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Del Blériot XI al Concorde

El (desaparecido) Concorde en la (desaparecida) primera terminal del aeropuerto de Las Palmas en Gando...

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El (desaparecido) Concorde en la (desaparecida) primera terminal del aeropuerto de Las Palmas en Gando, como objeto del comentario de Domingo Rodríguez, a propósito del Centenario de la Aviación en Canarias. [En PELLAGOFIO nº 10 (2ª época, junio 2013)].

Por DOMINGO RODRÍGUEZ MARRERO

Fue en abril de 1913 cuando el aviador francés Leoncio Garnier tomó altura desde los arenales de Guanarteme para escribir el primer capítulo de la historia de la aviación canaria, a bordo de un Blériot XI traído en piezas a la isla de Gran Canaria para volar sobre la ciudad con motivo de las fiestas de san Pedro Mártir.

La expectación fue indescriptible. Miles de personas, apostadas en las lomas y llanos apropiados, aplaudían y vitoreaban al valiente aviador cada vez que aterrizaba o despegaba en esos arenales que fueron contemplados como lugar idóneo para albergar el futuro aeródromo de la isla de Gran Canaria.

Guanarteme, Las Canteras, El Confital, La Isleta, Tamaraceite… hasta Guía, Gáldar, Agaete y Arucas vieron cómo se desempeñaba en el aire el emperador de los aviadores, el gran Leoncio Garnier, a los mandos de lo que era considerado en aquellos tiempos el más extraordinario ingenio mecánico creado por el hombre.

El bello edificio terminal del viejo aeropuerto, víctima de la piqueta sin contemplaciones

Sesenta años más tarde, otro ingenio volador de dimensiones colosales y estilizadas líneas, el francobritánico avión Concorde, procedente de Fairford (Inglaterra) y con destino Johannesburgo, hacía escala en el por entonces denominado aeropuerto de Las Palmas. Fue el 22 de enero de 1973.

Algunos privilegiados tuvieron la fortuna de subir esa mañana a bordo del Concorde. Como don Tomás Asensio, ex funcionario del Ministerio de Transportes que nos ha cedido la foto para esta sección. En primer plano, el Concorde. Y detrás, el bello edificio terminal del viejo aeropuerto, víctima de la piqueta que sin contemplaciones arrancó un trozo de nuestra historia ante la pasividad de quienes desde la responsabilidad política debieron impedir su demolición.

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