Home»Isleños»Oficios del mundo rural»“Si llueve no te acerques a la colmena, estarán dentro”

“Si llueve no te acerques a la colmena, estarán dentro”

Lorenzo Pérez Díaz es apicultor con tres colmenares repartidos en distintos lugares de Gran Canaria. Una mañana de finales de mayo acude a castrar...

5
Compartido
Pinterest Google+

Lorenzo Pérez Díaz es apicultor con tres colmenares repartidos en distintos lugares de Gran Canaria. Una mañana de finales de mayo acude a castrar las colmenas que tiene en el barranco de los Vicentes con todo lo necesario en la camioneta todoterreno: la familia y un par de amigos apicultores que ayuden, las herramientas del oficio… y carne de baifo cruda y troceada. [En PELLAGOFIO nº 11 (2ª época, julio-agosto 2013)].

Por YURI MILLARES

El aparcamiento junto a una gasolinera, en las afueras de la ciudad de Las Palmas, es el lugar de la cita que reúne a Lorenzo, su mujer Lucía, los amigos apicultores Manolo y Santiago y al periodista que ha invitado para que vea cómo castra sus colmenas. “Se viene a castrar cuando la luna está en cuarto menguante, y mejor en día soleado, porque las abejas están trabajando por fuera y hay menos ganado dentro de la colmena. Y si llueve no te acerques, porque están todas dentro”, explica.

Lorenzo, apicultor:
“Se viene a castrar cuando la luna está en cuarto menguante, y mejor en día soleado, porque las abejas están trabajando por fuera”

El día que vemos amanecer no se presenta muy despejado, pero salimos todos en la camioneta por la autopista en dirección sur. No puede dejarlo para otro día, porque ya ha aplazado la visita un par de ocasiones por culpa de unas inoportunas lluvias.

Lorenzo (agachado), junto a los otros apicultores que le acompañan una mañana que va a castrar las colmenas que tiene en el barranco de Los Vicentes./ FOTO YURI MILLARES

A la comitiva se le une su hijo Roberto, cuando paramos a desayunar unos bocadillos de pata de cerdo y café con leche en San Fernando de Maspalomas, ya en el sur de la isla. Todavía nos queda recorrer la serpenteante carretera que lleva hasta la presa de Ayagaures, atravesar el estrecho paso por el dique y recorrer algunos kilómetros por la pista de tierra que nos acerca, entre algunos precipicios, al bellísimo paisaje casi virgen en lo más profundo del barranco de los Vicentes donde tiene un colmenar.

Las abejas que aquí trabajan (cada uno de estos pequeños insectos produce unos 15 gramos de miel en su vida, nos explica Roberto, que, al igual que su padre, tiene el gusanillo de la apicultura metido en el cuerpo) tienen a su alrededor todo un mundo de “flora espontánea” que dan carácter a la miel de este lugar: taginaste, leñabuena, bejeque, escobón, tabaiba, verol… “Los meses de noviembre a abril es cuando mayor floración hay de flora autóctona”, dice. Estamos, pues, en el mejor momento para recoger la cosecha, es lo que se llama “castrar las colmenas”.

Para extraer cada cuadro usan el “alzacuadros” (“trae la grúa”, bromean ellos para pedir la herramienta)

Las 15 colmenas de este colmenar están alineadas junto a unos cardones (Euphorbia canariensis) que elevan sus brazos de candelabro por encima de nuestras cabezas. Lo primero que hacen es prepararse (poniéndose la ropa protectora con careta y guantes incluidos, y prendiendo la leña del ahumador) para el recibimiento que les harán las abejas: primero indiferentes, pero a medida que comiencen a destapar las colmenas y extraer cuadros de miel, cada vez más agresivas protegiendo su alimento.

Celdillas de huevos y miel
Lorenzo, apicultor desde hace 12 años por un amigo de Juncalillo (Antonio) que lo metió en esta actividad profesional, es el primero que, espátula en mano, se dirige a una colmena deseoso de saber en qué estado se encuentran sus obreras y cuánto han producido. Sus tres colmenares (en Higuera Canaria, Ayagaures y barranco de los Vicentes) no llegan al mínimo de 150 colmenas, así que, dice, es un “productor no profesional”.

