Home»Isleños»Oficios del mundo rural»“Los hacendados no permitían más de 4 calabazos en una acequia”

“Los hacendados no permitían más de 4 calabazos en una acequia”

Antonio Pérez Medina, regador al calabazo en La Palma, la isla canaria donde surgió este sistema de riego de la platanera, explica en qué consiste...

1
Compartido
Pinterest Google+

Antonio Pérez Medina, regador al calabazo en La Palma, la isla canaria donde surgió este sistema de riego de la platanera, explica en qué consiste y cómo surge esta práctica que ha quedado reducida a una exhibición deportiva. [En PELLAGOFIO nº 13 (2ª época, octubre 2013)].

Por YURI MILLARES

Durante el siglo XX se desarrolló en Tazacorte y Argual (La Palma) un original y único sistema de riego de las plataneras. Los pequeños propietarios de este cultivo no podían pagar a los grandes hacendados el precio del agua que venía por las acequias desde la Caldera de Taburiente. Pero sí podían coger agua gratis a su paso por las acequias siempre que la sacaran… a mano. Y así fue como se pusieron manos a la obra haciendo uso de unas frágiles calabazas huecas y un palo, hasta que un pequeño agricultor y un hojalatero idearon una calabaza hecha de varios trozos de una lata de aceite pegados mediante soldadura: el calabazo

Antonio Pérez empezó con apenas 14 años, “por obligación, no porque me gustara”, dice, para regar “unos pedacitos que tenía el viejo, para no pagar la dula, porque no nos daba”. Entrevistado hace ya tiempo por el autor de estas líneas para un reportaje en el periódico La isla de La Palma, contaba él entonces 46 años de edad y había sido impulsor de la asociación Colectivo del Riego al Calabazo, que convirtió el duro trabajo de regar con semejante artilugio en un deporte de exhibición.

El secreto para no acabar exhausto está en llevar un ritmo “normal” de “mil doscientos calabazos en una hora”

De aquellos inicios en el riego al calabazo, Antonio recuerda cómo le costaba seguir el ritmo a su padre. El secreto para no acabar exhausto está, explicaba, en llevar un ritmo “normal”, que, decía “son mil doscientos calabazos en una hora, de diez a doce mil litros”. Y coger correctamente el palo, apoyando el extremo del mismo sobre el muslo.

“El agua era de los hacendados, lo que pasa es que toda el agua que tú cogieras con el calabazo era gratis –decía en la entrevista–, lo que tenías que cogerla en las dulas que te marcaban, de diez en diez días. Y al principio había más calabazos, pero más tarde vino un control de las haciendas y no podía haber más de cuatro calabazos en una acequia”. De Jeduy a la plaza de Argual no podía haber regando a la vez más de cuatro calabazos, “si no, dejaban a las haciendas sin agua”..
■ PELLABLOG, la edición blog de PELLAGOFIO, rescató, de la edición impresa del periódico La isla de La Palma del 22-29 de agosto de 1997, el reportaje que en la edición digital ha titulado “Aguardiente, sudor y escacho”. En él podrá leer el reportaje completo del que en esta página de la revista mensual ofrecemos sólo algunos datos●

Anterior

Legionario sacamuelas

Siguiente artículo

Isleños en el desierto, en una guerra olvidada

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *