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Patadón a las langostas de la UD Las Palmas y gol del Athletic

“El partido de las langostas”. Así tituló la prensa el partido que el 17 de octubre de 1954 se jugó entre la Unión Deportiva Las Palmas y el Atlético de Bilbao...

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El inicio de la competición liguera 2016/2017 tiene a la UD Las Palmas haciendo un juego que ilusiona a su afición, que además puede ver jugar en su campo a los grandes de Primera División. En 1954 también era así y un 14 de octubre vino el Bilbao… [En PELLAGOFIO nº 46 (2ª época, octubre 2016)].

Página de ‘Diario de Las Palmas’ del 18 de octubre de 1954 informando de la plaga de langosta sobre Gran Canaria con foto de una de las porterías de, Estadio Insular durante el partido UD Las Palmas-Athletic de Bilbao. | ARCHIVO LA PROVINCIA/DIARIO DE LAS PALMAS
Página de ‘Diario de Las Palmas’ del 18 de octubre de 1954 informando de la plaga de langosta sobre Gran Canaria con foto de una de las porterías de, Estadio Insular durante el partido UD Las Palmas-Athletic de Bilbao. | ARCHIVO LA PROVINCIA/DIARIO DE LAS PALMAS
Por MANUEL RAMÍREZ MUÑOZ

“El partido de las langostas”. Así tituló la prensa el partido que el 17 de octubre de 1954 se jugó entre la Unión Deportiva Las Palmas y el Atlético de Bilbao, un partido en el que una buena parte de los más de 20.000 espectadores que abarrotaban los graderíos del Estadio Insular de Las Palmas de Gran Canaria, recuerdan con prístina claridad. Cuando el equipo local iba ganado por 1-0, una enorme bandada de langostas cubrió el estadio, oscureciendo el cielo como si se hiciera de noche y obligando a suspender el juego durante unos minutos. Marcial, el entonces defensa del equipo canario, recuerda que confundió una bola de langosta con el balón, despiste que aprovechó el equipo visitante para empatar.

Marcial, el entonces defensa del equipo canario, recuerda que confundió una bola de langosta con el balón, despiste que aprovechó el equipo visitante para empatar

Maldición para el campesino canario
El ortóptero que los entomólogos definen como Schistocerca gregaria, conocido también como langosta del desierto, cigarrón berberisco o langosta peregrina, que entró en la historia al arrasar los campos egipcios en la época de los faraones de la XIX Dinastía, ha sido calificado como mito recurrente en gran parte de las culturas de la tierra. Periódicamente, extensas zonas de África, del sur europeo y del continente asiático se han visto afectadas por el voraz insecto, ocasionando enormes catástrofes alimentarias al hacerse realidad la maldición bíblica de no dejar absolutamente cosa verde en las tierras por donde pasa la langosta peregrina en forma de plaga, y cuyas consecuencias son la hambruna, la angustia y la desolación.

La amenaza de una invasión de langosta peregrina es consustancial con la historia de Canarias. Para Viera y Clavijo se trata del “más funesto presente que nos suele hacer la vecina costa de Berbería”, un presente que llega a las costas meridionales y orientales de las islas, ya volando, ya en grandes masas flotantes impulsadas por los vientos favorables del Este que desvían a la langosta de su ruta habitual.

Fotografía publicada por el ‘Diario de Las Palmas’ el 18 de octubre de 1954 al hablar del "partido de las langostas". | ARCHIVO PELLAGOFIO
Fotografía publicada por el ‘Diario de Las Palmas’ el 18 de octubre de 1954 al hablar del “partido de las langostas”. | ARCHIVO PELLAGOFIO
A través de la escasa documentación existente en diversos archivos y de los escritos de un reducido número de historiadores y tratadistas canarios, se puede recomponer el mapa de las invasiones de langosta peregrina desde nuestra entrada en la historia castellana y establecer una secuencia de las plagas más importantes.

En la obra de Juan Núñez de la Peña, Fray José de Sosa, Pedro Agustín del Castillo, Lope Antonio de la Guerra y Peña, Isidoro Romero y Ceballos, José de Viera y Clavijo, Agustín Álvarez Rixo, Bartolomé García del Castillo, Francisco María de León, Domingo Déniz Grek, Agustín Millares Torres, Alejandro Cioranescu y Oswaldo Brito, entre otros autores y la información que nos ofrece la prensa desde finales del siglo XIX, podemos fijar con cierta precisión las fechas en las que la langosta, tanto peregrina como autóctona causó estragos en el campo isleño. Entre 1516 y 1958, ya afectando a todas las Islas, ya a parte de ellas especialmente las mayores, hubo más de 60 grandes invasiones, número más que suficiente para adivinar las dramáticas consecuencias derivadas del paso del enemigo y su larga presencia al aovar y reproducirse en las grandes extensiones sin cultivar.

