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A pescar a El Hierro para huir del hambre en La Gomera

En 1941 algunos pescadores gomeros cogieron sus barquitos de remos y se subieron al vapor interinsular. La “tierra prometida”...

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En 1941 algunos pescadores gomeros cogieron sus barquitos de remos y se subieron al vapor interinsular. La “tierra prometida” estaba a 48 millas, en La Restinga: cuatro chozas de piedra al borde del mar entre coladas petrificadas de lava donde acabaron fundando un pueblo. [PELLAGOFIO nº 60 (2ª época, enero 2018)].

Por YURI MILLARES

La Gomera empezó a nacer cuando llegaron los noruegos”, suelen decir los nativos de esta isla que todavía viven para contarlo. Es el caso de Francisco Mora Ramos, que cumplió los 90 en septiembre de 2017 y al que todos llaman Pancho. Su padre, Ramón El Zapatero, era de San Sebastián pero dejó de arreglar suelas cuando conoció a su madre y se fueron a emprender una nueva vida a Playa Santiago y el zapatero “se metió a la pesca”, relata. El inicio del cultivo del tomate en Tecina dio trabajo a muchos isleños, entre otros a los hijos de Ramón, que se emplearon “en el aserradero donde la madera la cortaban a la medida para hacer los cabeceros, los largueros, los fondos y las tapas de las cajas para el empaquetado de los tomates, que eran como conos: los seretos”.

Pancho Mora, pescador:
“Cuando mi padre cobraba la pesca, como la moneda no venía en papel sino en los duros grandes y los medios duros, venía con el sombrero y lo vaciaba sobre la mesa”

Francisco Mora (Pancho) cumplió 90 años en septiembre de 2017.| FOTO YURI MILLARES

Recuerda Pancho que uno de sus hermanos era muy hábil con el martillo. “Se echaba un puñado de punchas* a la boca y las iba apartando con la lengua para no perder tiempo: bum-bum-bum hacía tapas y lo que fuera. Era un artista. Yo también empecé, pero las cogía una a una y para la hora de la comida cogí un ajuste de 300 tapas que me las hacían ellos y yo me iba para casa. Luego venía el encargado y las contaba”.

También iban a pescar con su padre, “que cuando cobraba la pesca, como la moneda no venía en papel sino en los duros grandes y los medios duros, venía con el sombrero y lo vaciaba sobre la mesa”. Pero llegó el tiempo de la guerra (primero fue la civil, después empezó la mundial), y con ella la escasez y hasta el hambre, “no había nada para endulzar, el azúcar era un contrabando”.

Por aquellos años, un señor de barranco Santiago conocido por José Fota “se puso a sacarle guarapo a las palmas y a hacer miel, un negocio”. Metido de lleno en la actividad guarapera, sube en el correíllo y se va a la vecina isla de El Hierro a buscar palmas con la idea de ampliar el negocio. Emprendedor él, después ganó todavía mucho más dinero cuando la gente empezó a emigrar a Venezuela, “porque daba 10 mil pesetas para el pasaje con la condición de que le devolvieran 20 mil, el cien por cien”, afirma.

José ‘Fota’:
“Compadre, allí llegan los mariantes con la caña al hombro, su taleguita con su carnada y sobarriando viejas patrás. Lo suyo está en El Hierro. Vaya allá”

El caso es que Fota llega a El Hierro “y no había palmas por ningún lado –ríe Pancho– y como era muy aficionado a la pesca de tierra (mi padre iba de noche a pescar besugos y a veces lo llevaba en el barco y lo soltaba en una punta), se vino para las orillas de la isla y veía a la gente pescando a viejas*”. De regreso le dice a Ramón Mora: “Compadre, allí llegan los mariantes* con la caña al hombro, su taleguita con su carnada y sobarriando viejas patrás. Lo suyo está en El Hierro. Vaya allá”, le insiste.

Así fue como el padre de Pancho le dice al compañero que tenía, “Perico, mira, vamos a hacer una prueba: vamos a ir a El Hierro, que dicen que allí está el pescado que da miedo”. Y en uno de los vapores correo de esa época, “el León y Castillo o el Viera y Clavijo, se arranchan* a salar el pescado un viernes para volver el otro viernes –relata el hijo–, con sus sacos de sal para salar el pescado, sus pandorgas* y sus tambores*…”. Corría el año 1941 y su barquito de seis metros de eslora, el Jaime hubo que “subirlo con la grúa y ponerlo sobre la cubierta del correíllo, no es como ahora con el ferry”.

