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Cruces, descanso de los muertos, promesas de los vivos

Durante diversas exploraciones por la isla de Fuerteventura buscando y localizando las numerosas cruces que jalonan el paisaje majorero...

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Durante diversas exploraciones por la isla de Fuerteventura buscando y localizando las numerosas cruces que jalonan el paisaje majorero, Andrés Rodríguez y Yuri Millares han localizado e identificado descansaderos de cajas de muertos en los caminos o promesas al inicio de siglos en lo alto de montañas. Detrás de cada cruz hay una (o muchas) historias y leyendas. [En PELLAGOFIO nº 32 (1ª época, mayo 2007)].

Por ANDRÉS RODRÍGUEZ BERRIEL

Desde la llegada de los normandos a Fuerteventura y, con ellos, los capellanes y cronistas de la conquista –los monjes Pierre Bontier y Jean Le Verrier, autores de Le Canarien– se asienta el cristianismo en la isla. Más tarde, con el franciscano Juan de Baeza, fundador del convento de Betancuria, y san Diego de Alcalá y fray Santorcaz de la orden de los Dominicos (encargados del Santo Oficio y de la Sagrada Bula), se extiende el símbolo de la cruz representando la fe de la Iglesia defendida durante la Reconquista en la Península y, posteriormente, por las Cruzadas contra los mahometanos. Este símbolo del catolicismo se fue colocando a través del tiempo y de la historia en los lugares que entrañaban un recuerdo, una tragedia, una alegría, en fin un recordatorio a las generaciones futuras.

Este símbolo del catolicismo se fue colocando a través del tiempo y de la historia en los lugares que entrañaban un recuerdo, una tragedia, una alegría, un recordatorio a las generaciones futuras

Una costumbre perdida: quitar dos piedras sobre la cruz de un camino y sustituirla por otras dos, acumulando rezos para que el difunto salga del purgatorio.| FOTO YURI MILLARES

Parrandas y rogativas
Así, se empezó a señalizar las explanadas delante de las iglesias y ermitas, más tarde futuras plazas, con un mojón o majano coronado por la cruz de tea (pino canario que no existía en la isla, pero que se importaba). Con el tiempo se hicieron peanas –circulares o cuadradas de argamasa–, en algunos casos escalonadas y que se albeaban para las fiestas patronales. Muchas de ellas han desaparecido, con el afán de los ayuntamientos de hacer plazas o recintos cerrados, y el ansia de construir donde sea, olvidándose de esas explanadas donde propios y extraños acampaban, bailaban, lo recorrían en parrandas y hacían rogativas al santo durante los días de fiesta o romería.

Con el tiempo se hicieron peanas que se albeaban para las fiestas patronales. Muchas de ellas han desaparecido, con el afán de los ayuntamientos de hacer plazas o recintos cerrados

Otras, singulares, son las cruces del siglo, por pago de promesas y colocadas en lo alto de una montaña o sitio visible y de paso. Es el caso de la nueva cruz de Mafasca con la inscripción “Anno MCMI” [Año 1901], que anteriormente fue una cruz de descanso. También quedan todavía la del Calvario situada en Las Casitas con tres cruces, la del Calvario de Pájara, la de la Ampuyenta, la situada entre Villaverde y La Oliva y la más moderna de San Andrés en Tetir.

En el lugar de la cruz del descanso algún vecino tenía su ventorrillo, y allí brindaba la concurrencia por el ausente

En los entierros, cuando el finado era de lugares alejados del camposanto, se transportaba el cuerpo en camello envuelto en una estera o manta hasta donde se guardaba la caja comunal. El posterior traslado en caja sólo se usaba para llevar al muerto desde un lugar cercano al pueblo hasta el cementerio, retornando luego la caja a la casa mortuoria. En el lugar donde se hacía el trasvase, casi siempre en el cruce de caminos reales con vecinales y no lejos del pueblo, se solía colocar una cruz de madera sobre peana y muchas veces con altar o mesa de piedra de mampuestos o argamasa, dependiendo de los teneres de los futuros usuarios. Éstas se llamaban cruces del descanso, porque allí descansaba el finado, los deudos y la compaña, hasta la llegada de la caja –y el viático, si el difunto era de rango y el cura venía a echar la bendición–. Allí se amortajaba dentro de la caja y seguía la comitiva hasta el camposanto.

