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Carbón de cumbre, con leña de almendro y escobón

En la actualidad, el oficio de carbonero ha quedado reducido a una decena de hombres de Gran Canaria...

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Hasta mediados del siglo XX, en las cinco islas más boscosas del archipiélago canario el aprovechamiento forestal incluía la fabricación de carbón. En la actualidad, el oficio de carbonero ha quedado reducido a una decena de hombres de Gran Canaria que forman parte de la Asociación Charamusco Carboneros de la Cumbre. [En PELLAGOFIO nº 51 (2ª época, marzo 2017)].

Por YURI MILLARES

Hoya carbonera en la cumbre de Gran Canaria conocida como ‘redonda’ o ‘cubana’. | FOTO Y. M.

■ CARBONEO TRADICIONAL
“La hoya hay que orientarla de mar a cumbre porque el aire sube por el día”
“El carboneo ha vuelto a aparecer en los pinares”, escribía el autor en la primavera de 1996, cuando dos carboneros de la cumbre fueron autorizados por el Cabildo de Gran Canaria a instalar sus hoyas en el pinar de los llanos de la Pez…”
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Las islas de El Hierro y La Gomera fueron las que más temprano perdieron el oficio, las de Tenerife y La Palma más recientemente, aunque todavía queda quien haga de modo residual. En Gran Canaria a finales del siglo XX todavía quedaban carboneros en La Aldea, Artenara y en la cuenca de Tirajana, quedando un importante núcleo en la actualidad en la cuenca de Tejeda, en zona de cumbre.

Mientras en las cuatro islas donde ya está prácticamente extinguido el carboneo lo que se aprovechaba, sobre todo, era la leña del monteverde (la laurisilva); en Gran Canaria, la madera que se emplea es la de almendrero (como llama el isleño al almendro) y escobón, “la mejor madera que hay para carbón”, coinciden todos los carboneros de la isla.

Con el roque Bentayga al fondo y rodeado de almendros en flor, Francisco González llena la hoya con leña de almendro y escobón. | FOTO Y. MILLARES
Con el roque Bentayga al fondo y rodeado de almendros en flor, Francisco González carga la carbonera de madera. | FOTO Y. MILLARES
En la pervivencia de la actividad han influido, además de un pequeño relevo generacional, dos hechos más: que los propios carboneros se agruparan en 2004 en una asociación, Charamusco –como llaman ellos a las pequeñas ramas que quedan de la poda del almendro y no sirve para hacer carbón, por lo que la dejan al pie del árbol para que fertilice la tierra cuando se pudra–, y el apoyo a su actividad por parte del gobierno insular, ya que los técnicos forestales del Cabildo tuvieron el acierto de favorecer su supervivencia, empeñados en defender su presencia en el monte “por el alto valor etnográfico que tiene; porque es una forma de descargar de leña seca la zona de almendreros para la prevención de incendios; y por su aporte económico para unas familias en un territorio difícil”, explican a Pellagofio.

El carboneo es una forma de descargar de leña seca la zona de almendreros para la prevención de incendios

Ecológico y sostenible
En su defensa de la producción de carbón vegetal en Gran Canaria, estos técnicos explican que se trata “de un producto ecológico y ejemplo de recurso sostenible”. Y ello por tres razones fundamentales: “usa como materia prima la leña seca de especies que crecen de forma espontánea y natural sin ningún tipo de abonos ni insecticidas; no es un combustible fósil, sino renovable, por lo que no incrementa el nivel de CO2 de la atmósfera y por tanto no incrementa el efecto invernadero; el carbón vegetal importado procede a menudo de explotaciones forestales destructivas y su transporte hasta Canarias consume combustibles fósiles”.

