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La isla de Lanzarote, de cabo a rabo

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La toponimia de la isla de Lanzarote, hasta ahora referenciada en los mapas del Servicio Geográfico del Ejército, acaba de ser corregida, revisada y ampliada por el investigador Agustín Pallarés, eliminando erratas, rectificando errores y añadiendo topónimos que habían quedado olvidados. [En PELLAGOFIO nº 40 (1ª época, abril 2008)].

Por AGUSTÍN PALLARÉS PADILLA
Agustín Pallarés es técnico de señales marítimas e investigador lanzaroteño
Fotografías de YURI MILLARES

La toponimia constituye una de las facetas más relevantes y vivas del acervo cultural de un pueblo, región o país. Los topónimos están, efectivamente, en boca de todos con suma frecuencia, pese a lo cual apenas se les presta atención en los comentarios referidos a actos folclóricos o de manifestaciones costumbristas, ni mucho menos son tratados en los medios de divulgación cuando se habla de estos temas populares que tan de cerca atañen a la sociedad y a sus modos de vida.

Un cuervo entres las caprichosas formas de lava de las Montañas del Fuego.
Como prueba fehaciente de este aserto es lo que acaba de suceder con el mapa de Lanzarote, actualizado en su toponimia al ser expurgado de un sinnúmero de errores, tanto de escritura o gráficos como de ubicación, amén de habérsele añadido un número considerable de nuevos topónimos que no figuraban en la última edición publicada por el Servicio Geográfico del Ejército, que se hallaba en circulación desde los años ochenta del siglo pasado y servía, por tanto, de referente a profesionales y público en general.

Primicia ignorada
Dicho mapa, puesto al día en su toponimia por el que esto escribe, mediante una concienzuda y prolongada labor de investigación de muchos años de duración, dedicados a la recogida de topónimos pateando la isla de cabo a rabo, preguntando a los más baquianos de los respectivos lugares, compulsando textos antiguos y corrigiendo errores, fue presentado en unas jornadas en las que participaron representantes de todos los archipiélagos macaronésicos. Se celebraron los días 22 y 23 de noviembre del pasado año en el hotel Princesa Yaiza de Playa Blanca, organizadas por Cartográfica de Canarias S. A. (Grafcan), empresa pública del Gobierno de Canarias, y a pesar de tratarse de una primicia informativa relevante en el campo de la cartografía lanzaroteña, no ha encontrado, que yo sepa, el menor eco en los medios de difusión de la isla, ni en los de ninguna otra del archipiélago.

Los topónimos son, metafóricamente hablando (en muchos casos al menos), como jirones de la historia de un país o región que han quedado prendidos de sus diferentes accidentes geográficos

La Geria y su aprovechamiento para el cultivo de la vid conforma uno de los paisajes más singulares de la isla de Lanzarote.
Digamos que los topónimos son, metafóricamente hablando (en muchos casos al menos), como jirones de la historia de un país o región que han quedado prendidos de sus diferentes accidentes geográficos. Aunque el componente básico del topónimo suele hacer referencia al espacio territorial que designa, acompañado por lo general de una cualidad o característica morfológica del mismo, lo normal es que vaya seguido de un complemento que haga referencia a alguna persona, animal, cosa o hecho con él relacionado. Basándome en estas premisas voy a presentar, a continuación, algunos topónimos de Lanzarote que puedan resultar atractivos por sus especiales características al lector interesado en estos temas.

Voz enigmática
El nombre dise, por ejemplo, que sólo se registra en esta isla como componente toponímico (y no en escasas ocasiones, por cierto), es una voz un tanto enigmática cuyo significado no es fácil desentrañar. Parece, no obstante, que deba tratarse de un término de origen majo (majo es el gentilicio que se ha venido aplicando a los habitantes prehispánicos de Lanzarote y Fuerteventura desde la ocupación de estas islas, por los españoles, a comienzos del siglo XV), pues no he encontrado nada ni en español ni en el idioma portugués, que tanta influencia ha tenido en el habla popular de nuestras islas, al que pueda asimilarse.

Por los datos que he podido recoger sobre algunos de los lugares que lo llevan, tengo sin embargo la impresión de que su significado en la lengua indígena debió ser el de pileta o receptáculo natural donde se depositaba el agua de la lluvia, y así lo expongo en el trabajo “Topónimos guanches inéditos para la investigación” publicado en el tomo dos de las II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura, de 1990.

Topónimos portugueses
Ya que he apuntado el hecho de la abundante aportación de vocablos por parte del idioma portugués a nuestra habla popular, voy a exponer a continuación algunos de los topónimos más representativos de los que tienen su origen en palabras de esta lengua hermana.

Uno de los más conspicuos, si no el más, es el de La Pequena, especie de bastión que sale proyectado del flanco este del macizo precuaternario de Famara, al final del cual se alza La Peña del mismo nombre, formaciones ambas que figuran, por cierto, innominadas en el Mapa Militar de 1985, aunque no en el de 1950, en que, si bien la primera se halla igualmente carente de nombre, a la última se le da el de La Peña de la Pequeña, con toda seguridad pensando, conmiserativamente, el que tal escribió, que con ello subsanaba un despiste de escritura al haberse privado a la /ñ/ de la correspondiente tilde.