En los entierros, cuando el finado era de lugares alejados del camposanto, se transportaba el cuerpo en camello envuelto en una estera o manta hasta donde se guardaba la caja comunal

Cruces en la montaña del Calvario (230 m), en Fuerteventura.| FOTO YURI MILLARES

Brindis en la cantina
En el lugar de la cruz del descanso algún vecino tenía su cantina, boliche o ventorrillo, y allí brindaba la concurrencia o rueda de los presentes por el ausente. Fue famosa la venta de María Francisca o Ma Frasca, al lado de la cruz en los llanos entre Valles de Ortega y La Corte que más tarde se llamó llanos de Mafasca. Su cruz se usó para asar un ovejo y trajo la leyenda de la Luz de Mafasca; la nueva cruz se colocó y hoy existe en la entrada de La Corte y se transformó en cruz del siglo. Otra cantina (de la que sólo quedan las ruinas) estaba junto a la cruz del descanso en el cruce de caminos de Las Pocetas y San Francisco de Sales a Antigua.

Las que más abundan son las de personas que morían por accidente, que jalonaban los caminos primero y más tarde se han hecho visibles en las carreteras

Pero las que más abundan son las de personas que morían por accidente, que jalonaban los caminos primero y más tarde se han hecho visibles en las carreteras. Había una costumbre que se va perdiendo: quitar dos piedras de los brazos de la cruz, rezar dos padrenuestros y colocar otras dos piedras, para que otro caminante las quitara, con lo cual se iban acumulando rezos al difunto para salir del purgatorio.

Y por último, coincidiendo con la inauguración por Franco del Valle de los Caídos, se ordenó que en todas las parroquias se colocara una cruz en el exterior de las iglesias en recuerdo de los caídos. Pero el obispo Pildáin, aprovechando el Congreso Eucarístico de Barcelona, ordenó colocar tres cruces, que están en las fachadas de las iglesias de la isla, excepto en Pájara y Antigua que están hechas de obra.

■ HISTORIAS MACABRO-FESTIVAS
Los deudos brindan, los muertos ‘huyen’

Por ANDRÉS RODRÍGUEZ BERRIEL

Hay varias historias macabro-festivas a cuenta de las esperas con brindis en los ventorrillos junto a las cruces del descanso. Una de ellas ocurre en la venta de Ma Frasca. Los deudos y amigos fuchan el camello con el difunto envuelto en una manta y a un lado de la silla, pero no le traban la rodilla al camello.

Cuando las penas habían dado paso a las alegrías del alcohol, alguien que salió a aliviar la vejiga echó en falta al camello y al finado

La espera fue bastante larga, puesto que la caja común y el curato estaban ocupados, y cuando las penas habían dado paso a las alegrías del alcohol, alguien que salió a aliviar la vejiga echó en falta al camello y al finado. Toda la comitiva regresa apresuradamente al pago del muerto, donde el camello ya estaba comiendo palotes en la era de la casa con el difunto a cuestas. Después de reunirse todos, empezaron un nuevo entierro.

De La Oliva a Betancuria
Hay otra que es más antigua en el tiempo.

El difunto era de la zona de La Oliva, cuando solamente existía una ermita pero no camposanto, y los entierros había que hacerlos en Betancuria. La comitiva se había puesto en camino detrás del camello y la primera parada para reponer fuerzas, antes de la subida a la degollada, se hace en la cruz del descanso junto a una venta en el Otro Valle (Valle de Santa Inés). El camello se fucha y no se traba. Cuando ya se había barriliado bastante y la jumasa era general en la rueda de presentes, al salir para retomar la marcha el camello se había juyido y todos retornan a La Oliva para reiniciar el sepelio.

