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Puerto de las Nieves, cuna de armadores y barqueros

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Extracto del libro digital ‘La mar en el oeste de Gran Canaria’, de Francisco Suárez, cronista oficial de La Aldea, dedicado al próspero pueblo de Agaete (Gran Canaria) entre finales del siglo XIX y principios del XX gracias a su acividad marinera. [En PELLAGOFIO nº 31 (1ª época, junio 2007)].

Por FRANCISCO SUÁREZ MORENO
Fotografía de lanchones procediendo al embarque de pasajeros en un vapor en el muelle de Puerto de las Nieves en los años 30 del archivo / EL MUSEO CANARIO

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Agaete fue uno de los pueblos más prósperos de la isla, a su actividad agrícola (primero cochinilla y luego cañadulce, plátanos, tomates) se unió la pesquera, la industrial e incluso la turística, promocionada entre ingleses con el reclamo del balneario y hotel Salud de Los Berrazales. Antes de la Primera Guerra Mundial ya contaba con telégrafo, centro social y recreativo, una docena de tiendas, un médico y botica, nueve modistas y un sastre, relojería y seis zapaterías, una de las cuales se transformó en la fábrica de calzados Armas Nuez. Además, había generado un foco cultural de literatos canarios atraídos por el médico titular, el poeta modernista Tomás Morales, con una tertulia en la que participaban, entre otros, Alonso Quesada, Saulo Torón y Domingo Doreste.

La historia de Agaete no se entiende sin el mar. Su Puerto de las Nieves, con el desarrollo de las exportaciones de plátanos y tomates y la llegada, a principios del siglo XX, de la carretera del Norte, se convierte en punto de enlace de la comarca con los pueblos incomunidados del suroeste. Disponía de naves de empaquetado de la fruta y un muelle construido en 1878 según los planos del ingeniero León y Castillo, ejecutado por el empresario local Antonio de Armas. También se desarrolló aún más su actividad de pesca de bajura, pues contaba con una nutrida presencia de familias de pescadores, que llevaron su sangre y tradición marinera a La Isleta, Melenara, Arguineguín o La Aldea.

La tradición marinera se reactivó con la iniciativa de su burguesía, enriquecida con la exportación de cochinilla y plátanos y con el comercio en la navegación de cabotaje

Aquella tradición marinera se reactivó con la iniciativa de su burguesía, enriquecida con la exportación de cochinilla y plátanos y con el comercio, que desde el último cuarto del siglo XIX venía invirtiendo capitales en la navegación de cabotaje. Entre las pequeñas navieras locales de esta época destaca la de los Trujillo, que fundaron la más conocida. Sus padres y abuelos habían sido propietarios de célebres veleros como San Antonio, Bella Lucía, María de las Nieves, Águila de Oro, etc. La última generación de estos armadores se hizo con una flotilla de vapores que, sobre todo en la década de 1930, cubría gran parte del servicio del cabotaje insular para el traslado de la fruta de exportación al puerto de La Luz, además de otras líneas interinsulares y de la costa africana en los puertos de Villa Cisneros, Dakar y otros del África Occidental. La componían los vapores Esperanto, Consuelo de Huidobre, Alejandro y el célebre San Carlos, hundido por un submarino alemán.

Pasajeros en falúas
Entre 1920 y 1940, aproximadamente, el Puerto de Las Nieves se configuró como punto de enlace de una ruta de pasajeros que venían desde La Aldea, Tasarte y Veneguera. Este servicio se cubría con unas pequeñas embarcaciones de unos 12 a 14 metros de eslora, impulsadas por hélices con motores diesel y con una capacidad de 50 pasajeros, cuyos horarios de llegada y salida coincidían con los de los coches de horas y algunas guaguas particulares. Un pasaje en estas falúas para el trayecto de La Aldea-Agaete, en 1936, alcanzaba las cinco pesetas, cantidad ligeramente superior al jornal de un obrero y más caro que el de los vapores de los Trujillo y los de la Trasmediterránea.

>El servicio de las falúas de pasajeros era diario y tanto partía del Puerto de las Nieves como desde Mogán. No ofrecían seguridad a los pasajeros ante los mares abiertos de su ruta

El servicio de las falúas de pasajeros era diario y tanto partía del Puerto de las Nieves como desde Mogán. No ofrecían seguridad a los pasajeros ante los mares abiertos de su ruta, ocurriendo además que con frecuencia iban sobrecargadas, razón por la que intervinieron en varias ocasiones las autoridades de Marina, con las consiguientes protestas colectivas de los vecinos, canalizadas a través de las autoridades locales.

En el Puerto de las Nieves se desarrolló también una pequeña industria artesanal de carpintería de ribera. Estas construcciones llevan el diseño tradicional de la comarca, caracterizada por una quilla muy pronunciada para la estabilidad en los mares agitados del norte. Igualmente, se reactivó la pesca de bajura. El pescado se comercializaba en el pueblo de Agaete y cuando, después de 1920, se desarrolla el tráfico por carretera con camionetas, los pescadores de Las Nieves ampliaron su oferta hacia las ciudades de Guía y Gáldar, como también lo hacían desde tiempos atrás por caminos de herradura, en los campos del valle de Agaete, El Hornillo, Fagajesto, Artenara, etc., en unos caso con el pescado fresco y en otros seco o tostado con gofio, protagonizando las mujeres de los barqueros un destacado papel en su venta.

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