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El Hierro, isla atractiva con y sin volcán

Maximiano Trapero, investigador del romancero tradicional canario, escribe sobre la isla de El Hierro y lo que ha supuesto

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Maximiano Trapero, catedrático de Filología Española en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) e investigador del romancero tradicional canario, escribe sobre la isla de El Hierro y lo que ha supuesto para sus habitantes la erupción volcánica de octubre de 2011, en el número especial dedicado a esta isla por la edición mensual de la revista. [En PELLAGOFIO nº 8 (2ª época, marzo 2013)].

Este artículo acompaña al reportaje que abre el nº 8 de la revista (2ª época) “Sorprendente isla canaria de El Hierro”


Por MAXIMIANO TRAPERO
Fotografías de TATO GONÇALVES

El Hierro no ha tenido suerte con el volcán. Pudo haberla tenido si la erupción iniciada en octubre de 2011 hubiera finalmente emergido del mar y hubiera formado, por ejemplo, un pequeño islote, similar a los islotes del norte de Lanzarote, o aunque solo hubiera sido un simple roque, uno más (algunos imponentes) de los que aparecen en las cercanías de las costas de nuestras islas. Pero no, el volcán del Mar de las Calmas no quiso aparecer, y las expectativas todas que se habían levantado de que la isla se iba a llenar de científicos y de miles y miles de curiosos de todo el mundo que vendrían a ver in situ el surgimiento de una nueva isla se quedaron en nada. En menos que nada: en decepción.

El volcán trajo incluso perjuicios: se paralizó totalmente la pesca en el Mar de las Calmas y la flota pesquera de La Restinga tuvo que amarrar sus barcos; se suspendieron las inmersiones submarinas, y los clubes de submarinismo tuvieron que cerrar sus puertas; se cancelaron viajes y estancias de turistas extranjeros y nacionales, y en fin, se vio afectada toda la economía de la isla; hasta abandonaron El Hierro muchos nuevos residentes que habían llegado a la isla en los últimos años.

El Hierro sigue siendo la isla “donde hay lo que ya no hay”, por utilizar una frase feliz, y justa

Pero El Hierro sigue teniendo los mismos atractivos que tenía antes del volcán. Esos sí que no han desaparecido ni el volcán ha podido contra ellos. El Hierro sigue siendo la isla “donde hay lo que ya no hay”, por utilizar una frase feliz, y justa, que utilizó cuando se creó su primer Patronato del Turismo.

¿Y qué cosas son ésas que ya no se encuentran en otros sitios? Lo resumiré en una impresión: tiene una calma tal que pareciera la supervivencia de una de aquellas Arcadias de la antigüedad que la literatura ha mitificado. Pero El Hierro no es literatura, sino geografía real, física y humana. Porque la calma no solo la ofrecen sus paisajes solitarios y únicos, un bosque de sabinas milenarias retorcidas por el viento en inverosímiles formas, sus cientos de volcanes de todos los colores, sus lajiares renegridos formando las más caprichosas figuras, hasta ese prodigioso Álbol Santo llamado garoé que “mana agua”. La ofrecen también sus gentes, los hombres y mujeres herreños que son a la vez tan recios como amables, que te saludan siempre con ese su hablar cadencioso y delicado que llaman a la amistad.

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