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Un regalo de la vida para Mestisay

El director de Mestisay escribe a propósito del estreno del musical ‘El cabaret del capitán Varela’...

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El director de Mestisay escribe a propósito del estreno del musical ‘El cabaret del capitán Varela’, que nació hijo de otro, explica al desentrañar los orígenes y contenidos de la obra, en un artículo que acompañó en PELLAGOFIO a la entrevista con el protagonista principal, Antonio Montesdeoca (el “capitán Varela”) dentro de la sección “Cita con el chef”. [En PELLAGOFIO nº 40 (1ª época, abril 2008).]

Por MANUEL GONZÁLEZ ORTEGA
Director de Mestisay

A veces ocurre que la vida nos regala un suceso, un rato de risa en mitad de la batalla, cuando menos lo esperamos. Y esto nos ha ocurrido con este divertimento hecho para un par de amigos que son cómicos de los buenos, a los que no les hace falta un título para convocar una sonrisa. Y para unos cantantes y músicos, naturales de la Isla o entrañados en ella, que cantan y tocan sin envidiar a los más afamados del género fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, El cabaret del capitán Varela no tiene más pretensiones artísticas que las de alegrar una hora y media de quien ejerce un oficio maltratado y vilipendiado con cierta frecuencia en esta profesión y sus aledaños, el oficio de espectador.

Cartel del musical ‘El cabaret del capitán Varela’.
Este pequeño musical nació como hijo de otro, con el objetivo de llegar a donde no pudo aquel por sus complejidad de producción; así, se dispuso recorrer los caminos de los pueblos, subirse a sus plazas y adaptarse a sus aún frágiles espacios escénicos con modestos medios; pero en las primeras funciones a modo de preestrenos, nos dimos cuenta que la criatura reivindicaba su propia personalidad y estatura y que la reacción del público en los lugares en los que lo representábamos era común en todos: las cantantes parecían cubanas, el galán enamoraba en cada plaza y los cómicos burlaban las convenciones del género, utilizándolas como armas arrojadizas, para buscar la complicidad del espectador.

La actualidad se nos colaba entre las manos y, aún siendo todo un entretenimiento, nos proponía ver partes de nuestra realidad social con bufonesca impertinencia

La urdimbre del espectáculo ayudaba a ello: canciones populares de la música cubana entreveradas en la ficción de un programa de radio de los años 50, en vivo y en directo, tal como recordamos de la radio isleña del pasado, que nos parecía tan seductora en sus imágenes sonoras a nuestros oídos de niños. Pero el espectáculo, mientras lo escribíamos y ensayábamos, se resistía a ser un simple revival: la actualidad se nos colaba entre las manos y, aún siendo todo un entretenimiento, nos proponía ver partes de nuestra realidad social con bufonesca impertinencia. Al final del camino nos queda una certeza: sentirnos orgullosos, con la experiencia de profesión acumulada en todos estos años, de arropar en una nueva aventura teatral a jóvenes talentos nacidos en nuestra tierra.

Pero no nos arroguemos en exclusiva méritos que son compartidos; hubiera sido imposible levantar el telón sin la complicidad de la propia Compañía –cantantes, músicos, técnicos y compañeros en las tareas de producción– la ayuda de algunos amigos, medios de difusión y empresas que nos aligeraron en algo de la carga de poder estrenar este espectáculo sin más padrinos que las más de 4.000 personas que, batiendo récord de asistencia y recaudación para una obra made in Canarias, lo vieron en su presentación en el Teatro Cuyás de Las Palmas el pasado mes de enero. En estos próximos meses sale de gira por las Canarias; seguro que otra vez será el público, ajeno a cualquier cosa que no sea su soberano criterio, el que lo mime con sus aplausos. Ya digo: un regalo de la vida.

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