Lo buscaron desparramándose como una apañada de Tindaya a Fimapaire y de Villaverde a Lajares. Al cabo de unos cuantos días lo localizan por el vuelo de unos guirres en la costa de Taca, arrastrando lo que quedaba de la silla, con el difunto envuelto en una estera ya descompuesto

Pero el majalulo venía de una camellada de Taca, hacía poco tiempo que estaba por los pagos de La Oliva y no buscó esa querencia. Por más que lo buscaron, desparramándose como una apañada de Tindaya a Fimapaire y de Villaverde a Lajares, al cabo de unos cuantos días lo localizan por el vuelo de unos guirres en la costa de Taca, arrastrando lo que quedaba de la silla de cruz y cinchada en un brazo, con el difunto envuelto en una estera ya descompuesto y apestando a perros podridos.

Quemaron difunto, estera, albardas, silla y unas gavillas de ahulagas, porque el finado no estaba ya para un traslado a Betancuria

Tapándose la nariz, cortaron las cinchas con un cuchillo, liberando al camello. Después de hacer con dos palillos una cruz que clavaron cerca, quemaron difunto, estera, albardas, silla y unas gavillas de ahulagas, porque el finado no estaba ya para un traslado a Betancuria. Posiblemente fue éste el primer difunto incinerado de Fuerteventura ●

Ilustración del libro de Verneau ‘Cinco años de estancia en Canarias’ (1891), que representa el descanso de un comitiva en Fuerteventura con un muerto atado a la silla de un camello./ EL MUSEO CANARIO
Ilustración del libro de Verneau ‘Cinco años de estancia en Canarias’ (1891), que representa el descanso de un comitiva en Fuerteventura con un muerto atado a la silla de un camello./ EL MUSEO CANARIO

■ CRUCES EN EL PAISAJE MAJORERO
Fotografías de YURI MILLARES

CRUCES DEL SIGLO

1En los llanos de Mafasca, esta cruz del descanso también es cruz del siglo y se puso en 1901.

2 En la montaña del Calvario (230 m), la del centro se colocó el 1 de enero de 1901 a instancias de Pedro García, restaurada en 1997 por su bisnieta Ambrosia Gopar.

3 Sin inscripción pero atribuible también al comienzo del XX, en lo alto de la montaña de los Rinconcillos (345 m) y cerca de la casa de los camineros de la antigua carretera Ampuyenta-Casillas del Ángel.

4 En la Montañeta de Abajo (273 m), también llamada montaña de la Cruz, domina todo el pueblo de La Oliva.

5 La más reciente, de 2000, sobre el pueblo de Tetir en la montaña de San Andrés (454 m), fue donada por Carmen Rodríguez, bendecida por el cura Antonio Berriel y es obra del carpintero Jerónimo Guedes.

CRUCES DEL DESCANSO

6 Una de las más populares, en el cruce de caminos para Las Pocetas, Antigua, la Morisca y Los Alares, junto a las ruinas del ventorrillo donde los deudos brindaban por el finado.

7 En Las Casitas y cerca del caserío abandonado de La Florida.

8 Paso Alto, en las faldas del pico de la Fortaleza (597 m), cerca del pueblo de Tefía.

CRUCES POR MUERTOS

9En las inmediaciones hubo una cruz del descanso, ahora hay dos cruces frente a la escuela unitaria de Tejuates (una grande y otra al lado pequeñita). Aquí el barranco se llevó un invierno a un cura y un monaguillo.

FRENTE A ERMITAS E IGLESIAS

10Plaza de la ermita de San Francisco de Sales en Las Pocetas.

11Ermita de San Roque, entre los pueblos de Casillas de Morales y Valles de Ortega.

12Para los funerales, la cruz en La Matilla frente a la ermita del Socorro.

13Campanario con cruz y anclas de piedra en la ermita de la Caridad, en Tindaya.

14Plaza frente a la ermita del pueblo de Vallebrón.

15Cruz delante de la ermita de San Andrés, en Tetir.

16En el centro de la primera capital de la isla, Betancuria.

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