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“Pérdida irreparable” para la ciencia en Canarias

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Así se expresa Luis García-Correa y Gómez, fundador de Ascan e íntimo amigo del matrimonio Kunkel, al recordar cómo en 1977 Günther y Mary Anne se vieron obligados a irse de Canarias porque se les hizo “la vida imposible”. [En PELLAGOFIO nº 31 (2ª época, mayo 2015).]

Por YURI MILLARES

A sus 84 años Luis García-Correa advierte que la memoria de lo reciente le falla, pero, en cambio, recuerda con detalle muchos episodios de su vida que retroceden en el tiempo a los años 60, cuando se le pregunta por Günther y Mary Anne Kunkel.

Günther Kunkel fotografiado en Gran Canaria./ FOTO AFHC-FEDAC
Günther Kunkel fotografiado en Gran Canaria./ FOTO ARCHIVO DE FOTOGRAFÍA HISTÓRICA DE CANARIAS-FEDAC.
En cabecera: Luis García-Correa hojea en el salón de su casa uno de los tomos de la nueva edición de ‘Flora de Gran Canaria’, de los Kunkel.| FOTO YURI MILLARES
“Anoche estuvo Mary Anne cenando en casa y estuvimos hablando y recordando cosas –relata el reencuentro entre ambos días atrás, aprovechando que ella había llegado a Gran Canaria para la presentación de la nueva edición del atlas Flora de Gran Canaria–, y ni ella ni yo recordamos en qué momento nos conocimos. Pero fue muy pronto. Ellos llegaron en los años 60 y poco tiempo después yo era presidente de Ascan, la primera asociación de defensa de la naturaleza que se crea en España. Él era un hombre que navegaba en el mismo barco, teníamos que conocernos por fuerza”.

Lo cierto es que no sólo se conocieron, sino que llegaron a ser grandes amigos. “Yo le llamaba Kunkelio. Era un hombre especial. Intervinimos en muchas cosas importantes para Canarias en aquellos años y asistimos juntos a dos congresos internacionales en defensa del medio ambiente”. Tan amigos, precisa, “que lo digo ahora por primera vez públicamente: fue a hacer un viaje a Alemania y me dejó un sobre con su última voluntad, por si le pasaba algo que yo la ejecutara”.

“En el año 70 fundamos Ascan, pero ya antes nos reuníamos un grupo de personas grandiosas para luchar en defensa del hábitat natural y Kunkelio fue el que nos hizo ver lo que no sabíamos sobre el valor de las plantas”

“En el año 70 fundamos Ascan, pero ya antes nos reuníamos un grupo de personas grandiosas para luchar en defensa del hábitat natural y Kunkelio fue el que nos hizo ver lo que no sabíamos sobre el valor de las plantas”, dice. Al mirar con la perspectiva del tiempo transcurrido, se sitúa en el presente para confesar que “jamás como hoy ha habido tanto conocimiento, que lo tienen hasta los niños, de lo que es la contaminación, la destrucción de la naturaleza y el cambio climático, pero jamás se ha destruido y se contamina tanto como ahora. Hay una contradicción de grado superlativo entre lo que todo el mundo sabe y lo que está haciendo. Vamos camino de la autodestrucción y todo el mundo contento. Yo no lo llego a entender. Para mí es un círculo cuadrado”.

Trabajador imparable
Volviendo a sus recuerdos de Günther, insiste en que “Kunkelio era una persona especial, de una inteligencia notoria, sobresaliente, pero tenía algo que era demoledor: era un trabajador imparable. La demostración está en lo que ha escrito en los años que él estuvo en Canarias, algo casi imposible de imitar. Lo que él ha publicado sobre la flora de las islas Canarias es tanta información que no tiene comparación con lo que se ha escrito con anterioridad”.

“Sventenius fue quien animó a Günther Kunkel a venir al archipiélago en un encuentro que tuvieron durante un viaje de éste a Inglaterra”

Tras su creación en 1952 a iniciativa del Cabildo de Gran Canaria, el Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo” era ya toda una referencia para los investigadores de la flora canaria. Y precisamente su director y fundador, Enrique Sventenius, fue quien animó a Günther Kunkel a venir al archipiélago en un encuentro que tuvieron durante un viaje de éste a Inglaterra en 1963 [ver entrevista con Mary Anne Kunkel en este mismo número]. “Fue el primer jardín botánico del mundo de flora autóctona”, resalta Luis García-Correa, que aprovecha la entrevista “para pedir disculpas a don Matías Vega Guerra” y lo explica.

Contra el teleférico en Tamadaba
“Como todo joven con inquietudes yo era opuesto al caciquismo. Y aunque él y mi familia eran muy amigos, lo ataqué un poco por su caciquismo. Pero desde hace años y hasta ahora, a mi leal saber y entender, creo haber sido injusto por la ignorancia y por la vehemencia de la juventud, porque lo que hizo don Matías Vega es insuperable y no sólo con el Jardín Botánico Canario”.