Pancho Mora, pescador:
“En La Restinga no había nada, sino tres o cuatro cuartitos chiquitos” de vecinos del pueblo de El Pinar que ocasionalmente bajaban a pescar

La Restinga a mediados de los años 60 del siglo XX, en una colección de imágenes que venían en las cajetillas de una marca de cigarrillos.| FOTO ARCHIVO PELLAGOFIO (CEDIDA POR BAUDILIO NAVARRO QUINTERO)

La casualidad quiso que ese mismo día otro pescador gomero con su barquito, pero de Valle Gran Rey, Aquilino Torres, tuviera la misma idea y coincidieron a bordo del vapor. No se conocían, pero habían oído hablar el uno del otro. “Los soltaron en el puerto de La Estaca y los dos barcos echaron juntos por ahí para abajo hasta que llegaron a un soco* que había y se metieron”. Habían llegado a La Restinga y todavía no sabían que se iban a convertir en los primeros residentes y fundadores del pueblo, pues hasta entonces “aquí no había nada, sino tres o cuatro cuartitos chiquitos” de vecinos del pueblo de El Pinar que ocasionalmente bajaban a pescar.

En el próximo PELLAGOFIO, segunda entrega de este relato.

■ HABLAR CANARIO
Embarcado en un cañonero que perseguía veleros

Francisco Mora nació en Playa Santiago, en el municipio de San Sebastián un 15 de septiembre de 1927. Pero como no había barco para ir a San Sebastián y a pie era mucho camino, “me asentaron el día 17 en Alajeró, en otro municipio, porque caminando se iba más fácil”. Ajeno a ese detalle, cuando se quiso casar en 1950, fue a San Sebastián a sacar la partida de nacimiento “y resulta que no me encontraban”.

“Y entonces, ¿cómo me quintaron a mí, cómo me encontraron para llevarme al cuartel?”, preguntó al funcionario. “Me dijeron que tenía que ir a Alajeró a recoger la partida. Y fui caminando de Hermigua a Alajeró, subiendo [a la cumbre] por donde está la Virgen del Paso y bajar por el otro lado a Alajeró”. Tan sólo dos años después de casarse, Pancho emigró a Venezuela y no volvió hasta 1970. No tuvo que recurrir a la emigración clandestina, pues presionado por el gobierno venezolano, Franco había reducido los trámites migratorios en 1951. “Fue cuando empezó a moverse algo, la gente enviaba dinerito para acá”.

Durante su servicio militar, entre 1947 y 1949 conoció un episodio de tantos que ocurrieron con veleros que intentaban salir. “Yo en el cuartel serví en el cañonero Vasco Núñez de Balboa, destinado en Santa Cruz de Tenerife. Estando ahí fondeado se dio aviso para ir a buscar un velero con 30 personas que se iba para Venezuela. Lo detuvieron en Fuerteventura y fuimos nosotros y lo trajimos de remolque para Las Palmas”.

* VOCABULARIO
arranchar. “Preparar lo necesario para emprender viaje. Es más frecuente entre los pescadores, en quienes significa preparar lo necesario para salir de pesca” (Francisco Navarro y Fausto Calero, citados en el Tesoro lexicográfico del español de Canarias).

mariantes. Mareantes. Agricultores y ganaderos que en determinadas épocas del año cogen comida, carnada y caña y se van a pescar. Pescador de orilla.

pandorga. “Especie de red provista de una armadura circular” (Manuel Alvar, El español hablado en Tenerife).

punchas. Tachas (clavos) en La Gomera. “De esas chiquititas, venían a payor [granel] por cajas”.

soco. “Sitio resguardado del viento” (Miguel Santiago, citado en el Tesoro…).

tambor. “Especie de nasa. Tiene la forma de un pequeño tonel” (José Pérez Vidal, citado en el Tesoro…).

vieja. “Blanca, tierna y sabrosa la vieja es uno de los pescados más apetecidos por el gastrónomo” en Canarias (Agustín Millares Cubas, Cómo hablan los canarios) ●

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