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El pequeño Land Rover, “incubadora de pollos”

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Mientras el paisaje de Gran Canaria iba cambiando durante los años 50 y 60 del siglo XX al ritmo de las repoblaciones que se realizaron entonces, un vehículo aparece vinculado a aquellos trabajos: el Land Rover de Jaime O’Shanahan en el que este ingeniero agrícola se movía por toda la isla. [En PELLAGOFIO nº 17 (2ª época, febrero 2014)].

Pionero del ecologismo en Canarias y defensor de la palmera canaria, el origen de esta lucha que siempre mantuvo Jaime O’Shanahan, en favor del símbolo vegetal del archipiélago canario, tiene origen en una visita que realizó a Maspalomas con el primer director del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, según relata el propio O’Shanahan en una larga entrevista que mantuvo con el autor de estas líneas en 2002. “En ese jeep muchas veces salía con Sventenius a buscar plantas. Y me acuerdo un día que fuimos a Maspalomas a buscar plantas y desde ese entonces tengo metido en el coco eso de la poda de las palmeras”.

“En ese ‘jeep’ salía con Sventenius. Un día fuimos a Maspalomas a buscar plantas y desde entonces tengo metido en el coco eso de la poda de las palmeras…”

El jeep de O’Shanahan y el camión cuba del Cabildo en una repoblación por Las Meleguinas (Santa Brígida). | ARCHIVO PELLAGOFIO (FOTO CEDIDA POR J. O'SHANAHAN)
Aquel día llegaron a Maspalomas y allí estaban las cuadrillas de Alejandro del Castillo conde de la Vega Grande. “Llegamos cerca del charco de Maspalomas, que hoy en día nadie le dice el charco sino la charca. Y estaban las palmeras nada más que con cuatro hojitas, porque las estaban cortando y cortando y se las llevaban en camellos que tenía el conde para echárselas de comer a las vacas. Tenía una gallanía* de vacas allá arriba en Maspalomas”, sigue su relato.

La calentura de Sventenius
A Eric Sventenius (“don Enrique”, dice O’Shanahan), aquello no le gustó nada. “Cogió una calentura tremenda porque podaban las palmeras”, recuerda. “¡Es que no se dan cuenta que las palmeras como es bonito es dejándolas!”, repite sus palabras. “Todo eso lo he copiado yo y cuando llego a un sitio que hay algo de eso, pues meto el rollo”.

“…Me acuerdo que don Alejandro [el conde de la vega Grande] decía: ‘Ah, yo creía que había que quitarle las hojas a la palmera para que crezca más’. Lo que es un disparate”

Se dirigieron entonces, caminando, hasta la charca, “pues veo que estaba don Alejandro del Castillo en la casita de madera prefabricada que él tenía allí. Me acerqué y lo saludé. Le presenté a don Enrique porque él me decía ‘¿y ese hombre quién es?’ y yo le explicaba: ‘Don Enrique, ese hombre es el dueño de todo esto, el conde de la Vega Grande’. Estuvimos ahí hablando con él y metiendo el rollo de las palmeras. Y me acuerdo que don Alejandro decía: “Ah, pues yo no sabía eso, yo creía que había que quitarle las hojas porque es lo que se dice, para que crezca más’. Lo que es un disparate”.

Y O’Shanahan se reafirma en lo que le explicaron al conde: “Las palmeras por qué tienen las hojas: para captar la energía del sol y convertirla por mediación de la función clorofílica en los elementos nutritivos de la planta, más lo que ella extrae del suelo también con las raíces. Y él se quedó sorprendido, pero bueno, aprendió aquello”.

Las libras del exportador
Aquel vehículo lo compró “a fuerza de créditos y el Cabildo me daba a mí mensualmente una gratificación por el transporte”, explica al relatar cómo se hizo con aquel Land Rover. “La verdad es que yo siempre estaba por ahí. Mi jeep era famoso, porque cuando yo salía por ahí con todos mis chiquillos aquello parecía una incubadora de pollos, todos los chiquillos asomando la cabeza. Diez chiquillos, tú imagínate. Y el jeep era chiquitito, parecido a los de la guerra [mundial]. Que yo estuve detrás de conseguir un Jeep de la guerra, porque se vendían baratísimos en Holanda cuando acabó el conflicto, pero nunca logré un permiso de importación”.