El presidente del Cabildo de Gran Canaria era Lorenzo Olarte, que quiso impulsar ese proyecto urbanizador en Tamadaba y no le perdonó a Günther Kunkel que, además de oponerse a la iniciativa, lo manifestara públicamente

A mediados de los años 70 el contacto con Kunkel se hizo menos frecuente. Tras cuatro años como presidente de Ascan, García-Correa quiso ceder el testigo a otro. En 1975 salió elegido concejal en el Ayuntamiento de Las Palmas (por el “tercio de familia”, justo unos meses antes de la muerte del dictador) y se volcó en su nuevo trabajo. En los años siguientes “sólo nos veíamos de vez en cuando, porque mi vida estaba totalmente dedicada al ayuntamiento. Kunkelio siguió trabajando y en aquel tiempo se pensó en hacer un teleférico y un hotel en Tamadaba. Y él hizo una oposición frontal a ese hecho, ¡y gracias a que lo hizo!”.

Durante la Transición el presidente del Cabildo de Gran Canaria era Lorenzo Olarte, que quiso impulsar ese proyecto urbanizador en Tamadaba y no le perdonó a Günther Kunkel que, además de oponerse a la iniciativa, lo manifestara públicamente. Al final, Olarte desistió, pero hizo que el Cabildo rompiera todos los lazos con el botánico alemán.

“Yo no recuerdo quién era presidente del Cabildo entonces, pero lo cierto es que le amargaron la existencia y tuvo que marcharse. Y yo estaba tan imbuido en mi vida de concejal y Kunkel era tan respetuoso, que nunca me vino a [pullquote2 quotes=”true” align=”left” variation=”steelblue”]No contribuir para evitar que mi amigo Kunkelio se marchara ha sido una de las tristezas de mi vida[/pullquote2]decir lo que le pasaba. No contribuir para evitar que mi amigo Kunkelio se marchara ha sido una de las tristezas de mi vida. A mí me llegó la noticia cuando ya todo estaba hecho”.

Mary Anne Kunkel dibujando plantas en su casa, en Gran Canaria (1970)/ FOTO GÜNTHER KUNKEL
Mary Anne Kunkel dibujando plantas en su casa, en Gran Canaria (1970).| FOTO GÜNTHER KUNKEL
Los Kunkel abandonan Canarias
La marcha de los Kunkel “es una pérdida irreparable para Canarias”, dice refiriéndose a los dos, Günther y Mary Anne. “Günther era un valor inconmensurable que tuvimos aquí, pero la deuda la tenemos con los dos. Mary Anne es también de un valor incalculable por su humildad, su laboriosidad y su arte. Con Günther y Mary Anne existe un antes y un después para la ciencia en Canarias”.

Y ahora que se reeditan los primeros volúmenes del gran atlas de flora de Gran Canaria (obra quedó inconclusa en los años 70, al tener que irse de Canarias) Mary Anne, autora de las 200 láminas publicadas, no ha percibido ninguna remuneración económica por ello. “Me dijo que no, que los derechos de autor los había vendido al Cabildo en los 70. De eso no me acordaba. Pero me parece que se le debió haber dado a Mary Anne una cantidad por la publicación de esos tomos. En especial porque creo que se infravaloró lo que se le compró, que es una joya para Canarias. Hubiera sido una oportunidad de compensarle, aunque estas cosas no se compensan con dinero. Creo que Canarias está en deuda con Mary Anne”.

■ HABLAR CANARIO
Memorable cita semanal con Sventenius y Kunkel

Hablando del Jardín Canario, Luis García-Correa ríe al recordar que entre Seventenius y Kunkel había “cierta enemistad, cierta rivalidad, ¡los celos que existen siempre en las profesiones!”. Por eso, como amigo también de Sventenius (“el primero que colaboró con él en la creación del Jardín Canario fue Jaime O’Shanahan y Bravo de Laguna, un prohombre de Canarias, y el segundo fui yo y de hecho, desde Ascan siempre entendimos que el Jardín Canario era algo grandioso y único en lo teníamos que colaborar”), medió entre ambos científicos y “conseguí restablecer las relaciones entre ellos”.

“Kunkelio y yo fuimos al restaurante y no apareció don Enrique. Lo habían matado unas horas antes y nosotros ni nos habíamos enterado”

Fue así como acordaron verse los tres un día a la semana. “Todos los miércoles, creo, almorzábamos juntos en el restaurante que había encima del Jardín Canario: Kunkelio, don Enrique Sventenius y yo. ¡Aquellos almuerzos eran antológicos!, porque se exponía…”. La voz se le quiebra. “Me emociona…”. Con los ojos humedecidos en lágrimas interrumpe el relato. “Se exponía la defensa de la naturaleza y de la flora canaria”, se esfuerza por añadir.

Tras una pausa, sigue, para rescatar de su memoria el último de esos almuerzos al que acudió.

“Kunkelio y yo fuimos al restaurante y no apareció don Enrique. Lo habían matado unas horas antes y nosotros ni nos habíamos enterado –saca un pañuelo del bolsillo del pantalón y se suena–. Nosotros ya notábamos que don Enrique (como me pasa a mí ahora) empezaba a tener ausencias. Yo creo que le pasó eso: cruzó sin mirar y vino un coche, lo atropelló y lo mató” ●

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