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La asombrosa noria de Jinámar

No existe ningún otro ingenio hidráulico parecido en Canarias, una tierra perforada por pozos y galerías...

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No existe ningún otro ingenio hidráulico parecido en Canarias, una tierra perforada por pozos y galerías: una torre de 18 metros con una noria de tracción animal en lo alto, para irrigar por gravedad más de 300 hectáreas del valle de Jinámar. [En PELLAGOFIO nº 26 (2ª época, diciembre 2014).]

Por YURI MILLARES

“Una torre curiosísima, de bella arquitectura”, escribe el historiador Francisco Suárez Moreno en el Boletín de Patrimonio Histórico. “Uno de los primeros y más importantes artificios dedicado a la elevación de aguas en Canarias”, dice el Proyecto de Musealización de la Noria de Jinámar, redactado por la empresa Arqueocanaria.

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Una rampa con pavimento empedrado facilita el acceso de los bueyes a la noria. | FOTOS YURI MILLARES
Una rampa con pavimento empedrado facilita el acceso de los bueyes a la noria.| FOTOS YURI MILLARES
“Uno de los ejemplos más ilustrativos de las estrategias desplegadas por la población de la isla para proceder a la extracción, conducción y almacenamiento de un bien tan sumamente preciado como es el agua destinada al riego de los campos de cultivo”, dice el Decreto PH 134/2008 del Cabildo de Gran Canaria de 22 de julio de 2008, por el que incoa el expediente para declarar Bien de Interés Cultural la noria de Jinámar.

La historia de este singularísimo exponente del patrimonio hidráulico en las islas Canarias se remonta a 1850, cuando el IV conde de la Vega Grande, Agustín del Castillo y Bethencourt, quiso dotar de agua a la amplia hacienda que poseía en el valle de Jinámar, llamada el Cortijo del Valle, con el fin de convertirla en una eficaz y productiva finca agrícola. El propio terrateniente viajó a Francia “para conocer de primera mano el funcionamiento de estos ingenios mecánicos y su posibilidad de adaptación a las singularidades de la agricultura canaria”, explica el documento de Arqueocanaria.

Sobre una torre de 18 metros
Visualmente, la noria de Jinámar se nos presenta como una llamativa torre que parece la de un castillo. Construida en mampostería ordinaria, su base circular se eleva 18 metros apoyada en seis contrafuertes que hacen de columnas rematadas en arcos de medio punto, sobre la que se apoya la base octogonal de la noria: un malacate –máquina giratoria de ruedas hechas en hierro fundido, que se mueve por la tracción de cuatro fuertes bueyes–. Los animales hacían girar una rueda dentada que acciona tres cigüeñales que, con bombas de pistón, extraían y elevaban el agua.

Una acequia que discurre por la pared rocosa del lado sur del barranco distribuía el agua a la hacienda, que en aquella época se dedicó al cultivo de la caña de azúcar.

Si por encima del brocal del pozo la noria se eleva 18 metros, por debajo alcanza una profundidad de 14 metros hasta donde brota el agua. Su rendimiento era muy bueno, pues su caudal producía unos 15 litros por segundo. Sin embargo, con el cambio de ciclo económico a finales del siglo XIX, que introdujo el cultivo de la platanera para abastecer al mercado europeo, el caudal se hizo insuficiente para las necesidades de riego del plátano, así que se perforan dos galerías horizontales desde el mismo fondo del pozo (de 1 y 3 kilómetros de longitud).

Por esa misma época también se fueron mejorando los sistemas de elevación de las aguas, añadiendo un segundo cuerpo de bombas que, sucesivamente, fueron accionadas por una máquina de vapor, un motor de gas pobre con su gasógeno y, en los años 30 del siglo XX, un nuevo cuerpo de bombas accionado por un motor diésel.

Su rendimiento era muy bueno, pero con el cultivo de la platanera se hizo insuficiente así que se perforaron dos galerías horizontales desde el mismo fondo del pozo

Abandono, saqueo, vigilancia…
A finales de los años 60 la noria quedó en desuso y abandonada a su suerte, sometida a saqueos e incluso incendios. En el año 2006 se inicia su rehabilitación financiada por el Gobierno de Canarias, para convertirla en Centro de Interpretación del Ciclo del Agua y dotarla museísticamente, aprovechando que conserva prácticamente toda su maquinaria. Terminadas las obras en 2009, en lugar de proceder a abrir al público la remozada instalación, volvió a quedar cerrada y sin vigilancia por el Ayuntamiento de Telde, que había solicitado al Gobierno de Canarias se le cediera su gestión.

Ignacio Serrano, actual concejal de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Telde, ha asegurado a Pellagofio que cuando llegó a la Concejalía –hace dos años–, lo primero que quiso hacer fue poner en uso la noria como museo, pero había sufrido robos y saqueos.

Recientemente han contratado un servicio de vigilancia a una empresa de seguridad privada para mantener esta joya del patrimonio a salvo de destrozos, mientras termina de redactar y convocar el pliego de condiciones para la adjudicación, mediante concesión a una empresa especializada, de la gestión de la noria y su museo, empresa que tendrá que hacerse cargo de restaurar el deterioro de las instalaciones por “actos vandálicos, robos y saqueos”. Unos destrozos que han afectado a la instalación eléctrica y a los paneles del museo, pero no a la noria en sí y su maquinaria, asegura.

Paralelamente a ello, el ayuntamiento tiene ya a punto la puesta en marcha de dos proyectos necesarios para complementar el entorno donde se encuentra la noria. “Uno es la recuperación del palmeral junto a la noria con un presupuesto de 205.000 euros, que ya está aprobado en la Comisión de Patrimonio Histórico del Cabildo y que se financia con los avales del Plan Especial del Parque Marítimo que construyó el centro comercial Las Terrazas; el otro es mejorar el acceso a la noria para que coches y guaguas puedan llegar al recinto en condiciones de seguridad y mayor comodidad, con un presupuesto 53.000 euros que el Cabildo se ofreció a financiar”.

■ Y DIGO YO
La negligencia que salta por los tejados

retrato-columna-yuri-millares-2614Por YURI MILLARES

Tras muchos años de incertidumbre por su futuro, en la primavera de 2009 asistí a la puesta en funcionamiento del malacate de la noria de Jinámar. Dos vacas fueron las encargadas de hacer girar la máquina, después de subir lentamente la rampa empedrada hasta lo alto de la torre. Fue un día memorable que quedó reflejado en las fotografías que publicamos ahora, después de esperar ¡cinco años y medio! a su apertura como museo… sin resultado.

El abandono a su suerte de la noria forma parte de uno más de los irresponsables comportamientos de quienes gestionan lo público

Todo lo contrario, el abandono a su suerte de este elemento excepcional de nuestro patrimonio histórico nos recuerda que, en estas islas, forma parte de uno más de los irresponsables comportamientos de quienes gestionan lo público con total dejadez, si no negligencia.

La pelota de las justificaciones (las consabidas “herencias”) va de tejado en tejado y tras la rehabilitación de 2009, no ha sido sino hasta finales de 2014 cuando se han tomado medidas para protegerlo, mientras le ¿llega? el momento de su apertura para disfrute de todos ●

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