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Un territorio infinito y mágico

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Literaria descripción del desierto del Sahara de Domingo Rodríguez en esta entrega de la serie “Baúl del lector”, a propósito de una vieja fotografía del tripulante radiotelegrafista de un Junkers Ju-52, en una lejana aldea del interior del antiguo Sahara Español. [En PELLAGOFIO nº 39 (2ª época, febrero 2016)].

Por DOMINGO RODRÍGUEZ MARRERO

Es el Sáhara uno de los lugares más fascinantes y mágicos del planeta. La increíble vastedad de su geografía, el viento que habla a la arena. El silencio sobrenatural en las noches más bellas que uno se pueda imaginar. El continuo movimiento sutil y casi inapreciable de cúmulos de finísima arena que en épocas remotas fueron tierra fértil y contundente sobre la que se desplegaba un frondoso y verde tapiz de muy variadas especies vegetales. Sabana de agua abundantísima que, escondida en las profundidades del terreno, aún surge a través de pozos imposibles.

El desierto, geografía infinita donde el viento habla lenguas que se entienden –se ven– sólo con el corazón, como lo entendió Antoine de Saint Exupéry y todos los que han tenido el enorme privilegio de pisar, tocar, sentir el desierto, ya fuera desde la cima de una duna inmensa que permite desplegar la vista ante un ilimitado paisaje dunar, o desde esos viejos aviones que transitaban el cielo del antiguo Sáhara español. Uno de quienes quedaron marcados para siempre por el hechizo del desierto es Manuel Ramírez Muñoz, que expresa desde la fascinación y el emocionado recuerdo su amor al desierto “como un mundo que guarda celosamente un tesoro de vida y de historia y que, como un libro escondido, sólo abre sus páginas a los que con respeto y con cariño pretenden arrancarle el sentido más profundo de la vida”.

La inconmensurable belleza de lo austero. La grandeza inalcanzable de lo humilde, donde la arena es un océano seco de olas vestidas de dunas. Todo eso, y más, es el desierto del Sáhara

La inconmensurable belleza de lo austero. La grandeza inalcanzable de lo humilde, donde la arena es un océano seco de olas vestidas de dunas, donde la magia habita en minúsculos granos de infinita arena, sobre la que solitarias acacias viven milagrosamente sostenidas por un hilito de agua que las nutre desde tiempos inmemoriales, haciendo posible la vida. Todo eso, y más, es el desierto del Sáhara.

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