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‘Canaria’ y ‘cubana’, las hoyas carboneras de antes

“El carboneo ha vuelto a aparecer en los pinares”, escribía el autor en la primavera de 1996...

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“El carboneo ha vuelto a aparecer en los pinares”, escribía el autor en la primavera de 1996, cuando dos carboneros de la cumbre fueron autorizados por el Cabildo de Gran Canaria a instalar sus hoyas en el pinar de los llanos de la Pez. [En PELLAGOFIO nº 51 (2ª época, marzo 2017)].

Por YURI MILLARES
Artículo publicado originalmente por el autor en ‘La Gaceta de Las Palmas’ (22-IV-1996) bajo el título “Esta hoya la trajo mi padre de Cuba, yo se la vi hacer en el Bentayga”

■ CARBONERA CANARIA
“La hoya hay que orientarla de mar a cumbre porque el aire sube por el día”
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“Le dicen los Llanos de la Pez, pero el verdadero nombre de esto, antiguo, es Llano Garañón”, asegura Leonardo Jiménez mientras vigila la carbonera que ha levantado entre el pinar y humea al poco de prenderla. “Ese nombre nuevo no sé a qué viene ahora”, continúa y, tras una breve pausa, añade, señalando la alta densidad de unos árboles que crecen raquíticos: “Que yo les digo a los de Medio Ambiente que eso no es un pinar, es un cañaveral”…
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■ CARBONERA CUBANA
“Si da poco humo fincho con un palito y por un agujerito sale un machinal”
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Con una gorra abrigada y un jersey, Juan Sarmiento observa crecer las llamas de la hoguera que ha prendido junto a la hoya o carbonera, levantada siguiendo los conocimientos transmitidos por su padre, quien, a su vez los trajo de la Cuba que conoció como joven emigrante. Apenas empieza a clarear en la mañana y el resplandor del fuego ilumina el rostro del carbonero. Está haciendo las brasas necesarias para prender el interior de la hoya….
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Leonardo Jiménez desbarata su hoya tendida o ‘canaria’ tras la combustión de la leña y extrae el carbón (pinar de los Llanos de la Pez, 1996). | FOTO YURI MILLARES
Leonardo Jiménez desbarata su hoya tendida o ‘canaria’ tras la combustión de la leña y extrae el carbón (pinar de los Llanos de la Pez, 1996). | FOTO YURI MILLARES
En el pinar de los Llanos de la Pez, en el municipio de Tejeda, se alzan [en la primavera de 1996] columnas de humo que delatan hogueras en algunos puntos del denso bosque y se escucha el rumor de la motosierra a intervalos. Trabajadores de Medio Ambiente están haciendo talas selectivas para mejorar la salud de la masa boscosa y quemando las ramas. Eso ha hecho que, por primera vez en décadas, los carboneros hayan regresado al pinar. Otros más viejos que ellos y en mucho mayor número trabajaron en los años 40, época de hambre, clandestinamente.

Entre unos pinos y cerca de una choza hecha con una estructura de troncos y cubierta con grueso plástico negro, conversan de sus cosas dos carboneros. Uno saca el carbón de la hoya que tradicionalmente se ha practicado en la cumbre, el otro utiliza una técnica que aprendió de su padre, emigrante a Cuba cuando soltero. “Esta hoya* –señala Juan Sarmiento a la de su compañero– se pone tendida y en la otra –que trajo su padre de Cuba–se pone la leña de punta”.

Juan y Nardo, como es conocido Leonardo Jiménez el otro carbonero, comentan el resultado que les está dando la leña del pino que les han dejado aprovechar del bosque. “El suelo está mojado”, se lamenta el primero, “la hoya tiene tiso” (es decir, maderas crudas que se han quemado sólo por fuera). “Aquellos cartuchos pesan cuatro kilos”, dice el otro del carbón que ya tiene hecho y en bolsas, “si fueran de almendro y escobones pesarían siete kilos, aquí la cosa es que es dado y hay cantidad”.