Puerto Moro, erróneamente llamado Ensenada de la Gorrina, recibe el nombre por haber desembarcado por dicho abrigadero de la costa la imponente flota berberisca en 1618

A éste podemos añadir otros topónimos derivados de términos de procedencia portuguesa, muy conocidos en la isla por su relativa abundancia, tales como caboco, cueva vertical o hundida en el suelo; chaboco, hoyo grande abierto en la colada lávica para alcanzar la tierra que está debajo y plantar en ella higueras y otros árboles; callao, playa formada por un acúmulo de cantos rodados o guijarros; rofero, mina de lapilli; y, por lo que parece, rostro, frente o talud alargado, de un par de decenas de metros de altura por lo general, que se forma entre dos niveles del terreno.

Una pella de ámbar gris y un pavoroso ataque berberisco
Otro término propio de la toponimia lanzaroteña digno de comentario por lo llamativo que resulta es el de valichuelo, una forma hipocorística anticuada de valle, que ha dejado su impronta en la isla en número relativamente abundante, si bien con frecuencia alterada en varichuelo, marichuelo y otras variantes.

Pasando a los topónimos de contenido histórico, podrían citarse los casos del Roque Lama, Puerto Moro y El Barranco de la Horca, por sólo nombrar algunos de los más significativos. Del Roque Lama, corrupción de El Roque del Ámbar, situado en las proximidades del hotel San Antonio (Puerto del Carmen), cuenta el historiador canario Viera y Clavijo, que en este lugar de la costa lanzaroteña tuvo la suerte, un vecino llamado Lucas Gutiérrez Perdomo (descendiente directo, por cierto, del último régulo aborigen Guardafía), de hallar una gran pella de ámbar gris, esa sustancia excretada por el cachalote, preciadísima en aquellos lejanos tiempos por su empleo en la cosmética, hasta el punto de alcanzar cotizaciones astronómicas en el mercado.

Con Caleta de Sebo y Caleta de Famara se comete un craso error al privarlos de los artículos constitutivos del nombre, ya que en el habla viva tradicional nunca se han omitido

Sobre este evento continúa diciendo Viera y Clavijo que prevalido el señor de la isla, el fogoso conde marqués de Lanzarote don Agustín de Herrera y Rojas, de su encumbrada posición jerárquica, pretendió apropiarse de la valiosa pella de ámbar pagándole por ella a su vasallo un precio irrisorio. Mas avisado Lucas del abuso que ello suponía, recurrió a las altas instancias de la corte y fallado a su favor el juicio correspondiente tuvo don Agustín que indemnizarlo, según nos hace saber el citado autor, con la cesión nada menos que de propiedades tan valiosas como “La Vega de Tahíche, parte de la Dehesa de Ye y del Cortijo de Iguadén y otros territorios”.

Puerto Moro, por su parte (erróneamente llamado en la cartografía en curso Ensenada de la Gorrina) recibe el nombre por haber desembarcado por dicho abrigadero de la costa este de la isla los soldados que venían en la imponente flota berberisca que, en 1618, dio lugar a la más pavorosa invasión pirática que haya sufrido Lanzarote en toda su historia; y, en cuanto al Barranco de la Horca, próximo a Teguise, se sabe que recibe tan truculento nombre porque en él se llevaron a cabo las ejecuciones de algunos de los cabecillas de los grupos que provocaron una sublevación contra los señores de la isla entonces, Inés Peraza y su marido Diego García de Herrera.

En lo respectivo al apartado de las alteraciones gráficas graves podría ofrecerse como ejemplo paradigmático el del topónimo La Peña de Guantevén, del término de Los Valles, un sonoro nombre aborigen que hasta 1986 figuró en el mapa militar como La Peña de Juan Estévez porque así se había consignado, evidentemente por error, en su edición de 1948. Fue corregido tal desaguisado en la indicada edición de 1986 por indicación mía.

El artículo sí importa
Para terminar sólo quisiera hacer una observación sobre un hecho que se da en este campo de la toponimia, con cuya aprobación por parte de algunos no estoy en absoluto de acuerdo. Me refiero a la costumbre de mutilar los topónimos, incluso de núcleos poblacionales, al privarlos de los artículos iniciales o intermedios como si los mismos no constituyeran parte integrante del nombre, si bien debo advertir que en este caso no se trata de nombres registrados en la cartografía oficial de Lanzarote, sino en la prensa y otros medios de comunicación públicos.

Así resulta que es normal ver ahora nombres de localidades como La Caleta del Sebo, en La Graciosa, o La Caleta de Famara, en el norte de Lanzarote, que siempre se han dicho de esta forma, escritos Caleta del Sebo, e incluso Caleta de Sebo, y Caleta de Famara, siendo así que por lógica elemental se comete con ello un craso error al privarlos de esas partículas constitutivas del nombre, ya que en el habla viva tradicional nunca se han omitido. Y lo mismo digo, naturalmente, para el caso inverso, el de anteponerle al nombre el artículo cuando nunca lo ha llevado, como ocurre al llamar a los lugares de Janubio o de Berrugo, que siempre se han dicho así, El Janubio y El Berrugo.

