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El milagro de la multiplicación: dos mil semillas de una mata de trigo

Para resumir los conocimientos de Pepe Guedes basta con decir que es un sabio de la tierra. Y eso es así porque atesora la sabiduría de generaciones...

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Para resumir los conocimientos de Pepe Guedes basta con decir que es un sabio de la tierra. Y eso es así porque atesora la sabiduría de generaciones de hombres y mujeres que le han precedido en su familia, que él tiene muy viva con su dedicación diaria. [En PELLAGOFIO nº 57 (2ª época, octubre 2017)].

Desde Lomo del Caballo, José Guedes Guedes (Pepe) tiene a vista de pájaro el cercano pago de La Pasadilla (en Ingenio), el barranco de Guayadeque y, mirando hasta la costa, todo el sureste de la isla de Gran Canaria. Allí arriba, en una cueva excavada a pico, vivieron sus padres y él mismo con sus hermanos. En otra cueva, más grande aún, guarda él ahora los granos que siembra, las queseras y los quesos que está curando, la paja para sus animales…

“Lentejas, arvejas, trigo, chícharos* moros… hay un montón de leguminosas y de granos”, señala a los sacos con el forraje. “Eso es el aval mío para los animales, es mi cuenta de ahorro, porque me permite darles de comer y que estén bien comidos. Y yo tranquilito, porque en esta época del año a ver quién se pone por ahí a cogerlo. Eso no hay quien lo soporte”, señala al exterior un día de mediados de septiembre, después de un verano en el que ha habido temperaturas cercanas a los 40 grados.

Jubilado por enfermendad después de 40 años trabajando como cocinero, “nunca le di la espalda al campo –dice con su voz vigorosa y clara–, ni a la agricultura ni a los animalitos, porque desde pequeño te criaste con ellos y a mí me da vida”. Por eso, cuando se recuperó un poco, con la ayuda de su familia (esposa e hijos) ha vuelto a convertir las tierras donde se crio en un vergel de toda clase de cultivos, donde no faltan la vaca de la tierra, la manadita de cabras, algunas ovejas, el par de cochinos, gallinas canarias, incluso el palomar y unos gansos que “son muy buenos cuando vas a coger papas, porque estercolan y se comen las lagartas* y las hierbas; no es perjudicial como la gallina, que se come las lombrices y no me interesa que me desaparezcan del terreno”.

Pepe Guedes y su hija Elisabet recogiendo calabacines en uno de los huertos de Lomo del Caballo.| FOTO YURI MILLARES
Suspira y añade: “Es que esto lo teníamos un poco dejaíllo, y me daba mucha pena porque mi padre, mi madre y yo habíamos pasado aquí mucho trabajo. Me cabreo cuando me tengo que ir a mi casa y me cabreo cuando la noche es larga, porque yo quiero estar aquí todo el tiempo”, dice riendo.

Conservación de semillas
Su labor en la conservación de semillas agrícolas tradicionales es tan importante que colabora con el Cabildo de Gran Canaria, incluso ha recibido la visita de técnicos en la materia desde Tenerife, en busca de semillas para multiplicar. “Antiguamente decían los viejos que aquí en las islas nuestras se cultivaban alrededor de 28 a 30 variedades de semillas. Yo conservo todavía 26 –dice y hace recuento de algunas de ellas–: “tengo tres variedades de chícharos (blanco, moro y sajorino); tres de avena (blanca, amarilla y negra), un montón de variedades de trigo…”

Pepe Guedes, sabio de la tierra:
“Antiguamente decían los viejos que aquí en las islas nuestras se cultivaban alrededor de 28 a 30 variedades de semillas. Yo conservo todavía 26″

Hace una pausa mientras busca un bote de cristal: “hay uno que a la gente le llama mucho la atención, muy viejo, muy viejo, yo no sabría decirte los años que lleva ese trigo aquí, es el que llamamos trigo negro. Es un trigo muy poco visto, y es maravilloso porque es muy rico tanto en forraje como en grano. Es una delicia. Y yo tengo aquí esta muestrita”, muestra finalmente las espigas que había en el envase de cristal, “porque como vienen los niños de los colegios, se lo enseño”. Abre el bote y las saca: ¡mira qué preciosidad, tienes que ver lo lindo que es un cercadito de esto cuando el viento le da y empieza a batir las espigas… te quedas dormido viendo esto. Es un tesoro”.

Para mantener viables toda esa variedad de semillas las va sembrando cada pocos años. “Como el agua es poca y cada vez está lloviendo menos, siembro algo y me pongo de acuerdo por los encargos que tenga o para el banco de semillas. Cada año voy sacando de aquellas variedades que hace más tiempo que no siembro y, por ejemplo, en macetitas planto siete u ocho, los marco y mido a ver cuántas me salen. Mientras me sigan saliendo siete u ocho, las mantengo. Cuando me empiezan a salir la mitad, entonces las planto otra vez, porque eso quiere decir que la planta está perdiendo vida en cuanto a germinación”. Es lo que él llama “empiezo a multiplicar”.

