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El Puerto de la Estaca y el gran Atlántico

Uno de los correíllos canarios fondea en el Puerto de la Estaca cuando aún está en obras la ampliación del muelle...

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Uno de los correíllos canarios fondea en el Puerto de la Estaca cuando aún está en obras la ampliación del muelle que le permitirá atracar a partir de 1960. Una fotografía de Enrique Nácher tomada en 1958 que da pie a Domingo Rodríguez a escribir sobre el aislamiento aún no resuelto de la isla de El Hierro. [En PELLAGOFIO nº 8 (2ª época, marzo 2013)].

Por DOMINGO RODRÍGUEZ MARRERO

La isla más occidental del archipiélago canario, la isla del Meridiano, el último trozo de tierra canaria que veían muchos de los emigrantes que se adentraban en la incierta travesía del Atlántico camino de América, tenía en el Puerto de la Estaca el único punto de llegada de pasajeros hasta 1972, fecha de entrada en servicio del aeropuerto.

Concebido más como refugio pesquero que como puerto comercial y de pasaje, la Estaca ha sido objeto de sucesivas ampliaciones a lo largo de su existencia, siendo una de ellas la acometida en 1958, año en el que se realizó la fotografía de Enrique Nácher que ofrecemos en esta ocasión.

La isla del Meridiano, el último trozo de tierra canaria que veían muchos de los emigrantes que se adentraban en la incierta travesía del Atlántico camino de América, tenía en el Puerto de la Estaca el único punto de llegada de pasajeros hasta 1972

Y fondeado en la pequeña bahía, “el correíllo”. Tal vez fuera el Viera y Clavijo. O quizás La Palma. O el León y Castillo. No importa el nombre propio del barco. Sólo su apelativo, su sobrenombre, “el correíllo”, evocador de viajes entre islas cuyos recuerdos aún permanecen frescos en la mente de quienes en nuestra infancia viajamos en él. Por suerte para todos, uno de ellos, La Palma, continúa altivo en Santa Cruz de Tenerife como icono fundamental de la historia de la navegación interinsular del siglo XX.

El Hierro, isla marcada por las dificultades de todo tipo que han sufrido sus hijos, empujados a la emigración en masa en el pasado, y siempre soportando las contrariedades emanadas de las malas comunicaciones que aún, en pleno siglo XXI, continúan sin ser resueltas.

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