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De la desolación a la esperanza

Víctor Montelongo, biólogo, presidente de El Museo Canario y ex jefe de Servicio de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, escribe sobre el gran incendio de 2007...

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Víctor Montelongo, biólogo, presidente de El Museo Canario y ex jefe de Servicio de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, escribe sobre el gran incendio de 2007 en la columna “Notas de economía rural” de la primera época de la edición impresa de nuestra revista. Ilustración creada especialmente para este artículo por Montecruz. [En PELLAGOFIO nº 34 (1ª época, octubre 2007).]

Centraré la reflexión en las consecuencias de este gran incendio en la vegetación de la zona afectada y, aunque pueda parecer paradójico, adelanto que mi opinión es que serán mínimas e, incluso, junto a los inevitables aspectos negativos, habrá consecuencias positivas

Por VÍCTOR MONTELONGO PARADA

Desolación es el sentimiento que queda tras pasar el fuego por el bosque: negrura, quietud y silencio. La imagen fija de la muerte, donde hasta el viento pasa callado sin encontrar enramada que cimbrear, los animales supervivientes huidos y el variopinto aroma del bosque transformado en agrio olor de carbón y cenizas. Pero detrás de este sentimiento la vida acecha. El fuego, como el agua, como el aire, es parte de la Naturaleza. Desde las inconmensurables fuentes de energía generadas en las estrellas, el fuego producido por un meteorito al friccionar con la atmósfera, los rayos o los volcanes, el fuego siempre ha estado presente mientras se ha generado y evolucionado la vida en el planeta.

En Gran Canaria, el pasado mes de julio hemos asistido a la ocurrencia de un gran incendio forestal. Afortunadamente, aunque pudo haberlas, no hubo que lamentar pérdidas de vidas humanas y ni siquiera un solo lesionado grave; lo demás, con mayores o menores dificultades, tiene arreglo. Por razones de espacio, centraré la reflexión en las consecuencias de este gran incendio en la vegetación de la zona afectada y, aunque pueda parecer paradójico, adelanto que mi opinión es que serán mínimas e, incluso, junto a los inevitables aspectos negativos, habrá consecuencias positivas ¿Por qué? Paso a explicarlo.

Cuando sabemos que un altísimo porcentaje de los incendios forestales son provocados, independientemente de los malhadados que lo han causado, habría que preguntarse por las verdaderas razones que crean el caldo de cultivo

Magma ardiente
Canarias es una región esencialmente volcánica: el magma ardiente ha sido la argamasa con la que se han construido las islas. Consecuencia inherente es que la vegetación asentada en ellas ha tenido que convivir, desde un principio, con una frecuencia de fuegos muy superior a la que se da en territorios de otra naturaleza. En esta convivencia de millones de años con los volcanes está la clave de hechos aparentemente milagrosos, como que un bosque completamente chamuscado, que en un primer momento haría pensar en muchas decenas de años para volverlo a ver como era antes del fuego, en tan sólo un par de ellos presente un aspecto inmejorable. Pero no sólo el pinar tiene esta resistencia al fuego; admirable es el caso de los palmerales, donde nunca mejor aplicado el nombre botánico de Phoenix, porque nuestra palma literalmente renace de sus cenizas.

En esta convivencia de millones de años con los volcanes está la clave de hechos aparentemente milagrosos, como que un bosque completamente chamuscado en tan sólo un par de años presente un aspecto inmejorable

Gracias a esta adaptación a los fuegos ocasionales, tenemos la fortuna de seguir disfrutando de las singulares y hermosas formaciones vegetales tan características de nuestras islas donde, incluso, a determinadas plantas denominadas pirófitas, estos fuegos les ofrecen nuevas oportunidades para ampliar o recuperar territorio de distribución.

No obstante lo dicho anteriormente, que relativiza la gravedad de los fuegos forestales, los incendios de los bosques no nos libran del altísimo riesgo en que ponemos a nuestra población y a nuestros bienes, además del deterioro temporal del paisaje y sus consecuencias. Por otra parte, los recursos materiales y humanos, necesarios para su control, se están sustrayendo de realizar otras acciones medioambientales que beneficiarían a la Naturaleza y al Hombre que con ella convive. Cuando sabemos que un altísimo porcentaje de los incendios forestales son provocados, independientemente de los malhadados que lo han causado, habría que preguntarse por las verdaderas razones que crean el caldo de cultivo para que el incendiario actúe ¿Quiénes son los verdaderos inductores del fuego y a qué oscuros intereses sirven?

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