Pepe Guedes multiplica semillas tradicionales:
“El trigo negro, muy poco visto, es maravilloso porque es muy rico tanto en forraje como en grano. Es una delicia”

La sabiduría de Pepe Guedes y las posibilidades que la naturaleza ofrece se combinan aquí magistralmente. “Son fórmulas que están al alcance de cualquier agricultor, no es que yo me lo haya inventado. Es que he aprendido de los viejos”, se muestra modesto, no sin añadir, muy contento, que de “una mata de trigo negro saqué más de dos mil granos”.

Y explica cómo. “Le puse un setito donde los animales no me la toquen y le di dos cortitos [al tallo]: cuando esta ya un poquito así [crecido 30 cm, aproximadamente] y tenía dos o tres varitas le di el primer corte, así brota de nuevo y cada hoja que tú le dejas es un brote, o sea que si la cortas y le dejas dos o tres hojitas, te echa tres o cuatro gajitos de cada hojita y multiplicas eso por tres o cuatro. Pero si vuelves y le das otro cortito cuando está grandito y tenías 12 varitas, después tiene otros 15, 18 o 20. Y esa mata por ejemplo tenía como 30 varitas y en cada varita había entre 65 y 70 granos cada una. Fue una exageración, ¡aquello parecía un seto!”

Muchos agricultores siembran “pero no le dan un corte al trigo, ni a la avena, ni a la cebada (a las leguminosas no se le puede hacer). Esos cortitos hacen que la planta se enraíce mejor y se afiance en el terreno, que salga menos maleza y que la planta salga más fuerte y más resistente; y además te echa más semillas. Hay quien no lo hace por falta de tiempo, o por falta de conocimiento, pero es una maravilla”.

Él sí tiene esos conocimientos, relata, porque aunque “yo no fui a la escuela, apenas sé leer y escribir, me tocó estar desde pequeñito detrás de mis padres, porque no había guarderías ni había nada. Yo no iba al campo a jugar, sino a trabajar. Como decían los viejos, para enseñar al perro a cazar llévalo desde pequeñito al campo a buscar conejos con los perros viejos”. Así aprendió él.

■ HABLAR CANARIO
Trigos de poca agua para un pan sabroso y de buena textura

Entre Telde y el barranco de Guayadeque, señala Pepe Guedes desde la puerta de su cueva de aperos y pajero, “esto era la madre de las semillas, cuando antes llovía y la gente se dedicaba a esto”. Era zona cerealera “y la gente valoraba mucho el trigo nuestro porque era zona de poca agua y las plantas salían con mucha resistencia, tenía mucha fécula, era un trigo que tenía mucho corazón y el pan se mantenía jugoso, sabroso y tenía buena textura. Eso era una riqueza antes y la gente lo valoraba como un tesoro”.

“Los panaderos nos decían en el pueblo: ‘Mira si fulano cogió el trigo que me lo guarde, que no se comprometa con nadie”
Por eso, antiguamente, había muchos panaderos en la zona que buscaban este trigo. “Tenían sus pequeños hornos y amasaban dos o tres amasijos de pan para hacer 80 o 90 panes, para ayudar un poco a su familia y entretener a los hijos. Venían a nosotros a encargarnos los trigos. Cuando iba alguien para el pueblo, a Ingenio, a llevar el queso o buscar algunos víveres (muy poquitos, porque los medios eran pocos y cada uno se las tenía que apañar y vivir de lo que tenía: recogían todo, higos, almendras, cualquier tipo de fruto, pasaban los tunos) nos decían: ‘mira si fulano cogió el trigo que me lo guarde, que no se comprometa con nadie, que yo subo un día y si no, que me lo pesen, y que lo dejen en casa de fulano de tal, y cuando vaya con los burros para arriba pues me lo traigo todo para abajo’. Y a lo mejor enganchaba dos o tres burritos, que antes cada panadero tenía su par de burritos, venía, cargaba y se llevaba el trigo para ellos hacer sus moliendas y sus harinas”.

VOCABULARIO
chícharos. “…una especie de guisantes, de poco grano, pequeños y de mucha hoja, que se emplean pa comer, en sustitución de los guisantes a los que se llaman arvejas, o por lo general, preferentemente como alimento para el ganado” (cita a Antonio Martí el Tesoro lexicográfico del español de Canarias).

lagarta. Oruga “que ataca a los tomateros, patatales, etc., así como las frutas” (Pancho Guerra, Obras Completas, t. III, “Léxico de Gran Canaria”). ●

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