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“El brezo hay que meterlo a guisar 24 horas en agua para secarlo”

El tornero Ricardo Rodríguez hace bolígrafos con la madera de árboles de Canarias...

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El tornero Ricardo Rodríguez hace bolígrafos con la madera de árboles de Canarias. El archipiélago cuenta con unos treinta árboles entre su flora propia y singular, como recuerda el ingeniero forestal Juan Guzmán, que estrena su labor como columnista de PELLAGOFIO en la misma fecha en que se publica este reportaje. Los dos confiesan que están descubriendo esos árboles en lo que a su aprovechamiento forestal y sostenible como madera se refiere. [En PELLAGOFIO nº 12 (2ª época, septiembre 2013)].

Por YURI MILLARES

En el sótano de su casa en el barrio El Caracol de Telde (Gran Canaria), este artesano tiene todo lo que precisa para ejercer el oficio de tornero. Aunque, en el caso que ocupa estas líneas, para producir unos pequeñísimo objetos si los comparamos con los árboles de donde proceden: bolígrafos y plumas cuyo cuerpo está hecho de la madera de árboles singulares de Canarias. Y además, en un aprovechamiento sostenible (de piezas de madera sobrante fruto de talas controladas o de incendios) que reivindica esa propia sostenibilidad al tiempo que la singularidad y belleza de la propia naturaleza en su forma vegetal.

“La madera no se puede trabajar directamente. Al menos para hacer las piezas sobre las que trabajo”, explica Ricardo Rodríguez. “Tienes que serrarla, cepillarla y sacarla de grueso. Pero además, y es uno de los grandes problemas de la madera, aunque venga procedente de un incendio, ¡tiene que estar seca!”. De lo contrario, se deformará y agrietará. Precisamente, el día que es retratado para PELLAGOFIO trabajando entre sus máquinas y herramientas (tornos, taladros, sinfín, gubias, lijas, etc.), tiene entre sus manos un trozo de batata de brezo, procedente del último gran incendio en La Gomera, en el Parque Nacional de Garajonay.

De podas o incendios
“La madera tiene que estar seca –insiste y señala a la pieza–, y el secado de la madera no es un proceso rápido, tarda a razón de una pulgada por año. El primer problema que se plantea aquí cuando Juan [Guzmán] ha traído madera de podas o de zonas que se han incendiado, aunque haya muerto el árbol hace uno o dos años, es que todavía en el interior de las células hay agua. Y esa agua hay que sacarla”.

Del interior de la piña del pino canario, que corta con la sinfín, extrae el centro para moldearlo en el torno...
“Esta batata de brezo se cogió en plena sequía –interviene el citado Guzmán–, estaba sufriendo por ello y además está el efecto tostado que le hace el fuego y de forma muy rápida le hace perder agua”. De todos modos, hay que secarla del modo adecuado, para evitar lo que ya estaba mostrando: fendas (es decir, grietas). “Para secarlo hay que meterlo a guisar durante 24 horas en agua. Entonces se cortó y muchas de estas fendas no estaban aún. Se metió en agua, porque el agrietamiento se produce cuando hay una pérdida espontánea rápida de agua. Y no significa que esté seco, pero esa pérdida primera hace que se raje la madera y a pesar de que se metió en un cubo con agua y luego se le fue quitando, terminó rajando”.

Descubriendo las maderas canarias
Es un ejemplo de cómo Ricardo y Juan han ido “descubriendo las maderas canarias”, en palabras del primero de ellos, “porque hay maderas que nunca se habían cortado antes y no se sabía”, por ejemplo, su dureza, su uso como madera. “Por ejemplo, conseguimos almácigo, que fue todo un descubrimiento”, dice Juan. “Es una maravilla”, añade Ricardo. En este caso, además de su gran dureza (como la de la caoba) y su color muy oscuro. “Como en Canarias casi todos los árboles que tenemos son de laurisilva y casi toda la madera de laurisilva es blanquecina o rosácea, pues pensamos que todos los árboles son blancos”.

...Y el resultado este bolígrafo de piña de pino canario (en este caso, del sur de la isla de Gran Canaria)./ FOTOS YURI MILLARES
Los árboles canarios que se han trabajado en el pasado son la tea del pino canario y el barbuzano, “todos los demás se usaban como palos y del almácigo nadie sabía nada”, continúa Juan, y Ricardo pone un ejemplo: “A lo mejor te encuentras a un hombre de medianías y dice ‘ah, sí, madera de almácigo, yo hice hace 30 años un cabo porque me encontré un trozo’. Pero eso lo sabe él, no lo sabe nadie más. Hay gente que conoce maderas pero para uso rural y sólo el palo”.

Palo o madera
Otra cosa muy distinta a usar el palo (“que puede tener mil usos”) es usar la madera, para lo que hay que hacer tablas, tener árboles que sean maderables, que se lleven a un sitio para que se sierren, para que se hagan tablones. “Porque hacer un mueble de raíz de brezo no tiene sentido”, explica Ricardo una tarde que demuestra cómo hace un bolígrafo con una pequeña pieza de madera de brezo. “Es más, es que si lo quieres de acebuche, haces una tabla de tal por tal medida y en cuanto cojas un par de láminas se te agrieta”. En el taller de Ricardo, él y Juan ya han experimentado con 19 de los 30 árboles canarios. Como hay dos que no tienen madera (el drago y la palmera), “todavía nos quedan 11 por catar”, dice Juan, ingeniero forestal que se encarga de localizar la madera.

A hilo o a contrahilo, o de la flor (piña) del pino canario, cada pieza es única e irrepetible

La belleza en su original trabajo (hacer bolígrafos) la “tiene que dar la madera, no los complementos del bolígrafo”, que no son sino unos kits metálicos en el interior de un casquillo de latón. Además, el bolígrafo a la vista presenta un dibujo de la madera que cambia muchísimo según trabaje la madera al hilo o al contrahilo. ¿Qué es esto? “La fibra de la madera va en vertical –creciendo en el tronco–, que son de flexión y de canalización de savia. Siguiendo ese dibujo se trabaja al hilo en el torno y da un dibujo. Pero si se trabaja en horizontal, es a contrahebra, a contrahilo y salen los dibujos con esas formas concéntricas”.

La espectacularidad que buscan en las maderas se la proporcionan, sobre todo, tres árboles (brezo, acebuche y almácigo). Pero hay un cuarto elemento singular y original que no nos podemos ni imaginar como “madera de bolígrafos”: la piña de pino canario, que “en realidad es una flor, y sí, es espectacular”, sonríe Ricardo. Tras obtener el centro de la piña y tras un complicado proceso para que eliminar la fragilidad del material, el torno da su forma cilíndrica con el dibujo que podemos apreciar en algunas de las fotos que acompañaneste reportaje.

Y sea de una madera o de otra, a hilo o a contrahilo, o de la flor (piña) del pino canario, cada pieza es única e irrepetible.

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