él mismo iba al monte a marcarlos cuando eran lechones.

En efecto, las familias de los caseríos aislados en los Altos de La Gomera eran los que, desde antaño, se encargaban de ejercer cierto control sobre la población de cochinos semisalvajes. Algunos les hacían a las puercas marcas similares a los realizados al ganado caprino, reclamado así su propiedad y el derecho sobre su descendencia, para la captura de algunos animales para consumo propio o la venta en los pueblos.

Las familias de los caseríos aislados en los Altos de La Gomera hacían a las puercas marcas similares a los realizados al ganado caprino, reclamado el derecho sobre su descendencia

Jesús Simancas Megolla recuerda que durante la guerra civil y años siguientes (1936 a 1946) a los niños que acudían a los comedores de la beneficencia (Auxilio Social) se les daba de comer carne de “cochino de monte”.

Hay más citas que confirman el aprovechamiento del cochino semisalvaje durante la primera mitad del siglo XX en la revista Hespérides, incluso en la revista de información turística Costa Canaria, que en el apartado de cocina regional menciona aún en 1966 al “cerdo salvaje” asado de La Gomera. Y eso pese a que en los años 60 ya habían desaparecido estos animales del monte.

Una cita de Rufo Magazo de 2010 en La Opinión de Tenerife deja constancia de la celebración en 1953 de un banquete en honor del gobernador Arias Navarro, en la plaza que llevara su nombre, con un menú preparado por el párroco de Chipude, Manuel Vázquez Ortega, que constaba de media docena de platos a base de “Cerdo Salvaje asado sobre latas”.

También el autor inglés Henry Myhill, en su libro de viajes de 1966 The Canary Islands, cita al cerdo salvaje en los Altos de Garajonay. Pero la referencia más detallada sobre el cochino semisalvaje de La Gomera, con información de su morfología y otros datos de interés, la encontramos en el artículo de prensa publicado por Pascasio Trujillo en La Falange en 1945. Este periodista gomero, natural de La Laja, establece una diferenciación clara entre esta raza peculiar y los cerdos domésticos de raza o cruces foráneos: “…el cerdo semisalvaje que se cría entre los espesos bosques de la meseta alta y central de la isla forma un tipo especialísimo, digno de descripción” donde destaca su “hocico sumamente alargado” (similar al de los restos óseos encontrados en yacimientos arqueológicos aborígenes) [ver texto del artículo en recuadro a pie de página].

Pascasio Trujillo aporta en 1945 un censo aproximado: “unas 300 cabezas de cerda semisalvaje”

Pascasio Trujillo aporta también un censo aproximado del ganado y los cerdos semisalvajes que existían en esa época: “…el bosque del Cedro (Hermigua) se halla en la Meseta Central de la isla gomera. Su población ganadera se compone de unos miles de cabezas de ganado caprino, unos cientos de lanar y unas 300 cabezas de cerda semisalvaje”.

El número de cochinos en esta referencia de 1945 se aprecia notablemente bajo si lo comparamos con los datos que aparecen en las crónicas históricas de los siglos XV a XVI. Así, durante el mayorazgo de Peraza se habla de una cabaña porcina que llegó a rondar las 3.000 cabezas frente a las 300 de vacuno. El ganado “de cerda” en aquella época tenía cierta importancia en La Gomera y buena parte del mismo se encontraba libre en los montes. En el s. XIX encontramos otra referencia al descenso progresivo del número de cabezas de ganado porcino en la isla en el libro del geólogo y paleontólogo alemán Karl Georg Wilhelm von Fritsch Imágenes de viajes en las Islas Canarias (1867), donde el autor, que llegó a las islas en 1862, estableció un censo de 900 cabezas de ganado porcino en La Gomera, frente a las 1.714 cabezas de ganado ovino o las 2.830 cabezas de ganado caprino.

■ HABLAR CANARIO
Descripción del cerdo semisalvaje de La Gomera

“Es por lo general pequeño, de pelo hosco muy poblado y muy fuerte, domina el color negro, de hocico sumamente alargado, con buena colmilladura, muy ágil y corredor, y en ciertos momentos, como cuando las cerdas están paridas, es peligroso acercarse a las pequeñas piaras. Dan muy poca manteca, pero en cambio su carne es muy apetecida. Se alimenta generalmente de las raíces de los helechos, del que hay relativa abundancia, y de los frutos del loro* y otros frutos forestales.

El método de cazarlos es por medio de perros amaestrados, que los persiguen hasta que hacen presa en la oreja
“El número de ejemplares no es muy crecido gracias a las limitaciones que las autoridades establecen de vez en vez. En general pertenecen a familias un tanto acomodadas en medio de la pobreza de la montaña, que de vez en cuando les giran una visita. El método de cazarlos es por medio de perros amaestrados, que los persiguen hasta que hacen presa en la oreja y entonces se les ata y conduce para la matanza.

“A pesar del escaso número de este ganado, ha llegado a constituir fama y homenaje el brindar al forastero el consabido lechonato asado en parrillas improvisadas en medio del bosque, especialmente en los meses de verano, en que muchas familias pasan temporadas en los Altos. Y he aquí un viejo tema de discusión en la isla (en donde, como ya se ha dicho, el bosque es el glaciar de las aguas, base de la riqueza existente) de si este cerdo salvaje perjudica o no al bosque, pues con sus ristradas trompas revuelve los limos en busca de las raíces que constituyen casi su único alimento, aparte de las no muy abundantes hierbas” (Pascasio Trujillo, La Falange, 28-6-1945).

VOCABULARIO
loro. Laurel endémico de los bosques de laurisilva de Canarias y Madeira. Hasta 2004 se consideraba la misma especie que la Laurus azorica, pero por las diferencias en términos genéticos, morfológicos y fisiológicos desde entonces su nombre taxonómico es Laurus novocanariensis (citado en Tesoro lexicográfico del español de Canarias) ●

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