Juan Sarmiento prepara unas brasas para prender su hoya redonda o ‘cubana’.| FOTO YURI MILLARES
Juan Sarmiento prepara unas brasas para prender su hoya redonda o ‘cubana’ (pinar de los Llanos de la Pez, 1996).| FOTO YURI MILLARES

La tierra está mojada, lo mismo que los pinos, por eso en esta época del año la productividad de las hoyas carboneras es baja. “Lo bonito de esto es en el verano, que sí da”, comenta Nardo, aunque recuerda que el permiso de Medio Ambiente sólo es hasta el 30 de mayo. “Lo que pasa es que es más peligroso, porque cualquiera puede dar fuego por ahí”, le replica Juan. “Oh, pero si alguien da fuego por otro lado, nosotros no tenemos culpa. Si hay alguien que da fuego cerca le persigo hasta que lo coja”, continúa el diálogo Nardo.

Apilados en torno a un palito
El trabajo, sin embargo, les aguarda, y tanto uno como el otro vuelven a sus quehaceres en las respectivas hoyas. La carbonera redonda o cubana de Juan Sarmiento está con los troncos ya apilados en punta en torno a un “palito que llevan en el centro”, dice él, “un palo que se saca por arriba y por el hueco que deja se echan las brasas”.

Esta hoya “la trajo mi padre que estuvo para Cuba, yo se la vi hacer en el Bentayga* y me he dedicado también”, comenta mientras parte unas ramas con el hacha. Lo que hace entonces es tapar con palos pequeños los huecos que hay entre tronco y tronco apilado, “para después ponerle el monte”, la pinocha y la retama. De esta forma, cuando lo cubra todo con tierra, ésta no se colará hacia el interior, provocando entradas de aire que estropearían la hoya y afectarían al proceso de la fabricación del carbón.

Antes que la tierra “le pongo unas piedras en redondo”. Hace un murito de medio metro de alto. Las piedras de la base van separadas entre sí: “una piedra aquí, una gaterita, otra piedra, otra gaterita…”. Por esas gateras saldrá el humo y entrará el aire que necesita el fuego. Son los machinales*. Cada piedra la encaja y la cubre, como toda la hoya, de tierra. Después habrá que prenderla, vigilarla y esperar.

Forestal alemán durante las pruebas de clareo del pinar de los llanos e la Pez. | FOTO YURI MILLARES
Forestal alemán durante las pruebas de clareo del pinar de los Llanos de la Pez en 1996. | FOTO YURI MILLARES

■ HABLAR CANARIO
Una gran nevada cubrió las carboneras

A mediados de marzo de 1996 un fuerte temporal de lluvias provocó en Canarias copiosas nevadas en las islas más montañosas. Por aquellas fechas, el Cabildo de Gran Canaria iniciaba trabajos de clareo en pinares de repoblación para sanear el bosque, con el asesoramiento de técnicos forestales alemanes. Entre ellos, en el pinar de los Llanos de la Pez, donde los carboneros Leonardo Jiménez (“La hoya hay que orientarla de mar a cumbre porque el aire sube por el día”) y Juan Sarmiento (“Si da poco humo fincho con un palito y por un agujerito sale un machinal”) se dedicaron unos meses a aprovechar toda la madera que pudieron coger y convertir en carbón.

Atado con sogas a varios pinos, cubrieron con un gran plástico negro una improvisada choza y allí dormían a ratos y velaban sus hoyas carboneras. A ellos les pilló la gran nevada en aquel bosque, cubriendo las hoyas carboneras que tenían encendidas en aquel instante.

VOCABULARIO
en el Bentayga. Equivale a decir “junto al roque Bentayga”, una de las formaciones rocosas más singulares del paisaje de la cumbre de Gran Canaria. El nombre de este roque (como se llama en Canarias a los grandes pitones fonolíticos) se lee habitualmente escrito en su forma arcaica Bentayga. Maximiano Trapero y Eladio Santana proponen Bentaiga en su Toponimia de las islas Canarias (ULPGC).

hoya. Aquí, “montón de leña preparada para hacer carbón”. En otro contexto es un “terreno situado entre dos pendientes” (citado por el Tesoro lexicográfico del español de Canarias).

machinal. Respiradero del horno (M. Alvar, Atlas lingüístico y etnográfico de las islas Canarias) ●

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1 Comentario

  1. Rüdiger Unseld
    Marzo 4, 2017 at 8:28 pm — Responder

    Gracias por su articulo muy interesante y muy infomativo con fotografías marvillosas de una obra dura. El carbonero aleman, Rüdiger

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