Podría continuar con la exposición de muchas más curiosidades toponímicas de Lanzarote, pero creo que para un trabajo periodístico de esta índole la extensión que aquí le doy es suficiente. A los que sientan, sin embargo, curiosidad e interés por estos temas toponímicos puedo adelantarles que llevo ya en avanzado estado de ejecución un libro, que titularé Topónimos comentados de Lanzarote.

■ TRASCENDENCIA
Timanfaya, un engendro

Por A. PALLARÉS

El topónimo Timanfaya requiere un comentario aparte, dada su trascendencia geográfica. Sobre el mismo puede afirmarse, sin riesgo de incurrir en error, que se trata de un engendro creado por vía literaria.

Timanfaya no es otra cosa que una alteración del de Chimanfaya, la primera aldea en ser destruida por los volcanes
A nivel popular esta montaña, o grupo de montañas ya que puede referirse al nombre de la principal del grupo, o a ella acompañada por las que la circundan, siempre ha sido conocida por La Montaña o Las Montañas del Fuego, según corresponda.

En efecto, este nombre de Timanfaya no es otra cosa que una alteración del de Chimanfaya, la primera aldea en ser destruida por los volcanes al iniciarse la gran erupción del siglo XVIII. El por qué se transmutó el nombre del pueblo Chimanfaya en el de Timanfaya de la montaña, máxime hallándose separados ambos lugares por unos cuatro kilómetros de distancia, no se ha podido explicar hasta ahora, pero es prácticamente seguro que fue eso lo que ocurrió ●

■ ORIGEN GUANCHE
Pesquisas de campo, nombres desconocidos

Por A. PALLARÉS

No se concibe un comentario sobre el tema de la toponimia referido a una isla canaria sin sacar a colación el apartado de los topónimos de origen guanche
No se concibe un comentario sobre el tema de la toponimia referido a una isla canaria sin sacar a colación el apartado de los topónimos de origen guanche. Daré, pues, a continuación, una pequeña selección de nombres de esa procedencia, o que, al menos, lo parecen por su aspecto, que entran como componentes en topónimos de la isla, entre ellos algunos prácticamente desconocidos por los especialistas en el tema, que he encontrado en mis pesquisas de campo. Son los siguientes:

Afe. Playa. En documentos antiguos se escribe Ásife. No figura en el Mapa Militar (MM).
Áfite. Peñas. En el MM, por error, Agite.
Ajache Chico. Montaña. En los mapas, por error, Hacha Chica.
Ajache Grande. Montaña. En los mapas, por error, Hacha Grande.
Aramaso. Tramo litoral con grandes charcos. En el MM, por error, Anamaso.
Cajecaje. Caldereta. No en el MM.
Cambuesa. Corral para encerrar cabras. En el MM, Gambueza. En Lanzarote se pronuncia siempre, bien distintamente, con /c/ inicial como lo escribo aquí, y en cuanto a la /z/ pienso que no hay razón que justifique el empleo de esta letra, con el sonido del español, en las lenguas guanches.
Chaquea. Llano de jable. No en el MM.
Chulistaiga. Cercado. En el MM, por error, Cho Listaiga.
Coscofes. Zona pedregosa. Es un guanchismo derivado de cosco < cofecofe, alterado por influencia del español (asimilación de la /f/ a la /s/ y adición del plural). No en el MM.
Ganta. Parte de la ladera de una montaña. No en el MM.
Güestajay. Llanura ligeramente en declive. En el MM, por error, Cuesta Jay.
Guinios. Barranco. Parece ser una corrupción del nombre Guínigos que he visto en algún documento antiguo. No en el MM.
Jamaís. Punta. No en el MM.
Jamú. Punta. No en el MM.
Jaría. Baja o arrecife. No en el MM.
Majañasco. Llanura pendiente. No en el MM.
Majaraste. Lugares en la costa. No en el MM.
Maramoya. Llanura. No en el MM.
Míjara. Terreno algo allanado y pedregoso con cortijo. No en el MM.
Muyay. Zona allanada. No en el MM.
Oígue. Montaña. Lo he visto escrito Oigue, llana o grave, pero en el MM figura escrito Uhigue.
Omaren. Peña. En el MM figura escrito Umar.
Safantía. Fuente. No en el MM.
Ságamo. Lugar entre montañas. No en el MM.
Segoya. Barranco y cueva. No en el MM.
Servijao. Barranco. No en el MM.
Taoyo. Ladera pendiente. No en el MM.
Termesana. Montaña. En el MM, Tremesana.
Ternesía. Barranco. En el MM, Tenesía.
Tinaguache. Montaña y territorio. No en el MM.
Tortuche. Llano. No en el MM.
Tos. Ladera. No en el MM.
Tosise. Unas gavias. No en el MM ●

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