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Periodistas tras el compromiso de un cura

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A la entrada de la comisaría de Telde los periodistas aguardan noticias en animada charla con el policía que hace guardia. Una fotografía para el comentario de Domingo Rodríguez en la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº 26 (2ª época, diciembre 2014)].

Por DOMINGO RODRÍGUEZ MARRERO

Decir que don Pedro era mucho es poco. Era más; mucho más de lo que cualquiera que no lo haya conocido se pueda imaginar. Su manera de entregarse como pastor de almas por esos campos de Dios era más propio de tiempos pasados, al igual que su aspecto: una sotana que pedía la jubilación a gritos, unos zapatos no menos agotados de transitar por mil caminos rurales y gafas que le dotaban de cierto aire profesoral, don Pedro no se paraba en barras para llevar el Evangelio allá donde considerase que había un posible pecador al que había que librar de las fogaleras del infierno.

Daba igual que fuera en el bar frente a la iglesia, que en la parada de guaguas o en cualquier lugar donde un cristiano se le pusiera a tiro. Su verbo era directísimo, sin subterfugios ni grandilocuencia, sin teologías ni historias. Aunque te negaras, él te bendecía así te tuviera que sujetar por el brazo para impedir tu huida. ¡No era nadie don Pedro! Lo del apostolado se lo tomaba muy en serio. Tan en serio como su compromiso con la localidad donde ejerciera. Por eso no dudó –en un osado intento de impedir unas obras municipales– en subirse a la pala del tractor que se disponía a romper la plaza de Lomo Magullo.

Aunque te negaras, él te bendecía así te tuviera que sujetar por el brazo para impedir tu huida

Dicen las crónicas que, después de la Guerra Civil, fue el primer cura detenido, esposado y conducido a una comisaría, en este caso de Telde. Así lo relató Adolfo Santana, que aparece en la foto junto a Marisol Ayala y Arcadio Suárez. Los tres, destacados profesionales del periodismo, mantienen animadísima charla con el agente de guardia mientras esperan noticias. No podía ser de otro modo si la tertulia versaba sobre el entrañable sacerdote don Pedro Marrero, generador de mil anécdotas a cuál más divertida.

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