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Adultos antes de tiempo

Niños a quienes el trabajo en los tomateros y no la edad les otorgó la condición de hombres...

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Niños a quienes el trabajo en los tomateros y no la edad les otorgó la condición de hombres. Magnífico retrato del fotógrafo ambulante Vicente P. Melián, tomado en Valle Guerra (Tenerife) en los años 50 sobre el que Domingo Rodríguez escribe su comentario de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº 32 (2ª época, junio 2015)].

Por DOMINGO RODRÍGUEZ MARRERO

Las consecuencias de la guerra civil seguían dominando la España de los cincuenta, cargada hasta el exceso de carencias de todo tipo. Escasez de lo más básico, falta de horizontes, desesperanza ante el futuro, penurias sin límites… Muy difícil fue transitar aquellos años. Y más severa, si cabe, resultó la vida del trabajador del campo, obligado a afrontar enormes dificultades e inconvenientes sin fin, sorteando adversidades y problemas que no dan tregua en el trabajo agrícola.

Niños que no supieron lo que significaba vivir la infancia, dadas las circunstancias que tuvieron que afrontar y que les llevaron a adquirir aspecto de adultos antes de tiempo

Sin derechos que les protegieran, muchos empezaban a muy temprana edad a fajarse con las exigencias de tan dura labor. Niños que no supieron lo que significaba vivir la infancia, dadas las circunstancias que tuvieron que afrontar y que les llevaron a adquirir aspecto de adultos antes de tiempo, mostrando en muchos casos rasgos evidentes de madurez prematura. Poseedores de una edad difícil de determinar, manifestaban comportamientos que hablan de una infancia que se antoja cercana en el tiempo, pero lejana por los condicionantes de la vida que les ha tocado vivir. Como estos cuatro muchachos, casi niños, de la foto.

Trabajadores de una de las fincas de Valle Guerra, en el norte de Tenerife. De porte decidido, ropas agotadas de tantos rotos y tanto remiendo, con miradas que no descubren sus ojos y que apenas permiten otear un futuro incierto, con hechuras de gente mayor… Y uno de ellos, con un “virginio” en la mano, o quizás un cigarro de picadura o de greña de piña, como queriendo remarcar que tal vez no es la edad, sino el trabajo, lo que otorga la condición de hombre. Fue tomada la foto por Vicente Pérez Melián en los años cincuenta. Su obra, como la de tantos fotógrafos ambulantes, nos enseña páginas del pasado que nos ayudan a recordar de dónde venimos y quiénes somos.

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