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Los últimos ratoneros ingleses en Gran Canaria

Aunque es conocido como ‘Juanito el del Pozo’, en realidad Juan Pérez Marrero es uno de los criadores de perros presa canario...

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Aunque es conocido como ‘Juanito el del Pozo’, en realidad Juan Pérez Marrero es uno de los criadores de perros presa canario y lobo herreño más conocido en Canarias, bajo el nombre Casa Pancho. También llegó a criar ratoneros ingleses. [En PELLAGOFIO nº 52 (2ª época, abril 2017)].

Por YURI MILLARES

“Hubo un tiempo en el que se veía mucho perro de ese, los pastores tenían ratoneros en los alpendres. Para los ratones, que vienen al pienso y al millo de la comida de los animales”, explica Juan Pérez Marrero remontándose muchos años atrás, pues ya tiene 90 y está hablando de su padre, Manuel Pérez Torres, pastor de una quincena de vacas de la tierra que ordeñaba cada día en Trasmontaña (Arucas).

A sus 90 años Juan Pérez todavía hace collares para el perro presa canario. El que muestra es de 1938, hecho por su padre.| FOTO YURI MILLARES.
El propio Juan nació en aquel alpendre un día de 1927, cuando su madre fue a llevarle el desayuno al marido, “sintió un dolor y allí nací yo”, resume. “Mi padre tenía en el alpendre macho y hembra ratoneros. Después los amigos que tenían otros alpendres y otras vacas, querían tener y siempre venían por mi casa para que mi padre le diera de los de él. Porque el ratonero tiene que ser ratonero inglés, no puede ser bodeguero”, relata.

Juan Pérez Marrero:
“El verdadero ratonero inglés es blanco y negro con las orejas y el rabo tiesos. Ratón que sientan ellos, lo sacan”

Bodeguero versus ratonero
El perro de la raza bodeguero andaluz “es muy parecido al ratonero inglés”, pero no es tan “fino”, insiste. “El bodeguero es más largo pero más menudo y más sato*, las orejas las tiene en flor (tumba la oreja un poco) y el rabo largo y se lo cortan. El ratonero inglés tiene las orejas derechas y nace con el rabo chico”, detalla. “Ah, y el ratonero inglés negro es bonito, pero no es el inglés fino; el verdadero es blanco y negro que vaya con las orejas y el rabo tiesos. Ratón que sientan ellos, lo sacan”.

“A mí una vez vino a verme un amigo que sabe que yo tenía de estos animales –inicia uno de sus muchos cuentos con anécdotas– y me dice: ‘Juan, tengo un perro ratonero inglés que me trajeron, precioso’. Fui a verlo y tenía la estampa, porque el inglés no puede tener el pescuezo largo y camina con la cabeza levantada, y las rodillas no puede echarlas fuera porque eso viene del bulldog. Pero no era: le cojo el rabo y se lo habían cortado”.

Juan Pérez (en torno a 1990), con uno de los muchos perros que ha criado: ‘Loquillo’, un Stafford americano.| FOTO CASA PANCHO
La pareja de ratoneros que su padre solía tener en el alpendre “los tenía desde el padre de él”, asegura, señalando en su memoria al abuelo Juan Pérez González, muy aficionado a la caza con podencos canarios que también criaba. Afición que se ha mantenido las tres generaciones y en la que el ratonero jugaba también un importante papel. “A los cazadores les gustaba mucho el perro ratonero, porque se mete en los bardos*. El perro cazador grande no entra ahí. Antes había menos escopetas, para coger los conejos lo que había era el palo para jurgar y los perros; y la red, que se la poníamos en la puerta de la pared para cuando llegara el conejo se enredara”.

Juan Pérez Marrero:
“A los cazadores les gustaba mucho el perro ratonero, porque se mete en los bardos”

Mecánico en el pozo
Y llegamos al momento de esta historia en la que explica por qué lo llaman Juanito el del Pozo. Mecánico de profesión, “todos los pozos por ahí los he andado yo”. En especial el conocido como pozo del Cementerio, por estar situado al lado del camposanto de Arucas, que tenía un taller donde arreglaba los motores de tractores y del propio pozo, que eran de José Ponce Blanco. “¡Allí tuve una pareja de ratoneros que yo no sé cuántas crías dio!”, dice, y al hilo de la conversación añade “te voy a hacer un cuento: los ratones del barranco, que se crían en la maleza y en las cañas, se venían para arriba al olor de la comida de las cabras y de los perros que tenía allí. Una noche veo un ratón grande que sube por la valla, trepa al muro y ya no lo vi más. Al día siguiente amaneció el ratón en el suelo. El ratonero no se lo come, lo mata y pega a jugar con él. Lo sintieron y desde que salió el ratón, ¡tras!”.