El compromiso del Cabildo se concretó en diversas medidas, como el registro de la marca Carbón de la Cumbre cuyo uso cede a la Asociación Charamusco, ayuda financiera para la adquisición de bolsas de papel con capacidad para cinco kilos de carbón en un formato apropiado para asaderos y, lo que realmente revolucionó y facilitó la labor de estos profesionales, introdujo el uso de la carbonera metálica, que ha llevado incluso “a una evolución de la hoya carbonera tradicional, que ya han empezado a tapar con una plancha metálica para no tenerle que echar tierra encima, para que no haya escapes y la combustión sea mejor”.

La razón para el abandono del oficio es la dureza del trabajo, en especial construir las carboneras tradicionales y la necesidad de estar día y noche vigilándolas cuando están en plena combustión

La hoya (en el habla del isleño) o carbonera metálica fue todo un revulsivo en el sector, cuya principal razón para el abandono del oficio es la dureza del trabajo, en especial la laboriosidad que supone –aparte de la propia recolección de la madera– construir las carboneras tradicionales y la necesidad de estar día y noche vigilándolas cuando están en plena combustión.

Después de llenar el primer cilindro de madera, el carbonero pone el segundo aro para seguir poniendo leña, antes de tapar la hoya. | FOTO YURI MILLARES
Después de llenar el primer cilindro con madera, el carbonero pone el segundo aro para seguir añadiendo leña, antes de tapar la hoya. | FOTO YURI MILLARES
“Yo estoy muy contento con ellas –dice el carbonero Francisco González Bolaños, Paco, que tiene dos–. La metálica es una maravilla, le prende usted fuego, está un día y medio encendida, después se tapa totalmente [para que no salga humo] y se deja tres días que se enfríe, se le quitan las tapas y a coger el carbón. Ahorro un montón de tiempo y trabajo, ya no tengo que ir a una ladera a dormir por la noche, fijo mirando cada dos horas por si se agujera. Ahora la prendo y me acuesto a dormir tranquilo”.

Francisco González, carbonero:
“La hoya metálica es una maravilla, la prendo y me acuesto a dormir tranquilo”

El encendido de la carbonera metálica es sencillo y rápido, empleando un soplete en la entrada de aire principal.| FOTO Y. MILLARES
El encendido de la carbonera metálica es sencillo y rápido, empleando un soplete en la entrada de aire principal.| FOTO Y. MILLARES
Con dos aros y una tapa
Su diseño es muy sencillo: consta de dos cuerpos cilíndricos (aros) y una caperuza (tapa) que la cierra, con una serie de conductos de entrada de aire (por debajo) y salida de humo (por arriba) y con eso se va controlando la combustión. “Antes, donde estaba la madera se hacía la carbonera y usábamos burros para sacar el carbón, porque en esas laderas si no tenías un burro tenías que sacarlo al hombro Ahora no, yo la traigo directamente aquí, cerca de la carretera y entran los coches”.

Jaime Quintana, secretario de Charamusco, explica que “actualmente hay cuatro unidades de producción de hoyas carboneras en la zona de cumbre, pero carboneros hay una decena”. Sobre la edad dice que la mayoría “son de la cincuentena para arriba, aunque hay algunos más jóvenes –entre ellos el propio presidente de la asociación, Carmelo Jiménez, hijo del conocido carbonero, ya fallecido, Leonardo–. La pervivencia de la actividad no está en riesgo de desaparición, pero el relevo generacional no es tan fuerte como antaño, cuando todo el mundo hacía carbón”.

Jaime Quintana, secretario de la Asociación Charamusco:
“Actualmente hay cuatro unidades de producción de hoyas carboneras en la cumbre y una decena de carboneros”

Al poco de encenderla, ya humea por las salidas de aire, que tapará al cabo de un día y medio de combustión, para apagarla. | FOTO Y. MILLARES
Al poco de encenderla, ya humea por las salidas de aire, y Paco la tapará al cabo de un día y medio de combustión, para apagarla. | FOTO Y. MILLARES
La producción anual está entre las 20-30 toneladas y “estamos negociando con el cabildo la posibilidad de elaborar también en el verano, porque con la campaña antiincendios a partir de junio lo tenemos prohibido”, añade. “Con la hoya metálica no hay riesgo ninguno y, sin embargo, tenemos esa merma de cuatro meses sin poder producir y no podemos abastecer a los clientes. En invierno no puedes cuando está lloviendo no puedes y en verano la combustión del carbón es mejor por las temperatura más altas”.