Manolo, Roberto y Santiago se le suman enseguida, formando un equipo de trabajo que se encarga, colmena a colmena, de ir destapando cada “alza” (caja) que contiene los “cuadros” (panales con las celdillas donde ponen los huevos, crían y guardan la miel) con ayuda de una espátula. Para extraer cada cuadro usan el “alzacuadros” (“Trae la grúa”, se dicen ellos para pedir esta herramienta). Y según van mirando los cuadros deciden: “Lo que buscamos es que el cuadro esté operculado [con las celdillas llenas de miel y selladas con cera] en más de un 75 por ciento”. En tal caso, lo guardan en una caja que tapan y a la camioneta, para extraerle la miel en cuanto lleguen a la mielería que Manolo tiene en una finca cercana.

A medida que van destapando colmenas y extrayendo cuadros con miel, la nube de agitadas abejas a su alrededor va incrementando su número./ FOTO Y. M.

Y lo que encontraron en esta visita para castrar (la más productiva de las tres o cuatro ocasiones al año que lo hacen) fueron algunas colmenas algo atrasadas (las lluvias del mes anterior provocaron la caída y vuelco de algunas colmenas por pequeños corrimientos de tierra, que hubo que volver a poner de pie sobre sus patas) y una colmena zanganera (sin reina y, por tanto, sin huevos fecundados que dieran abejas obreras: tienen que meter cuadros nuevos con cría abierta y con huevos frescos para que las nuevas obreras se pongan a trabajar de inmediato, lo que ocurre sin problema ya que la ausencia de reina y de su feromona, hace que las abejas residentes no rechacen a las nuevas).

Pero también admiraron la organizada sociedad de estos animales (algunos cuadros presentaban a la vista un bultito de cera, que llaman “tetilla”, donde se alojaban las larvas de algunas reinas que las abejas crían y alimentan; en otros, las celdillas no contenían miel, sino abejas naciendo). Tras revisar las 15 colmenas, el resultado fue que llenaron nueve cajas con cuadros con miel en la plataforma de carga del vehículo. “Eso son 180 kilos de miel”, dice Roberto contento. Manolo es aún más optimista y él calcula una cifra que se aproxima más a los 200 kilos.

Lucía, esposa de Lorenzo:
“Cuando comenzó, Yurena y yo lloramos de verlo con la cara hinchada”

Con las colmenas otra vez tapadas (y con su medicina a base de timol –un extracto de tomillo– contra la varroa, bajo las tapas) y las abejas algo revolucionadas zumbando alrededor de los apicultores, los cuatro hombres emprenden, pues, camino con su suculenta carga hacia la mielería. Allí, en la sala de extracción procederán a cortar los opérculos a los cuadros, extraer la miel en la centrifugadora, limpiarlo todo con agua y, por fin, sentarse a la mesa a comer, haciendo los honores a la cocinera (Lucía) que ha estado la mañana –lejos de las abejas, ya que no las quiere tener cerca– preparando un muy canario guiso de baifo.

“Cuando comenzó, Yurena y yo lloramos de verlo con la cara hinchada”, relata la impresión que se llevaron ella y su hija cuando Lorenzo, recién convertido en apicultor doce años atrás, llegaba a casa acribillado por los aguijones de las abejas.

■ PASO A PASO
Relato fotográfico de una visita a las colmenas del barranco de los Vicentes
Fotos de YURI MILLARES

Haga clic en cada foto para verla a tamaño mayor

1Llegada al emplazamiento de las colmenas, en el barranco de los Vicentes (sur de Gran Canaria).
2Antes de acercarse a las colmenas, lo primero que hacen es prender el ahumador.
3Una a una, hay que mirar en qué estado se encuentran las 15 colmenas alineadas en este emplazamiento.
4Para ver el interior se procede a levantar las tapas despacio y con cuidado.
5Las herramientas están la camioneta y hay que buscar los alzacuadros para poder comprobar la cosecha de miel.
6En esta colmena de dos cajas, hay que levantar la de arriba para observar el estado de la otra.
7El humo ayuda a controlar a las abejas, pues no les gusta que las molesten y se pueden poner agresivas.
8Así se extraen con el alzacuadros los cuadros que contienen las celdillas donde las abejas guardan la miel.
9Este cuadro está repleto de miel, así que se cepilla para quitar a las abejas…
10…Y se guarda en una caja junto a otras también repletas de miel con tapa para llevarlas a extraer su contenido.
11La espátula sirve para despegar las tapas si fuera necesario, raspando la cera que hay fuera de los cuadros.
12Poniendo piedras sobre cada colmena cuentan los cuadros con miel que le han sacado para reponerlos con otros nuevos.

Anterior

Newine*, tapas como golosinas, algo de jazz y buen vino canario

Siguiente artículo

Carrera a Puerto Cabras entre el pirata y el vapor