Cada invasión fue como un dramático heraldo que sólo anunciaba escasez y hambre. La miseria en la que quedaba sumido el campesino canario tras el paso de la langosta

La Rama de Las Marías se celebra cada tercer sábado de septiembre y tiene su origen en una promesa que hicieron a la Virgen los campesinos de las medianías de Guía, afectados en 1811 por una terrible plaga de langosta que devoraba sus cultivos. En la foto, la Virgen sale a recibirles a la plaza de San Roque en la bajada del 200 Aniversario (año 2011) | FOTO YURI MILLARES
La Rama de Las Marías se celebra cada tercer sábado de septiembre y tiene su origen en una promesa que hicieron a la Virgen los campesinos de las medianías de Guía, afectados en 1811 por una terrible plaga de langosta que devoraba sus cultivos. En la foto, la Virgen sale a recibirles a la plaza de San Roque (en Guía de Gran Canaria) en la bajada del 200 Aniversario (año 2011) | FOTO YURI MILLARES
Y es que todas las plagas tuvieron un denominador común: ruina y tribulaciones sin cuento. Cada invasión fue como un dramático heraldo que sólo anunciaba escasez y hambre. La miseria en la que quedaba sumido el campesino canario tras el paso de la langosta, se repitió en cada invasión como una secuencia maldita repetida una y otra vez. Sobre todo, para el pequeño agricultor que veía impotente como en pocas horas se perdía en el vacío su denodado por arrancarle a la tierra el sustento anual de su familia.

Temible cigarrón berberisco
Refiriéndose a la plaga que penetró en el archipiélago el 15 de octubre de 1659, amenazando la devastación más universal, dice Viera y Clavijo que “en poco tiempo no dejaron aquellos insectos cosa verde. Destruyeron yerbas, huertas, viñas y demás plantas de tal manera que hicieron presa en las hojas de las palmas, que son tan duras, y en las de pita, que no hay animal que las coma. Cuando faltó el follaje de los árboles, se apoderaron de las cortezas, por lo que se secaron muchos y cuando no hallaron que comer, se comieron unas a otras infestando las aguas, corrompiendo el aire y atemorizando a los pueblos”. Y, en cierta manera, el cuadro que presenta Viera y Clavijo puede extrapolarse a las múltiples ocasiones en las que el archipiélago canario estuvo en el punto de mira del temible cigarrón berberisco.

En 1897 una gran plaga de langosta peregrina invadió Tenerife, a la que se sumó otra no menos peligrosa de cigarra autóctona, que terminó de esquilmar los pocos recursos de los que disponía la isla. Y lo que no hizo la langosta, tanto en ésta como en las demás islas, fue la sequía la encargada de destruir el campo, ensañándose con los sembrados hasta no dejar un rastro de esperanza en los agricultores, pues un ardiente viento del sur quemó hasta la hierba que servía de pasto al ganado e hizo descender las reservas de agua potable hasta límites alarmantes.

El siglo XX se inauguró con una gran arribada de langosta peregrina que, en cierto modo, actuó como avanzadilla de las cuatro grandes plagas que vendrían después: 1908, 1932, 1954 y 1958

Si en términos generales, la cigarra autóctona predominó en los campos canarios durante el siglo XIX –en 14 ocasiones frente a 11 de procedencia africana–, el siglo XX se inauguró con una gran arribada de langosta peregrina que, en cierto modo, actuó como avanzadilla de las cuatro grandes plagas que vendrían después: 1908, 1932, 1954 y 1958.

La plaga de 1901 coincidió con la de distinta especie de la habitual en Canarias, que invadió 19 provincias españolas ocupando 213.588 hectáreas. En diciembre de dicho año una nube de langosta peregrina se adueñó de las islas, pero al tratarse de una sola oleada los daños no fueron muy grandes, al no tener continuidad. No fue así la que penetró por el sur y el sureste de Gran Canaria el día de Todos los Santos de 1908, que sólo afectó a esta isla, en la que en pocos días, de norte a sur y de este a oeste se cruzaban enormes enjambres de insectos sembrando la alarma y arrasando cuanto encontraban a su paso, con el consiguiente signo de desesperación del campesino grancanario. Puede resultar paradigmático el caso de Agüimes, pobre en recursos y abrumado porque no podía dominar la plaga a pesar de que todos los vecinos, hombres y mujeres de 7 a 70 años, “a excepción de los paralíticos”, trabajaban hasta caer exhaustos para defender los pocos plantíos que les quedaban de papas y de maíz.

Tras dos décadas de tranquilidad, de nuevo la langosta invadió el archipiélago. En 1932, con los efectos de la gran depresión de 1929 llamando a la puerta de la economía canaria, la presencia de la langosta peregrina en proporciones inquietantes echó por tierra las esperanzas de una buena cosecha. Tal vez no haya un retrato más veraz del significado de una plaga de langosta que el que ofrece la novela Cerco de arena de Enrique Nácher, situando la acción en un barrio de pescadores del sur de Fuerteventura en los años treinta del pasado siglo. La tragedia vivida en este lugar a causa de la terrible nube viva, como la define su autor, tuvo similares características en todos los barrios y los pueblos del archipiélago.

En 1954, por primera vez en Canarias, se utilizaron masivamente productos químicos en la lucha contra el insecto invasor…

La mayor plaga del siglo XX
Casualmente, y tras otras dos décadas de relativa calma, a partir del 15 de octubre de 1954 Canarias vivió la mayor plaga del siglo XX, cuyo recuerdo aún permanece vivo en la memoria colectiva del isleño. Durante semanas, una oleada sucedía a otra como una extraña pleamar sin fin y sin principio y, por primera vez en Canarias, se utilizaron masivamente productos químicos en la lucha contra el insecto invasor. A pesar de ello, grandes superficies de tomates, plataneras, papas, viñedos, huertos, frutales, alfalfa, etc., se perdieron totalmente, y en esa lucha desigual por salvar lo insalvable, la peor parte la llevó el campesino canario. Una lucha que duró 30 días en la provincia de Las Palmas y 60 en la de Santa Cruz de Tenerife y en la que quedaron arrasadas 9.600 hectáreas de cultivos.

… A pesar de ello, grandes superficies de tomates, plataneras, papas, viñedos, huertos, frutales, alfalfa, etc., se perdieron totalmente

Aunque con menor virulencia que la anterior, cuatro años después, también el 15 de octubre de 1958, se oyó la fatídica campanada anunciando que la langosta peregrina alcanzaba las costas del archipiélago canario, tal y como lo hiciera en 1954. La menor duración, 34 días en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y 25 en la de Las Palmas, unido a una mayor organización en el plan de lucha y un mayor aprovechamiento de los recursos, hizo que sus consecuencias fueran menos graves que la anterior.

100 millones de langostas africanas Schistocerca gregaria invadieron en 2004 el norte de Fuerteventura.| FOTO ARCHIVO LA PROVINCIA
100 millones de langostas del desierto ‘Schistocerca gregaria’ invadieron en 2004 el norte de Fuerteventura.| FOTO ARCHIVO LA PROVINCIA
Después de la última gran plaga del siglo XX en varias ocasiones, 1987, 1990, 1995, 2000, la presencia de ejemplares de langosta peregrina en nuestras islas hizo que de algún modo el temor invadiera los espíritus, frescos aún en su memoria los recuerdos vividos de las últimas invasiones. Un fuerte aldabonazo lo dio la langosta a primeros y a finales del 2004, afectando a las islas orientales –especialmente Lanzarote y Fuerteventura-, aunque sin causar los daños que en principio se esperaban.

Hoy, la amenaza sigue latente. Pero una serie de factores: una agricultura en continua regresión, unos campos en los que los invernaderos imponen un paisaje de monótona geometría; un proceso urbanizador que corroe implacablemente parte de nuestra cubierta vegetal; un panorama de cemento y ladrillo que domina las costas meridionales de las islas, avanzando sin solución de continuidad hacia el interior y la vigilante actitud de la Consejería de Agricultura, que dispone de la suficiente estructura y medios necesarios para enfrentarse a las plagas, pueden conseguir que las consecuencias del paso de la temible langosta peregrina no sean tan dramáticas como en el pasado.

■ EL DETALLE
Reproducción exponencial y voracidad sin límites

Adiferencia de otras especies de langosta, la peregrina se caracteriza por su mayor tamaño, por tener dos generaciones al año –en primavera y otoño– y, principalmente, por su extraordinaria capacidad de reproducción y su extrema voracidad. La hembra deposita sus huevos en unas ootecas llamadas canutos (4 por hembra) susceptibles de contener de 30 a 40 huevos. Teniendo en cuenta que un metro cuadrado puede contener unos 2.000 canutos, una hectárea infestada es capaz de engendrar 600 millones de langostas. Aunque no hay unanimidad acerca del crecimiento potencial del número de descendientes que puede tener una pareja adulta, Bodenheimer estimó que en seis generaciones, con una mortalidad del 75%, ésta puede convertirse en 7’5 millones de insectos. Si la mortalidad se reduce al 50% la cifra puede convertirse en 488 millones. Estudios posteriores han rebajado sensiblemente esta cifra para situarla en torno a los 20 millones de insectos adultos.

En un día es capaz de devorar 80 millones de kilos entre cereal y materia vegetal de todo tipo
Son datos de todos modos escalofriantes, si se tiene en cuenta el tiempo de reproducción: tres años a partir del apareamiento de una sola pareja de langostas.

En cuanto a la voracidad, la langosta peregrina consume diariamente el equivalente a su propio peso en materia vegetal. Dependiendo de la densidad, un enjambre normal de 40 km de frente, 10 km de profundidad y unos mil metros de altura puede pesar hasta 80.000 Tm, por lo que en un día es capaz de devorar 80 millones de kilos entre cereal y materia vegetal de todo tipo. Cifra evidentemente aterradora que nos da una idea de la clase de enemigo con el que tuvo que enfrentarse el campesino canario a lo largo de su historia ●

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