Dídac Díaz, técnico de la Unidad de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, confirma que se están haciendo esas gestiones. “En efecto, en verano no les dejan hacer carbón como prevención de incendios. Pero las actuales carboneras metálicas no generan pavesas, ni brasas; hemos hecho un informe para promover que durante el verano y con todas las garantías puedan hacer carbón y no paren la producción, visitando las carboneras y emitiendo el correspondiente informe técnico que confirme que no hay riesgo”.

De hecho, insiste, “nosotros vemos el carboneo como una herramienta muy importante en la prevención de incendios. Todo lo que sea que la sociedad se organice e implicarla en la prevención de incendios es algo que apoyamos, es la clave. Comprando Carbón de la Cumbre –resume– estás ayudando a la retirada de madera seca del monte y por tanto a la prevención de incendios forestales en nuestra isla”. ¿Dónde? Se puede consultar en Facebook, buscando el producto “Carbón de la Cumbre”.

Dídac Díaz, técnico de la Unidad de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria:
“Queremos poner en contacto a los carboneros con la Asociación para la Recuperación del Burro, para crear sinergias entre la gente del territorio”

Entre las próximas iniciativas en las que están trabajando, dice, están “obtener el certificado FSC [Forest Stewardship Council] de buenas prácticas y aprovechamiento forestal sostenible, como ya están reconocidas la gran mayoría de las superficies forestales de Gran Canaria; y queremos poner en contacto a esta asociación con la Asociación para la Recuperación del Burro, para que la saca de la madera la puedan hacer también con estos animales y crear sinergias entre la gente del territorio”.

Las carboneras metálicas tienen su origen en Alemania, cuando en el siglo XX y en la época de entreguerras los alemanes tuvieron que ser autosuficientes
■ EL DETALLE
Desde Alemania, pasando por Níger

Las carboneras metálicas que han sustituido a las tradicionales hoyas tendidas de los carboneros de Gran Canaria, facilitando su trabajo, tienen su origen en Alemania, cuando en el siglo XX y en la época de entreguerras los alemanes tuvieron que ser autosuficientes y se dedicaron a destilar la madera para sacar aguarrás y otras sustancias y a su vez producir carbón. Fue el ingeniero forestal alemán Rüdiger Unseld, que estuvo haciendo prácticas después de la carrera en la finca de Osorio, propiedad del Cabildo de Gran Canaria, y trabajaba en Alemania vinculado a un centro de investigación forestal en Friburgo con carboneras metálicas, quien habló a sus homólogos en el Cabildo de ellas.

El carbonero Paco González coge leña entre las dos hoyas metálicas que tiene para fabricar carbón. | FOTO YURI MILLARES
El carbonero Paco González coge leña entre las dos hoyas metálicas que tiene para fabricar carbón. | FOTO YURI MILLARES
La sugerencia no cayó en saco roto. Con financiación de fondos europeos para el desarrollo rural, se puso en marcha en 2012 un proyecto que permitió fabricar una hoya carbonera con acero cortén en unos talleres navales en el puerto de La Luz y Las Palmas. El propio Rüdiger Unseld se desplazó a la isla para participar en un Encuentro con Carboneros y hacerles una demostración de cómo funciona: tras comprobar que, en efecto, acelera el proceso de combustión, tiene el mismo rendimiento en la relación madera empleada/carbón producido, y tiene un funcionamiento más sencillo y seguro, los carboneros la adoptaron para su trabajo. Para ello el Cabildo abrió una línea de subvención y quienes quisieron adquirir una se beneficiaron de una ayuda del 50% ●
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