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Relevo generacional entre pastores, haberlo haylo

La ganadería tradicional es un sector en el que se nota el envejecimiento poblacional de quienes se dedican a ella. Es un trabajo duro que atrae poco a los jóvenes...

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La ganadería tradicional es un sector en el que se nota el envejecimiento poblacional de quienes se dedican a ella. Es un trabajo duro que atrae poco a los jóvenes, pero eso no quiere decir que no los haya, porque les gusta y porque, en estos tiempos difíciles, además les ofrece una alternativa al desempleo. [En PELLAGOFIO nº 38 (2ª época, enero 2016)].

Por YURI MILLARES

El envejecimiento de la población que se dedica a la ganadería en las islas Canarias no es un hecho aislado ni nuevo en el sector primario (un fenómeno, por otra parte, común en los países desarrollados, donde los jóvenes prefieren buscar oportunidades de trabajo en otros sectores). En Gran Canaria, la última del archipiélago en la que pervive una práctica ancestral que se remonta a los aborígenes, la mudanza estacional del ganado de costa a cumbre (nuestra particular trashumancia), se nota de modo especial.

David lleva las ovejas al corral en Caideros (Gáldar, norte de Gran Canaria), un día de persistente llovizna.| FOTO YURI MILLARES
David lleva las ovejas al corral en Caideros (Gáldar, norte de Gran Canaria), un día de persistente llovizna.| FOTO YURI MILLARES

Entre la veintena de familias con ganados trashumantes son pocos los jóvenes, pero no quiere decir que no los haya. El relevo generacional se está dando, e incluso con nuevas incorporaciones, desde que el desempleo entre los jóvenes es una grave y dramática realidad en todos los sectores que obliga a incluso a emigrar. Como ejemplo de este relevo que se está dando podemos citar a Yohana (el mejor ejemplo de familia trashumante), David (prototipo del pastor grancanario más tradicional: ovejas, cabras, vacas y agricultura) y a la pareja formada por Fran y Tania (él regresa al mundo pastoril y ella se forma y se incorpora al mundo del queso).

Yohana: “Seguimos la tradición y a nosotros nos gusta. ¡Aunque son horas apretando, porque hacemos el queso a mano y a veces se me duermen las manos!”

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“Las cencerras se las cambiamos dos veces al año”
El día a día de Fran y Tania en el cortijo de Galeote, en un escondido, pero muy bello, paraje de las medianías del norte de Gran Canaria ●

Yohana durante el ordeño del ganado en la majada. Detrás de ella se ve a su hermano Francisco José.| FOTO YURI MILLARES
Yohana durante el ordeño del ganado en la majada. Detrás de ella se ve a su hermano Francisco José.| FOTO YURI MILLARES

Yohana Mendoza Vega (28 años) creció pasando largas temporadas con los abuelos, en las fechas del calendario escolar que coincidían con sus padres de trashumancia. Y aunque después ha tenido la experiencia de trabajar en algunos de los grandes comercios instalados en la isla (Media Markt, El Corte Inglés), no ha renunciado a continuar en el oficio de sus progenitores, pese a la dureza de su jornada de trabajo. A eso se dedica ahora con la idea de ser el relevo familiar en la actividad, junto con su hermano mayor, Francisco José.

Aunque vive en Agaete, se pone en marcha cada día desde las seis de la mañana. A las 6:30 deja a su hijo pequeño en el colegio, donde dispone del servicio de acogida temprana, y conduce hasta donde sus padres estén con el ganado: el cortijo de Pavón (en el norte, municipio de Santa María Guía), en Cueva Nueva (en el oeste, municipio de La Aldea, uno de los lugares más abruptos y aislados de Gran Canaria, donde han comenzado el año 2016, pues se mudaron el día 2), o la presa de las Niñas (en el centro, municipio de Tejeda, demasiado lejos en este caso para ir cada día, por lo que se queda ahí los meses de la primavera).

“A las siete y media o las ocho se recoge el ganado –unas 400 ovejas, de las que dan leche más de 300– y lo encerramos en el corral. Empezamos a ordeñar a mano: unas tres personas y tardamos unas cuatro horas, yo también ordeño entre 15 y 20 ovejas –ríe–. Llevo la leche a la quesería, empezamos a cuajar la leche para ponernos a hacer el queso mi madre y yo; cuando terminan de ordeñar, también nos ayudan mi hermano y mi padre. Y así terminamos sobre la una y media”. A ella le toca después preparar la camioneta y repartir durante la tarde los quesos que venden en tiendas, bares y supermercados en la mitad norte de la isla.

“Seguimos la tradición y a nosotros nos gusta –asegura–. A mí me gusta todo: levantarme temprano para ir al campo por la mañana, aunque haga frío. Es una cosa diferente, porque yo he trabajado en distintos ámbitos y esto me gusta más. El aire fresco. ¡Aunque son horas apretando, porque hacemos el queso a mano y a veces se me duermen las manos!”. También lleva el papeleo para los quesos, adscritos a la Denominación de Origen Queso de Flor de Guía y Queso de Guía, “además de la Q de la calidad de la leche. Son un montón de cosas. Y como guardamos queso viejo en una cueva, hay que virarlo, limpiarlo y darle aceite”.