“Estuve detrás de conseguir un Jeep de la guerra, porque se vendían baratísimos en Holanda cuando acabó el conflicto, pero nunca logré un permiso de importación”

Finalmente, pudo comprar el modelo inglés del todoterreno de la época “gracias a don Leopoldo Massieu, ingeniero de la Jefatura Agronómica, que éramos muy amigos. Como era agricultor de tomates, le dejaban tener unas libras en el lugar de destino de los tomates. Disponía de divisas para comprar material y, claro, compraban coches así me facilitó la compra de aquel jeep –siendo matriculado en Tenerife– que yo después le tenía que ir pagando”.

Una señora rica a bordo
En aquel pequeño –y no precisamente confortable– Land Rover llevó en otra ocasión “a una señora muy rica que no me acuerdo como se llamaba”. Se trataba de Eusebia de Armas, por los datos que aportó de ella (“fue la que construyó un colegio que había de monjas en Guía”). “Era una señora bastante mayor, muy agradable, le digo cuáles eran mis pretensiones y la convenzo para que se metiera conmigo en el jeep”. La razón no era otra que llevarla a ver unos terrenos de su propiedad para que autorizara una repoblación de pinos “que hoy están preciosos”.

Aquellos terrenos estaban en una zona de Agaete “donde se hizo una repoblación muy bonita: en los alrededores del hotel Guayarmina. Resulta que don Matías [presidente del Cabildo] iba de vacaciones al hotel Los Berrazales, con muchas personalidades de aquí, entre ellas mi hermano Rafael que tenía mucha cosa con don Matías (y eso que tenían ideas distintas –dice tapando con la mano el micrófono y sonriendo–). Un día estaba yo en el Cabildo y me llama don Matías que subiera a su despacho. Entonces me dice: ‘Jaime, quiero que antes de irme de aquí esté plantado todo el camino desde Agaete hasta Los Berrazales y esté dispuesta la repoblación de todas esas laderas”.

Las cumbres de Gran Canaria (zona de Los Llanos de la Pez) recién repobladas con miles de pinos. El mojón del Cabildo Insular indica el año 1953. Junto a él, el Land Rover de Jaime O’Shanahan, matrícula TF-8153./ ARCHIVO PELLAGOFIO (FOTO CEDIDA POR J. O'SHANAHAN)

“Menuda papeleta”, pensó Jaime O’Shanahan, que en 1950 había sido nombrado jefe de la Sección Forestal del Cabildo, pero se puso manos a la obra. “Busco gente, empiezo a abrir los hoyos por el camino de Agaete, plantamos pinos y otras especies, como laureles de Indias (a la salida del pueblo de Agaete hay unos que están preciosos, de los que teníamos plantados en barricas en el vivero), casuarinas, muchas buganvillas”. Pero para culminar la repoblación en el entorno del hotel tuvo que preguntar de quién era aquel terreno. Enterado de que se trataba de aquella rica señora de Guía fue como se presentó ante ella, la subió al Land Rover y la llevó al lugar para explicarle, como dijo más arriba, sus “pretensiones”.

■ HABLAR CANARIO
Rescatador de coches en la ciudad inundada

El Land Rover de Jaime O’Shanahan le permitía moverse por todo tipo de carreteras y pistas. “¡De primera!”, decía él. “Tan es así que cuando llovía mucho en la ciudad –se refiere a Las Palmas–, se inundaba delante del hotel Metropol [en la actualidad, las oficinas municipales] porque desde las Alcaravaneras hasta el barranco Guiniguada había un montón de barranquillos y esos barranquillos corrían, muchacho, que inundaban todo”. Y justo allí, junto el club inglés y el hotel Metropol, “que enfrente estaba el garaje Exprés, se formaba un gran charco de un barranquillo que venía de Ciudad Jardín para abajo. Allí se quedaban atascados muchos coches, metía a los chiquillos dentro, metía una soga, y me dedicaba a sacarlos… –se ríe al recordarlo–. Los chiquillos, fíjate tú, emocionados, allí dentro del jeep y ayudando a amarrar la soga en el parachoques del otro coche”.

VOCABULARIO
gallanía. En Canarias, la cuadra para vacas, burros o camellos. El periodista Alfonso O’Shanahan incluye el vocablo en su Gran diccionario del habla canaria citando a Maximiano Trapero, que lo recopiló del romance La compra de una novilla (“La llevó para su casa / en la gallanía está. El hombre amarró la vaca”). Agustín Pallarés (página “Habla popular de Lanzarote”, en su página web agustinpallares.blogspot.com) escribe: “Cuando se termina el trabajo con los turistas en La Montaña del Fuego se lleva la camellada de nuevo a sus gallanías en Uga”●

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