Allí tuvo sus últimos ratoneros ingleses, dos hembras cuyo nombre no recuerda. Su hija Carmen tampoco porque, “aunque se criaron en casa, después se llevaron al pozo. Como yo no podía tener perros de presa, que eran muy grandes para mí cuando era niña, ni podencos, que eran escandalosos, lo que tenía siempre era un ratonero. Yo me crié en el garaje de casa jugando con ratoneros, y acababa siempre subida en una silla, porque como terminaba haciéndolos rabiar y eran peleones y mordedores, tenía que huir de ellos”.

Carmen Pérez Ramírez:
“Yo me crié jugando con ratoneros, y los hacía rabiar y eran peleones y mordedores, tenía que huir de ellos”

Esas dos perras fueron las últimas ratoneras de cuya existencia se conoce en la isla, a finales de los años 80. “Es que después dejé el trabajo aquel y me marché de allí. Y el perro ratonero no se puede tener con un perro grande, porque si hay una perra descompuesta* va a olerla y el grande como manda, lo trinca y lo avasalla”, explica Juan.

Y desapareció
“Son perritos que quedaron como animales de compañía –añade Carmen–, después vinieron el bodeguero y el chihuahua, que se pusieron de moda, y la gente empezó a mezclar, hasta que el ratonero fino que se conocía desapareció”.

Esas dos últimas que tuvieron en el pozo, “le ponían a mi padre las capturas que hacían en la puerta, para cuando entrase viera que cazaban. Y a veces eran ratas casi mayores que ellas. Veíamos a las perras con mordiscos en los cachetes, de las ratas. Cazaban las dos juntas. Cuando entraron al pozo, había un perro de presa para guardar y ellas dos, que en cuanto sentían algo avisaban al grande, que iba delante y ellas a los lados. Pero eran ellas las que cazaban, rata que caía al suelo no volvía a subir a la viga”.

■ HABLAR CANARIO
Afrecho, rollón y suero de leche para ‘Parri’ y ‘Piluso’

Juan Pérez Marrero:
“Los perros nunca cagaban duro, siempre ralo, del suero”
Aunque no puede recordar los nombres de tantos perros como ha tenido, Juan Pérez cita algunos. “Todos ellos tenían nombre, uno Piluso, otro Capitán, otro Miseria y así”. Y cada nombre tenía su pequeña historia que lo explicaba. “Ahora mismo tengo uno que se llama Ratón, porque nació y era el más chiquitito de ellos, parecía un ratón. A otro le puse Parri, porque en Tenerife había un luchador que se llamaba Parri y aquí en Las Palmas había uno que se llamaba Loreto. La noche que lucharon le dije a mi hija (la perra estaba pariendo): el que nazca macho, si gana Parri el desafío le pongo Parri, y si gana Loreto le pongo Loreto. Y Parri se quedó”.

Perros que alimentaba con afrecho y rollón, “el gofio y el pan eran para uno. Y suero: mi madre hacía queso y el suero no lo tiraba, se lo dejaba a mi padre para echárselo a los perros. Le echaba el suero con un poco de gofio y el perro se lo comía. Los perros nunca cagaban duro, siempre ralo, del suero. Mi padre cogía el afrecho de las vacas, le hacía un amasijo al perro, se lo echaba allí y se lo comían”.

VOCABULARIO
bardo. “Conjunto espeso de tuneras o chumberas y matorral de zarzas” (Pancho Guerra, Obras Completas, t. III, “Léxico de Gran Canaria”).

descompuesta. “La hembra de ciertos animales cuando está en celo” (G. Ortega, Léxico y fraseología de Gran Canaria).

sato. Con “las patas menúas”, lo describe Juan Pérez Marrero. Perro “de patas cortas”, cita el Tesoro lexicográfico del español de Canarias

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