Trashumancia
La trashumancia también la vive con el resto de la familia. Cada dos o tres meses hay que mudar las ovejas de sitio, en busca de pastos. Eso supone preparar todo lo necesario para la casa y para el trabajo: “Mantas, sábanas, la ropa nuestra, las botas, la ropa de agua por si llueve, calderos, lecheras, las queseras… Son muchos atarecos. El coche de mi padre va lleno, que es una camioneta”. Su destino favorito es el de La Aldea, y aunque son ocho horas de duro camino (que no siempre hace a pie, pues debe adelantarse con el coche para ayudar a preparar las cuevas donde vivirán sus padres los meses de invierno), “son unas cuevas cariñosas, calentitas cuando hace frío, frescas cuando hace calor”. Hasta allí han tenido que llegar los Reyes Magos con sus regalos este 6 de enero. “A donde vamos nosotros tienen que ir ellos con todos los paquetes a cuestas”, ríe de nuevo.

“Antes mis padres solían ir a Tejeda en esta época, cuando nosotros éramos pequeños. Pero aquello era frío y las ovejas daban menos leche porque en invierno caen heladas, a veces nieva, así que vamos a la costa, que hay mejor calidad de la hierba y las ovejas pasan menos frío. El trabajo es como un embarazo, nueves meses a piñón, porque no hay festivos, ni fines de semana, ni nada”, lo que no significa que no tenga sus vacaciones: “Tenemos tres meses, julio, agosto y septiembre, en que las ovejas están secas. De todas maneras hay que cuidar el ganado, pero nos turnamos para que mi padre también pueda coger vacaciones” ●

David Moreno Gil (26 años) vive en Caideros (Gáldar) con sus padres, donde la familia tiene la casa, los corrales y la quesería. También tienen cerca las tierras donde cultivan parte de la comida que le dan a los animales. Su jornada de trabajo es igualmente intensa. “Con esto está uno todo el día pegado. Aquí nunca hay descanso, cuando el ganado está seco nos dedicamos a la agricultura, siempre hay cosas que hacer”.

Explica que se levanta “a las cinco de la mañana todos los días, le echo comida a mis cabras, les raspo el corral, las ordeño y cuando aclara el día les cojo de comer (millo, cañas, forraje). Desde que aclara el día soltamos a las ovejas, que duermen encerradas en la majada en el campo, y según las soltamos le movemos la majada para que duerman por la noche en otro cuadrado [así, cada noche y cuadrado a cuadrado formado por la majada, van abonando de modo natural las tierras de cultivo]. También tengo vacas, así que les doy de comer y las atiendo. A las once y media echamos el ganado de ovejas al corral para el ordeño, que venimos terminando a las dos y media o las tres de la tarde. Almorzamos y vuelvo para arriba a echarle de comer otro granillo a las cabras, raspo el corral de las ovejas donde las ordeñamos, lo limpio, y después suelto el ganado por la tarde para que vaya a comer y voy con ellas caminando, hasta el oscurecer”.

La agricultura la tienen organizada en función de lo que necesitan para a alimentar a los animales. Plantan lo que llama “millo con millo”, es decir, millo del país y millo cubano, “y sembramos legumes –legumbres, en el habla canaria–, trigo, centeno y avena, todo mezclado. Todo eso lo segamos, uno se lo echamos verde y otro se lo guardamos y echamos como paja. Ahora mismo, por ejemplo, se la estamos echando verde y cuando llegue el mes de mayo, hacemos la trilla, apartamos la paja, recogemos el grano y la paja la dejamos almacenada para el invierno”.

Aquí hacen el queso con la mezcla de las tres leches. “El queso lo hace mi madre –precisa–. ¡Que no es poco lo que hago yo todo el día!”. Y en verano, cuando las ovejas están secas, toca hacer la trashumancia para que el ganado pase el verano en tierras de la cumbre ●

Francisco González Ramos y Tania Rivero Santana (30 y 27 años, respectivamente) todavía no hace dos años que se han venido a vivir al cortijo de Galeote (Gáldar). “Mi padre ya se quería jubilar y yo no tenía trabajo”, explica Fran, que conocía el trabajo en la ganadería, pero lo dejó para trabajar en una empresa de electricidad. Cuando llegó la crisis y lo pararon, se dedicó a conducir un taxi en el sur, pero le duró poco tiempo. Fue Tania (que procede de Telde y había empezado a conocer el mundo del queso con su suegra y después ha hecho varios cursos) la que lo animó.

“¡Se lo propuse yo!”, confiesa ella riendo y a él le gustó la idea. “Yo soy hijo de pastor de toda la vida [Lalo, de Los Llanos], así que me quedé con el ganado para seguir la tradición”, dice, afirmando que si han dado este paso es para quedarse, mientras Tania lo corrobora. Con un rebaño donde la mitad del ganado era de su padre y la otra mitad de la propiedad del cortijo (aquí había hace unos años otro pastor), han puesto en marcha una quesería en la finca, en una parte de la casa cueva donde ahora viven.

Cuentan con la ayuda de sus respectivos padres (Lalo y Jaime), además de un hermano de él (Emilio), ahora que están empezando, aunque su idea es contratar a tres o cuatro personas en un futuro que esperan próximo. Porque además de haberse convertido en ganaderos tradicionales (pastoreo, ordeño, elaboración de queso artesano y agricultura, y próximamente, trashumancia al barranco de Anzo), quieren hacer cosas nuevas, como emprender la quesería visitable y elaborar nuevos productos como yogur natural, crema de queso y mantequilla. [Continúa en “Las cencerras se las cambiamos dos veces al año”] ●

Fran saca a las ovejas a pastar tras el ordeño en el cortijo de Galeote. Detrás, su hermano Emilio le acompaña.| FOTO Y. MILLARES
Fran saca a las ovejas a pastar tras el ordeño en el cortijo de Galeote. Detrás, su hermano Emilio le acompaña.| FOTO Y. MILLARES

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